Neurociencia 


Teoría de la mente: la falsa creencia en la infancia

“No rompí la lámpara y no volveré a hacerlo más”, dijo Marie Vasek, de tres años, a su madre. Esta graciosa afirmación nos puede ayudar para introducir el interesante tema sobre cómo los niños piensan. Debemos tener presente que muchas veces los niños, aunque utilicen las mismas palabras que los adultos, no quieren decir las misma cosas. Por ejemplo, cuando utilizan los verbos “pensar” o “saber”, no comprenden que se refieren a un estado mental o que sus creencias son diferentes a las de otra persona. Para ellos, “pensar” puede expresar incertidumbre o puede servir para introducir una actividad.

Eso se debe al hecho de que, hasta los cuatro años, un niño no tiene teoría de la mente.

Teoría de la mente: falsa creencia en la infancia

Ese término fue definido por Lewis y Mitchell en 1994 como “la capacidad de hacer inferencias sobre los estados representacionales de los otros y de predecir la conducta conforme a ellos”; es decir, la capacidad de los seres humanos de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas. Cuando adquirimos la teoría de la mente se supone que empezamos a poseer la capacidad de comprender y reflexionar tanto en relación con nuestro propio estado mental como en relación con el estado mental de otros individuos. La teoría de la mente también se refiere a la capacidad de prever tanto el comportamiento de uno mismo como el de otros en base a la capacidad de percibir.

Dicho de otro modo, para tener teoría de la mente, una persona tiene que saber reconocer las consecuencias de que una persona tenga una falsa creencia.

Creamos nuestras propias creencias a partir de lo que vemos y percibimos del mundo, y estas creencias pueden cambiar (sin que nosotros lo sepamos), de manera que nuestras creencias serían falsas. Sin embargo, las consideramos verdaderas porque pensamos que el mundo es así, y podríamos seguir actuando sobre la base de una creencia equivocada. Eso pasa porque tenemos una relación indirecta con el mundo a través de nuestra representación mental de él.

En la especie humana la capacidad de cognición o teoría de la mente se tiende a adquirir entre los tres-cuatro años, si bien más que una adquisición, existe la creencia de que se trata de la activación de una capacidad congénita que se activa como producto de una estimulación eficaz procedente tanto de la propia naturaleza como de factores ambientales y culturales.

La teoría de la mente es la comprensión de la actividad mental, de cómo funcionan las entidades mentales no observadas (los pensamientos), es decir, la comprensión de que la mente es un ente activo, que analiza e interpreta las situaciones. Una vez que entienden esto, los niños pueden comprender que las personas y ellos mismos, representan el mundo, y que consideran que esas representaciones reflejan el mundo como es de verdad. Con posterioridad a la adquisición de la teoría de la mente se lleva a cabo un uso constante de la misma de forma intuitiva, es decir, sin tener plena conciencia de ello. Por otro lado, si la cognición no logra desarrollarse apropiadamente pueden llegar a surgir patologías en el afectado.

Entendido lo que es la teoría de la mente, podemos comprender porque, por ejemplo, los niños menores de cuatro años no saben mentir. No son capaces porque aun no entienden la creencia falsa, que conlleva entender una actividad mental y el proceso representacional. Dicho de otro modo, no entienden que una creencia puede cambiar, y que lo que para ellos era cierto antes, puede ser falso ahora. Eso lo vemos en los estudios de la “falsa creencia’ y ‘cambio representacional” por un lado (Gopnik y Astington, 1988) y de “envío relevante” por el otro (Mitchell y Lacohee, 1991).

En ambos se observa como reaccionan los niños ante una situación que cambia, en la cual algo que parecía cierto al inicio, se muestra falso al final.

Para contestar a la pregunta si los niños de 3 años entienden la creencia falsa y la saben atribuir a otra persona, podemos citar la tarea de Wimmer y Perner, en la cual los niños veían una historia en la que un niño pone chocolate en un cajón y, cuando vuelve a buscarlo, no lo puede encontrar porque su madre lo ha cambiado a un armario. Los resultados muestran que los niños de tres años no sabían contestar. Para ellos, el protagonista de la historia buscaría el chocolate en el armario, porque no reconocen las consecuencias de que otra persona tenga una creencia falsa.

Los mismos resultados se obtuvieron en la tarea propuesta por Perner y colaboradores: se mostraba una caja de Smarties a niños de tres años y se les preguntaba que había dentro. Todo ellos contestaban que Smarties. Pero entonces se les demostraba que estaban equivocados porque en la caja había lápices. Cuando se les volvía a preguntar, qué pensaron que había en la caja cuando la vieron por primera vez, contestaron que “lápices”. Esta tarea, que se llama de la falsa creencia y del cambio representacional, pone en evidencia el hecho de que los niños de tres años no comprenden la creencia falsa en otras personas y tampoco en ellos mismos.

Además, tampoco saben distinguir entre apariencia y realidad; este hecho fue explicado en el experimento de la roca/esponja llevado a cabo por John Flavell. Se les enseñaba a los niños un objeto que parecía una roca; sin embargo, al tocarlo, se daban cuenta de que era una esponja. Sucesivamente se preguntó a los niños a qué se parecía el objeto y qué era en realidad. Los niños de cuatro años contestaron a las dos preguntas sin problemas; mientras que los de tres años contestaron que se parecía a una esponja y que era una esponja. Eso pasa porque los más pequeños no saben distinguir entre apariencia fenoménica y realidad verdadera.

Además, se funda la hipótesis en la universalidad de los hallazgos de la teoría de la mente. Aunque existan pocas investigaciones transculturales, ya que la mayoría de los estudios sobre teoría de la mente se han llevado a cabo en Occidente, hay algunos datos que confirman esta tesis.

Resumiendo, a los tres años de edad, los niños no comprenden las creencias falsas de primer orden (cambio inesperado de objeto); y no distinguen entre apariencia y realidad. La psicología cognitiva y la neurociencia relacionan esta facultad mental o cognición, principalmente con la región cerebral de la corteza prefrontal dorsolateral área muy relacionada con las funciones ejecutivas y nuestra capacidad de tomar decisiones, otra área asociada con esta habilidad es la amígdala que tiene como principal función el reconocimiento de emociones.

Vía|

Astington, J. W. (2004). Pensar sobre creer. El descubrimiento infantil de la mente (144-176). Madrid: Morata.

Gopnik, A. y Astington, J. W. (1988). Children’s Understanding of Representational Change and Its Relation to the Understanding of False Belief and the Appearance-Reality Distinction.

Mitchell, P. y Lacohée, H. (1991). Chíldren’s early understanding of false belief. Cognition, 39, 107-127.

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