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“The Learning Revolution Project”: cambiar la educación es cosa de todos

“The Learning Revolution Project”: cambiar la educación es cosa de todos

“The Learning Revolution Project”: cambiar la educación es cosa de todos

Andrés Livov-Macklin (Argentina, 1978) cree firmemente en la necesidad de cambiar el sistema educativo. Pero no el español, el argentino o el americano. Andrés habla de un cambio global, de una revolución educativa que, como buen argentino, está convencido de que “se viene”. En sus declaraciones desde Canadá para Qué Aprendemos Hoy se mezclan constantemente la educación, la sociología, la filosofía y la psicología congnitiva, pero en ningún momento se arranca con un discurso político. “La izquierda y la derecha se están peleando”, dice, “pero no se dan cuenta de que no tienen que escucharse a ellos mismos, sino que hay que escuchar a los niños”.

Sus palabras dejan entrever que las historias son la gran pasión de este cineasta argentino. A través de ellas, arranca The Learning Revolution Project, un documental al que se le suma una plataforma web, y que tiene como objetivo plasmar este cambio en la educación. La filosofía es trascender a la pantalla e ir directos a la conciencia del espectador.

Andrés sabe que para que este proyecto salga adelante necesita la ayuda de todos. Para ello se basa en el crowdfunding, donde cualquier particular puede aportar su granito de arena para apoyar el proyecto, y en el crowdsourcing, en el que son los usuarios de la web los que aportan las historias e ideas que finalmente aparecerán en el documental.  Desde 5 dólares, cualquier persona puede ayudar a Andrés y a su equipo a realizar este documental, que busca remover la mente del espectador a través de una pregunta: “¿Cómo sería tu escuela ideal?”

 

Pregunta: ¿Cómo definirías “The Learning Revolution Project”?

 

Respuesta: Principalmente es dos cosas: una película y un sitio web.  El sitio web cumple la función de centro neurálgico, de comunidad donde la gente propone ideas, cuenta historias, nos dice cómo les gustaría que fuera el futuro de su propia educación, nos comenta cómo están cambiando sus comunidades educativas, etc. Y de ahí, nosotros investigamos y seleccionamos las historias que van a pasar a ser parte de la película.

 

P: ¿Hay algún país en concreto donde se centre este proyecto?

 

R: Se trata de un proyecto global, que no está basado en ningún país. Queremos contar las historias más esperanzadoras o que más nos inspiren alrededor de todo el mundo. Buscamos ideólogos, pensadores, educadores que estén haciendo cosas distintas en cualquier parte, y  la idea es que esas ideas inspiren.

 

P: Cuál es el cambio que “The Revolution Project” propone?

 

R: Esto me lleva cerca de media hora explicarlo cuando hago las presentaciones del proyecto, pero intentaré ser lo más breve posible.

La hipótesis de la que partimos es que el sistema educativo actual (que es universal, en todo el mundo es el mismo) nació en Prusia hace más de 150 años. Se trata de la época en la que Prusia era una monarquía absolutista y el sistema era absolutamente estricto, por lo que enseñaba a los niños obediencia a los reyes y a las clases dominantes. Más adelante, Napoleón invadió Prusia y se llevó de vuelta a Francia este sistema educativo. Después, lo copiaron Inglaterra y también Estados Unidos.

Se trata de una época muy particular, en los comienzos de la Revolución Industrial, donde las ciudades comienzan a crecer y necesitan mano de obra, que se trae del campo. Como consecuencia, las ciudades se empiezan a llenar de campesinos, gente iletrada e insalubre para los estándares de las ciudades. Empiezan a aparecer al lado de los ríos lo que en Argentina llamamos “Villas Miserias”. Así, se decide diseñar un sistema donde se le va a enseñar a los niños a obedecer, a los hijos de esos campesinos que llegan a la ciudad. Se les enseñan temas básicos para la época de la Ilustración: matemáticas, letras y ciencias, algo que ahora se mantiene como herencia de esa época.

 

P: ¿Y cómo se traduce todo eso en la actualidad?

 

R: Han pasado 150 años o más de eso y el mundo ha cambiado considerablemente. Entre otras cosas, uno de los cambios más importantes, que a su vez ha generado otros cambios, es la aparición de Internet. Con la llegada de Internet, en la comunidad científica se empieza a descubrir cómo en los cerebros de los niños nacidos post-Internet las neuronas se conectan de forma diferente que en los niños nacidos antes de Internet. Para los que nacieron antes de Internet, el cerebro está adaptado a la radiodifusión, a los canales unidireccionales para la transmisión de un mensaje, algo que se aplica la propia escuela con un modelo basado en un único canal: de profesor a alumno. Internet cambió eso, y ahora la información se transmite de forma multidireccional. Los niños que nacieron después de la llegada de Internet toman como referencia este sistema.

Por eso, uno hoy no puede pretender que un niño se quede sentado durante varias horas al día en la escuela y que absorba todo lo que pidamos, porque su cerebro no está preparado para eso. No es sorprendente, por ejemplo, que desde el advenimiento de Internet los casos de TDAH (Trastorno por Déficir de Atención con Hiperactividad) hayan subido de manera sideral.

 

P: ¿Y es Internet la solución a este problema?

