Historia 


Teutoburgo: ¡Varo, devuélveme mis legiones!

Todos recordamos a las legiones romanas como el invencible brazo armado tanto de la República Senatorial Romana como del Imperio Romano, ejércitos triunfadores en cientos de batallas y conquistadores de un sinfín de pueblos y tribus, destructores de Cartago y esclavizadores de bárbaros y celtas de los confines del mundo; sin embargo, no todo fueron éxitos, y al igual que sus éxitos, sus fracasos fueron notoriamente sonados tanto en su época como en la actualidad.

Uno de estos famosos desastres militares fue resumido, poniendo el grito en el cielo, por Cayo Julio César Augusto (también conocido como Octavio u Octaviano), primer emperador romano y sobrino-nieto de Julio César, con la célebre cita: “¡Varo, devuélveme mis legiones!”. El historiador romano Suetonio cuenta que el emperador solía evocar esta demanda a Varo a menudo, golpeándose la cabeza contra una puerta, debido al profundo pesar e influencia que sobre él había ocasionado la derrota. Naturalmente, me refiero a la batalla del bosque de Teutoburgo.

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Digitalización del ejército romano cruzando Teutoburgo

La batalla del bosque de Teutoburgo, de la selva de Teutoburger Wald, del bosque teutónico o como se conoció en la época: el desastre de Varo, fue un enfrentamiento en la montañosa zona alemana de Osnabrück, en Baja Sajonia, donde las legiones romanas comandadas por Publio Quintilio Varo fueron literalmente arrolladas por una confederación de tribus germanas dirigidas por el caudillo querusco Arminio (versión latina de Hermann), en el otoño del año 9 d.C. Los antecedentes históricos indican que Varo, gobernador de la Germania Inferior, reunió un ejército romano compuesto por tres legiones (XVII, XVIII y XIX, números posteriormente proscritos al caer desgracia por perder sus águilas), seis cohortes auxiliares y tres alas de caballería, un total de unos 20.000 hombres, con la intención de romanizar por la fuerza a los indómitos germanos. Frente a semejante número de tropas romanas bien formadas y equipadas, los germanos, aun siendo un número cercano al romano, decidieron optar por una emboscada como forma de garantizar que los entrenados soldados romanos no pudieran formar correctamente y por lo tanto reducir sustancialmente una de sus más apreciables ventajas tácticas. Si bien, la genialidad de Arminio, que a pesar de ser querusco poseía la nacionalidad romana con el rango de equites de una auxilia, estuvo en guiar a los romanos inadvertidamente a una apartada zona, en la espesura del bosque de Teutoburgo, que además estaba enfangada por las lluvias. Teniendo en cuenta el pesado equipo romano y que la orografía del terreno favorecía a aquellas tropas situadas en los laterales del camino, que estaban ligeramente sobreelevadas de la zona central de paso, el sedero de Teutoburgo podría ser una trampa mortal, como resultó ser. La pregunta pertinente es: ¿cómo un legado romano con la experiencia de Varo se dejó guiar hasta una emboscada? Sencillo. La posición de Arminio como equites, similar a una clase de hidalguía romana, le granjeó la simpatía de Varo y lo tomó como casi como un compañero de armas sino como un amigo, confiando en él incluso cuando otros de sus consejeros de confianza le prevenían contra el germano. Además, los queruscos a los que pertenecía Arminio habían mantenido en los últimos años una actitud de guardia baja con relación a Roma, sin actuar demasiado belicosamente contra el Imperio, lo que hizo que Varo trabara cierta relación con algunos de sus principales líderes. Sin embargo, los queruscos conspiraban maliciosamente junto a otras tribus enemigas de Roma (Brúcteros, Angrivaros, Marsios, Usípetes y Chatti, entre otros) para expulsar a los romanos de Germania y recuperar su ansiada libertad.

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Arminio el Querusco, que posteriormente sería una figura clave del nacionalismo alemán del siglo XIX

Con el final del verano y la llegada del otoño, los campamentos romanos tuvieron que levantarse con el fin de llegar al Rin para guarecerse y pasar el invierno, razón por la que el grueso del ejército romano, acompañado de numerosos civiles (familiares, artesanos, comerciantes, esclavos, incluso prostitutas) debieron dar un gran rodeo y atravesar una amplia zona montañosa y boscosa hasta la frontera con la Galia, región mejor controlada y en manos romanas. El ejército romano de Varo tenía un gran número de auxiliares germanos, especialmente queruscos, así como guías y mercenarios germanos que fundamentalmente realizaban labores de exploración y apoyo militar tanto en vanguardia como en la retaguardia romana. A su vez, el caudillo que parecía ser prorromano, Arminio, guiaba a Varo por las zonas estratégicamente más seguras de los senderos y caminos germanos; eso fue así hasta que una vez en la espesura de Teutoburgo, los queruscos, con la excusa de explorar, se adelantaron al grueso del ejército mientras que los pesados legionarios avanzaban con mayor dificultad.

