Coaching Profesional 


Tierra de por medio

Estaba decidido: me iba un tiempo fuera. No aguantaba más la situación. Todo a mi alrededor parecía haber evolucionado menos yo, y necesitaba dar ese paso. No tenía claro dónde ir, ni siquiera qué iba a hacer, pero en aquella ciudad ya no aguantaba más.

Recoger mis cosas me supuso varios días. No podía llevármelo todo, y en realidad tampoco lo necesitaba. Antes de irme, di un último paseo por el bosque que bordeaba mi urbanización.  No quise despedirme de nadie, fui a la estación en taxi  y embarqué, billete en mano, a aquel tren que me llevaría a mi nuevo destino.

Tenía una reserva de tres días de hostal, así que disponía de ese plazo para encontrar un piso. La única condición: que estuviera limpio. También tendría que buscarme un trabajo, poner un poco de orden en mi vida, quizá empezar un diario, o al menos hacer una lista de todas las cosas que no se me podían olvidar. Por ahora, me quedaban seis largas horas en aquel cómodo tren, viendo pasar árboles, lagos y montañas, para pensar dónde quería llegar, y el mejor camino para alcanzar mi objetivo.

El tren seguía avanzando, los paisajes eran cada vez más áridos y el sol parecía alejarse, o quizá me alejaba yo. De pronto, me inundó el miedo y la duda, y empecé a preguntarme si de verdad era aquello lo que quería: alejarme de todo lo que conocía, aventurarme en algo sin saber qué me esperaba. Intenté buscar algo dentro de mí que me calmase, algo que me dijera que todo estaba bien, pero no encontré nada.

Continuará…

 

Imagen| Tren

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