 

R: Mira, te cuento el caso de la conocida Khan Academy. Salman Khan es un profesor estadounidense  que ha creado una academia de enseñanza gratuita a través de Internet. Sube videos a Youtube intentando ayudar a los niños con temsa que aprenden en la clase. Ahora se está haciendo muy conocido, tanto, que Bill Gates le está dando dinero. La gente está muy ilusionada con esto, pero no tanto los niños. La cuestión es que aquí, pese a utilizar Internet, sigue el viejo modelo de información unidireccional.

La cuestión es que un chico no va a aprender si no está entusiasmado. Por más tecnología que use, si un chico no está entusiasmado no va a aprender de verdad.

 

P: ¿Y cómo se consigue entusiasmar a un niño?

 

R: Hay muchas teorías, pero la que creo que es más coherente es la que afirma que el niño se entusiasma solo, por algo que a él le interese. El sistema anterior es un sistema industrial, por así decirlo, de producción en serie. Como si yo te diera un pantalón que sirviera para todas las tallas (“one size fit alls”, es la expresión inglesa). Y lo que funciona mejor en este momento, lo que habría que pensar, es que cada niño es distinto y cada comunidad tiene sus propias necesidades educativas.

 

P: ¿En qué fase se encuentra ahora mismo la película?

 

R: Estamos en fase de preproducción, de investigación y desarrollo. Nuestra idea es algo que no se ha hecho mucho en el terreno del documental, porque planteamos crowdsourcing, un modelo en el que los usuarios nos proponen sus historias. No podíamos ir buscando por todo el mundo, así que haciendo uso de este nuevo modelo buscamos que la gente nos proponga las historias que quiere contar. De ahí, las incorporaremos al documental.

 

P: ¿Puedes adelantarnos alguna de estas historias?

 

R: El año pasado conocí a un israelí llamado Yaacob Hecht. Fui a una clase magistral suya y me voló la cabeza en mil pedazos. Es un pionero de la educación democrática, una extensión de la escuela libre, donde el niño tiene la absoluta libertad para escoger lo que quiere o no quiere aprender, y donde el maestro actúa únicamente como guía. En la educación democrática se va un paso más allá: si hay que modificar alguna cosa se elige de forma democrática entre profesores, personal y alumnos, asignando un voto a cada uno. Hasta ese momento no existía una verdadera escuela con el nombre de democrática, y enseguida tuvo mucho éxito en su ciudad: se anotaron 300 alumnos. Entonces Hecht promovió la apertura de más escuelas demócraticas por todo Israel, y actualmente hay 10 o 12 escuelas democráticas de gran envergadura en el país.

Hecht nunca terminó la escuela primaria. Al poco tiempo de hacer estos proyectos, se le propuso como consejero de educación, y llegó a ser el consejero de 3 ministros distintos. Sin embargo, se dio cuenta de que ninguno cambiaría el sistema porque hacían lo que querían los políticos, cumplían con las exigencias de un partido. Fue entonces cuando concluyó que eran los alcaldes quienes tenían el verdadero poder para cambiar la educación. Buscó un alcalde “loco”, que creyese en su proyecto, y juntos idearon lo que hoy se conoce como una “ciudad educativa”, donde las barreras que dividen a las escuelas del mundo se destruyen, y la escuela pasa a ser el mundo, siguiendo los postulados de la escuela libre. Esto se traduce en que si un niño quiere aprender carpintería, no hace falta crear un taller en la escuela, en la ciudad hay ya carpinterías.  Hoy existen alrededor de diez ciudades educativas en Israel y una en Puerto Rico, ése es el gran cambio.

 

P: Con respecto a la financiación, ¿cuál es la meta económica que se han planteado a través del crowdfunding?

 

R: Una película de esta envergadura puede costar como mínimo 400.000 $, entre otras cosas sólo por viajes. Pero esta cantidad es muy alta para crowdfunding, así que decidimos dividirlo en etapas. La primera es de 50.000 dólares, eso cubrirá los costes básicos de la investigación y el desarrollo. El objetivo de esta etapa es encontrar las mejores historias para contar en la película, para poder seleccionarlas y comenzar la segunda etapa con la estructura de la película ya definida. No importa lo que uno aporte. Solo con 5 dólares uno puede hacerse miembro del proyecto y empezar a interactuar.

 

P: El parlamento español se encuentra en trámites de aprobar una nueva ley educativa, la séptima desde que estamos en democracia. ¿Será una solución al problema de la educación en España?

 

R: Cada país del mundo en este momento está reformando la educación de forma similar. El gran problema es que no están escuchando a la gente. Es un gran problema, porque en algún momento va a estallar, porque va en contra de la voluntad de los electores, de la historia, del desarrollo humano y genético de en este momento. Como todas las sociedades que restringen las libertades, en algún momento estallan, en algún momento se vuelve al balance natural. El niño quiere aprender y lo que hacemos es justo lo contrario, sacarle la voluntad de aprender convirtiéndole en un autómata que lo único que hace es aprender. No nos enseñan a ser creativos ni a tener ideas, nos enseñan a ser consumidores de las ideas de otros. Promuevan la educación privada o pública, ninguno de los actores de estos movimientos están pensando en el desarrollo humano.

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