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Digrama de la batalla de Teutoburgo

El resto de las tribus germanas se habían situado en los flancos, retaguardia y vanguardia de los romanos, talando árboles y ocupando los terrenos más elevados que rodeaban los principales caminos, esperando su momento y las órdenes de Arminio. En el mejor momento, cuando empezó a caer una tormenta de densa lluvia, los germanos empujaron los troncos talados contra las filas romanas, lo que naturalmente produjo que éstas perdieran la formación. Entonces, la alianza germana se lanzó al ataque cargando colina abajo hacia el contingente romano, lanzando sus dardos contra los desprevenidos y desordenados legionarios. La lucha fue cruenta y se prolongó bastante tiempo, ya que, aunque desperdigados y sin formación clara, los legionarios romanos aún resultaban ser los guerreros mejor entrenados de la era Antigua. El buen y pesado equipo romano suponía una excepcional ventaja táctica en terrenos despejados o campo abierto gracias a sus formaciones cerradas, pero en el caso de los lugares como ciénagas o bosques, en los que primaba la agilidad a la fuerza, resultaban ser un estorbo y terriblemente inútiles. Los germanos en cambio, gracias al poco peso de sus equipos, y especialmente escasa armadura, podían atacar y darse a la fuga sin dar tiempo a que los romanos pudieran alcanzarlos y particularmente cuando esto era colina arriba.

Para sumarse al desastre que estaba por venir, la ineptitud y poco temple de Numonio Vala, comandante de la caballería romana, hicieron que éste perdiera la calma y huyera al frente de sus jinetes con la esperanza de salir de Teutoburgo y alcanzar el Rin, cosa que lógicamente no ocurrió, ya que los caballos no pudieron atravesar el bosque y rápidamente fueron alcanzados por los germanos, que los masacraron. Quintilio Varo, desesperado por el destino que le depararía y viendo que sus tropas estaban siendo diezmadas con rapidez tomó el camino del honor romano, y se suicidó con su espada, ejemplo que siguieron algunos oficiales de su estado mayor.

Los dos legados que quedaron al mando del ejército romano, perecieron poco después, uno al ordenar una capitulación con los germanos que aprovecharon el cese de las armas romanas para aniquilarlos sin miramientos, y otro intentó fortificarse con carros de suministros sin ningún éxito. El resto de las tropas romanas se encontraban en desbandada, aisladas de sus compañeros y mayoritariamente sin oficiales y suboficiales al mando e intentaron una retirada por la colina de Kalkriese, lugar ocupado por un gran número de germanos que contaban con la ventaja de altura y que obligaron a los romanos a volver sobre sus pasos; solo para ser cazados en las sucesivas jornadas.

Con todo perdido, Casio Querea, joven oficial de aquélla que posteriormente se haría famoso por asesinar al tirano Calígula, organizó a los pocos legionarios que quedaban con vida y aprovechó la oscuridad de la noche y la niebla para escapar entre los huecos que dejaban las filas germanas que estaban más pendientes del pillaje y de ejecutar a los heridos o desbandados que en otros menesteres militares.

Los historiadores romanos posteriores comentan que los germanos quemaron el cuerpo de Varo (aunque pudieron ser los propios romanos para evitar que fuera profanado) y que Arminio envió su cabeza como trofeo al rey de los Marcómanos, Marbod, que la remitió al emperador Augusto para mayor jocosidad. Por otra parte, se estima que unos 15.000 romanos murieron en Teutoburgo, entre la batalla, las ejecuciones y los sacrificios (especialmente los tribunos y oficiales) posteriores. Las bajas germanas fueron en todo caso muy inferiores a las romanas, entre 5.000 y 8.000 de un total de 25.000 que combatieron.

La masacre y humillación romana fue tal que se extendió por toda Roma el miedo a que los galos, germanos y britanos, celtas todos, envalentonados por la derrota de las legiones se revelaran a gran escala y expulsaran a los romanos de sus territorios, hecho que a la postre nunca ocurrió. Como consecuencia a esa desmedida fobia, Augusto cesó fulminantemente a todos sus generales y comandantes galos y germanos, así como a aquéllos que formaban parte de su propia guardia pretoriana por miedo a sucesivas traiciones de los celtas. La cabeza de Varo, sin embargo, fue enterrada en el panteón familiar con honores militares.

Vía| Livius

Imágenes| Bosque, Arminio, Batalla

En QAH| La guerra en tiempos de la República romana

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