Historia 


Texas en disputa: De Estado mexicano a estadounidense

Alcanzada la Independencia, las nuevas naciones latinoamericanas procuraron establecer un orden estatal que permitiera superar las condiciones que habían existido durante la dominación colonial. No obstante, no fue tarea fácil. Múltiples guerras civiles y golpes de Estado se cruzaron en todo el continente, defendiendo distintas posturas, ideologías e intereses que se cristalizaron en incipientes facciones que se iban definiendo cada vez más. Pero en el norte, los Estados Unidos habían vivido experiencias bien distintas. Aunque conocían el significado de un enfrentamiento bélico por su Independencia, no padecieron en sus primeros años de vida independiente tantas idas y venidas como las naciones latinoamericanas, pues de hecho, los Estados Unidos fueron durante gran parte del siglo XIX un referente constitucional y republicano para los otros pueblos de América; además, la distancia temporal existente entre la Independencia de las Trece Colonias y la Independencia de Hispanoamérica le permitió a las primeras consolidar instituciones más serias para cuando el resto del continente apenas se estaba independizando.

Así pues, en el siglo XIX los Estados Unidos comenzaron a reformular su posición geopolítica en el continente. La necesidad de un comercio más activo y para ello, de un mercado más amplio y de una mayor necesidad de tierras se convirtió en un objetivo clave de la política estadounidense. Sin embargo, estos intereses entrarían en conflicto con los de sus naciones vecinas. La cuestión por el territorio de Texas sería solo el comienzo de una sucesiva perdida de territorios para México y a la inversa, de una ganancia increíble de tierras para los Estados Unidos, conflicto que se materializaría en la Intervención Estadounidense en México (1846 – 1848).

Territorio adquirido mediante la compra de la Luisiana.

Territorio adquirido mediante la compra de la Luisiana.

Pero la historia de la cuestión texana comienza mucho antes de la Independencia de México. Desde comienzos del siglo XIX, el interés expansionista de Estados Unidos comenzaba a ser evidente. La compra de la Luisiana a Francia en 1803 le daba a las antiguas Trece Colonias un territorio cuya extensión aproximada se acercaba a los dos millones de kilómetros, más la estratégica ciudad-puerto de Nueva Orleans, ubicada en el río Misisipi.  La adquisición de Luisiana trajo una “bonificación”: El ahora territorio estadounidense rodeaba completamente a las Floridas españolas, era sólo cuestión de tiempo para que estas también pasarán a manos estadounidenses. Hacia 1813 la administración estadounidense estaba más fuertemente consolidada en la Florida Occidental que la española (debilitada por la invasión napoleónica de la península). La cesión oficial se llevó a cabo con el Tratado de Adams- Onís ratificado en 1821, Estados Unidos renunciaba a sus pretensiones sobre Texas (que consideraba parte de la Luisiana y por lo tanto reclamaba), territorio que era reconocido oficialmente como parte del Virreinato de Nueva España y a cambio, la España de Fernando VII entregaba a Estados Unidos las Floridas.

Territorio de Texas, entre la frontera de la Luisiana estadounidense y México.

Territorio de Texas, entre la frontera de la Luisiana estadounidense y México.

Mientras tanto, al sur, Nueva España establecía un gobierno independiente, primero con una fórmula imperial bajo Agustín de Iturbide y luego, como la mayoría de América Latina, con una experiencia republicana. De esta forma, los antiguos territorios de Nueva España y con ella Texas, pasaban en 1823 a conformar la Primera República Federal Mexicana. No obstante, como se anotó anteriormente, las primeras décadas de vida independiente no fueron nada fáciles para ningún Estado recién creado. En México como en otras partes del continente, los golpes de Estado y la bancarrota fueron eventos comunes, agravados en parte por la desigual distribución de la población, aspecto que se evidenciaba en el gran contraste entre los grandes centros urbanos ubicados más al sur, en el Valle de México, y las enormes extensiones de tierra casi despobladas en el norte. Desde el comienzo, el Gobierno de México se preocupó por ocupar los territorios del norte a través de las Leyes de Colonización, que a nivel general otorgaban enormes facilidades a los extranjeros para asentarse en dichas tierras, como la exención de pagar impuestos durante cuatro años.

La rendición de Santa Anna frente al ejército independentista texano.

La rendición de Santa Anna frente al ejército independentista texano.

De esta manera, más de doscientas familias provenientes de los estados sureños de los Estados Unidos, atraídas por las disposiciones del gobierno mexicano, se asentaron en los territorios de Texas – Coahuila. Sin embargo, pronto surgieron problemas con los colonos: Se negaban a someterse a ciertas leyes mexicanas, en especial, la prohibición de la esclavitud, pues los colonos texanos intentaban reproducir las grandes estancias y haciendas esclavistas del sur de Estados Unidos. Las diversas problemáticas que empezaron a surgir con Texas llevaron a que México tomara ciertas medidas, lo que se tradujo en un régimen especial del territorio dentro de los Estados Unidos Mexicanos. Pero la situación cambiaría radicalmente hacia 1835, año en que se derogó la constitución de la República, que sería reemplazada al año siguiente por las Siete Leyes o las Leyes Constitucionales de la República Mexicana, que establecían una configuración centralista del país. Texas se rebeló. A ella se unieron territorios como Zacatecas, Yucatán, Tabasco y la zona del Río Grande. Antonio López de Santa Anna intentó aplacar la situación por vía militar, Zacatecas se rindió pero en Texas fracasó, pues fue hecho prisionero por los texanos. El 2 de marzo de 1836 Texas había declarado formalmente su independencia, el 14 de mayo del mismo año fue “reconocida” en virtud del Tratado de Puerto Velasco, firmado por un Santa Anna aún prisionero. De esta manera nacía la República de Texas.

Pero la nueva república no tendría mucho de vida independiente. A finales de 1845 Texas fue admitido como Estado dentro de los Estados Unidos, quienes para garantizar su dominio en la nueva región enviaron tropas que ocuparon la zona comprendida entre el río Nueces y el río Grande. México, herido por la cuestión texana y por los recientes intentos de Estados Unidos de adquirir diplomáticamente otros de sus territorios (Nuevo México y las Californias), consideró un agravio la ocupación militar estadounidense de dicha zona, que aún pertenecía a México. De esta manera comenzaba la Intervención Estadounidense en México o la Guerra de Intervención, que al finalizar en 1848, dejaría a México sin el 55% de su territorio y a Estados Unidos perfilándose cada vez más como la potencia que llegaría a ser en el siglo XX.

Vía | Bethell, Leslie. Historia de América Latina. Barcelona: Editorial Crítica, 1991.

Imágenes| Compra de la Luisiana; Territorio de Texas; Rendición de Santa Anna

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