Economía y Empresa 


¿Terminará la deuda estudiantil con el sueño americano?

Paseando por Cornell University, la prestigiosa universidad americana del estado de New York, me detengo sorprendida ante un anuncio de la agencia de óvulos Miracle Baby Donor que busca donantes a cambio de 6.000 dólares, e incluso aparece ante mis ojos un cartel publicitario de Elite Donors donde se ofrecen 80.000 dólares si las donantes cumplen, entre otros requisitos, ser graduadas con excelentes notas.

Este paseo podríamos extrapolarlo al resto de universidades americanas y observar cómo un gran número de alumnas están resolviendo su falta de liquidez de formas muy extremas que les lleva incluso a buscar compañía, cuando no sexo explícito, a cambio de una prestación mensual y oportunidades de networking: estamos ante el fenómeno de los llamados sugar-babies, que crecen día a día través de empresas especializadas como Seeking Arrangement con un catálogo de 90.000 estudiantes y un ritmo de nuevas altas a razón de 2.000 diarias: ¿qué está pasando con el sueño americano?

Estados Unidos siempre ha sido un país en el que los jóvenes asumen como algo natural que para cursar estudios universitarios deben endeudarse. Hasta el 2008 el sistema educativo se sostuvo, desde un punto de vista financiero, gracias al pago de las cuotas por parte de los estudiantes más los subsidios estatales. Para estos estudiantes, el acceso al crédito era fácil y práctico porque la carrera universitaria garantizaba la obtención de un trabajo bien remunerado que les permitía devolver el crédito en cómodas cuotas; el célebre “study now and pay later” (estudia ahora y paga más tarde). Este modelo de combinación de préstamos federales, estatales y de la propia universidad funcionó muy bien durante décadas y permitió al país alcanzar un nivel de excelencia que se ha convertido en marca registrada de las universidades norteamericanas.

El 71% de los universitarios norteamericanos está endeudado

El 71% de los universitarios norteamericanos está endeudado

Sin embargo, y pese a la buena marcha de las universidades, el aumento de la demanda a partir del 2008 incrementó los precios de la educación superior hasta tal punto que la gran mayoría de los estudiantes se vieron obligados a contraer importantes deudas en un momento en el que el acceso al mercado laboral dejó de estar garantizado. En la actualidad, el coste anual de estudio y alojamiento oscila entre los 30.000 dólares al año para una universidad pública y los 41.000 para una privada y un 71% de los jóvenes tienen una deuda promedio de 30.000 dólares, que puede incluso llegar a cuadruplicarse para aquellos que optaron por ingresar en centros más caros y de mayor prestigio. Según los datos del Departamento de Educación de EEUU la deuda universitaria se ha convertido en la segunda mayor del país – superada solo por la inmobiliaria-, y casi 40 millones de estudiantes tienen préstamos contraídos que alcanzan los 1,2 billones de dólares. En paralelo, en un contexto de sueldos estancados y auge del desempleo, los impagos se han extendido y según datos de la Reserva Federal un tercio de esa deuda no será devuelta, provocando alarma en un gran número de expertos ante el temor de una burbuja estudiantil similar a la inmobiliaria de hace unos años.

Los altos niveles de deuda no plantean ningún problema siempre y cuando generen en el individuo una tasa de retorno posterior en forma de salarios más altos que permitan, por un lado, reembolsar las cuotas y, por otro, no penalicen la concesión de otro tipo de préstamos como hipotecas o créditos para compras de automóviles. Pero en una economía que se sostiene en un 70% por el consumo, el incremento de los empleos a media jornada y el estancamiento de los salarios podría jugar una mala pasada y trasladar esta enorme carga financiera de los jóvenes a la renta disponible, la compra de inmuebles y, en definitiva, a la actividad productiva y de servicios. Si la tasa de paro vuelva a subir y el desempleo se mantiene en los niveles actuales, la deuda universitaria podría ascender hasta los 3,3 billones de dólares en 2024, muy por encima de los 1,7 billones que el Tesoro estima en su escenario base.

La situación parece preocupante porque, si los niveles de impago se mantienen como hasta ahora, en la próxima década más de un billón de dólares en deuda estudiantil quebrará. El gobierno de Barak Obama ha aprobado varias medias flexibilizadoras para limitar el retorno mensual al 10% de los ingresos, condonar la deuda cuando se llevan pagando 20 años e impulsar un sistema de becas que se otorgarán de forma prioritaria a estudiantes de universidades de menor coste de matrícula y mayores índices de localización de empleo.

Todas las medidas parecen pocas para mantener el sueño americano y evitar que el sistema se convierta, según tituló la revista Business Week, en un “study now and pay and pay and pay later” (estudia ahora y paga y paga y paga más tarde).

Vía| Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales

Más información|El Economista, Dirigentes Digital, Cronista, Télam Economía, Democracy now

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