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¿Tiene la gente rica una vida mejor?

El dinero no compra la felicidad, ni siquiera es capaz de asegurar siempre el bienestar (piénsese en una enfermedad grave o en la falta de amistad sincera), pero, no cabe duda de que acaba con muchas molestias y preocupaciones y ofrece en bandeja la posibilidad de llevar una vida más placentera.

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Los humanos tenemos que comer dos o tres veces al día, necesitamos un lugar cubierto y caliente –o al menos templado- para dormir, lavar el cuerpo a diario y, mira tú, pagar los gastos de un teléfono móvil que nos comunique con el mundo. Todas esas cosas básicas (comida, casa, agua…) y muchas otras se consiguen fácilmente con dinero: aunque solo sea por ese maravilloso ‘don’, el que vive holgadamente ya parte con enorme ventaja frente al que, mes a mes, brega para no perderlas.

car-160343_640Sin embargo, aquí los humanos nos encontramos ante a una cruel paradoja y es que las cosas nos satisfacen -o nos hacen momentáneamente felices- siempre y cuando vuelvan a perderse pronto y haya que volver a conquistarlas. Es decir, el que siempre disfrutó de montañas de dinero y creció en una mansión rodeado de sirvientes, seguramente termine por encontrar muy poco placer en todo ello; puede hasta que ninguno y acabe deprimido. Una persona rica, hastiada de todo, quizá le vendría bien arruinarse de la noche a la mañana, así, con suerte, las preocupaciones y luchas diarias de todo plebeyo le darían un nuevo sentido a todo.

car-160343_640Si tuviera que destacar algún aspecto maravilloso del dinero, por encima de costear una atención médica óptima (los mejores hospitales, acceso a tratamientos caros, especialistas extranjeros, centros…), diría la posibilidad que ofrece de viajar por el mundo, conocer gente –muy distinta o parecida- y admirar paisajes inimaginables. Probablemente sea una cuestión de carácter, pero se me ocurren pocas cosas más excitantes y placenteras que ir de un lado a otro, libremente, sin grandes preocupaciones, subiendo a trenes, barcos, aviones y canoas.

Ya sé, ya sé… hasta de viajar se cansa uno pronto. Sobre todo cuando hay huelga de Iberia.

Pero, ¡maldita sea!  ¿Estamos en verano, no?

 ¿Y tú? ¿Qué opinas?

por Miguel Olalquiaga

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