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Tenemos lo que nos merecemos

 

Hacía mucho tiempo que no sentía tanta pena. Impotencia contenida dentro de mi cuerpo, atizando mi mente y haciendo crecer en mí una sensación de vergüenza que provoca que directamente tengas que agachar la cabeza, encerrarte en ti mismo y sentir una culpabilidad por ser partícipe de este crimen.

Tenemos-lo-que-nos-merecemosCaminaba por el patio interno de una Institución, con mayúsculas. Accedí al interior y, dentro de él, pude sentir como esas piedras inertes que dan forma a paredes, escaleras o columnas desprenden aún orgullo, respeto y grandeza. Nada más lejos de la realidad humana. En ese instante, una mujer, de edad avanzada, pasaba la mana por el Escudo de la Institución.

Fue la forma en que lo hizo la que provocó en mí todo este cúmulo de sensaciones. Su mano acariciaba la pared donde ese Escudo se encontraba y parecía encontrar en su tacto los sentimientos que uno espera encontrar cuando pasa la mano por la lápida de un familiar que ya no camina entre nosotros. Me fijé en su cara. Pude observar como de ella salía una conjunción de cariño y pena. Cariño por lo que fue. Pena por lo que se ha convertido.

¿Qué queremos? Sinceramente el ser humano me da vergüenza.

En el inicio de los tiempos, el que quería una casa la construía a base de esfuerzo y piedras. El que quería un abrigo y comida tenía que matar para conseguirlo. Ahora criticamos todo y pedimos todo hecho. Pedimos una vivienda porque “es un derecho fundamental”. Pedimos un trabajo porque “es un derecho de todos”Nos hemos olvidado que los derechos hay que ganárselos, no adquirirlos por ciencia infusa.

En este país de mierda que somos, todos defraudamos. Pero claro, como lo que hacemos nosotros no es relevante, según nuestra forma de verlo o comparado con lo de los demás, no es ni punitivo ni mucho menos criticable. “Tengo que ganarme la vida”. Ah, muy bien. ¿Qué te diferencia del polític0, banquero o todo aquel que te roba? Te lo voy a decir: ellos son más inteligentes. No vengáis a dar lecciones de moralidad cuando esta sociedad no se preocupa por los demás. Cuando en los caminos de rosas nadie criticaba nada, se miraba para otro lado y nadie preguntaba: ¿De dónde ha salido todo esto? Pues ya lo sabes. Y seguramente lo sabías pero el carpe diem constante en el que vive la gente obvia estos detalles.

Nos creemos seres libres pero sólo somos ilustres ignorantes presos de una educación dictatorial que desde pequeño te marca límites. 2 + 2 son 4 porque es así. Estudias estas asignaturas porque es así. Aprendes este idioma porque es así. Y estas son las técnicas de aprendizaje porque lo digo yo.

Curioso que lo llamemos educación. Cuando se lo aplicamos a un animal lo llamamos adiestramiento.

Pues bien, eso es lo que somos. Leones amaestrados. Olvidamos nuestro pasado y nos convertimos en simples marionetas de un espectáculo que sirve para enriquecer a otros. Nos aplaudirán, nos darán cariño y hasta te harán sentir especial e importante. Te proporcionarán una vivienda (jaula), comida y un trabajo en el escenario en cada gala. Incluso, si la cosa se da bien, podemos llegar a pensar que somos respetados y somos estrellas y que sin nosotros el circo no se abriría noche tras noche.

Nada más lejos de la realidad. Los años pasan, las fieras cambian, pero el circo sigue. Siempre habrá gente dispuesta a aplaudir y alimentar ese mundo y siempre habrá fieles circenses pensando que dan un sentido a su vida.

Y mientras tanto, la inerte piedra, los monumentos olvidados y aquello que aún resiste el paso del tiempo añora aquella época en la que su presencia convivía con libres leones que no necesitaban una casa para vivir,  un filete para comer o un aplauso del público para sentirse importantes.

Imagen| Escritor enjaulado

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