Cultura y Sociedad, Literatura 


“Tempus fugit”

La muerte tiene un lado positivo

“Yo me estaba reposando, durmiendo como solía,

Soñaba con mis amores que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca, aún más que la nieve fría.

-¿Por dónde has entrado amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.

-No soy el amor, amante; la muerte que Dios te envía.”

Fragmento del romance “El enamorado y la muerte” (versión cantada de Joaquín Díaz)

La noche del 31 de Octubre se presentó apacible, en cuanto a temperatura, pero distinta a todas las demás que pueblan el calendario. Diablos, fantasmas, muñecas y payasos siniestros vagaban en unas calles llenas de gente dispuesta a vivir una experiencia en la que los muertos y los vivos se acercan más que nunca. Es una fiesta que recuerda a más de una leyenda y  algún que otro mito literario. Y es que la presencia de la muerte ha sido continua a lo largo de nuestra existencia y seguirá siéndolo aunque pasen muchos siglos.

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Capitel decorado con elementos monstruosos  sito en una calle de Madrid

Una de estas leyendas, propia de la capital, nos cuenta la historia de Juan de Echenique; un miembro de los Guardias de Corps en la época de Carlos IV. Éste, conquistador nato e infiel por naturaleza, quedó prendado una noche por una mujer hermosa que apareció misteriosamente en un balcón mientras le invitaba a su lecho. Juan no desaprovechó la ocasión y subió al aposento de la dama donde estuvo muchas horas. A la mañana siguiente salió muy rápido de aquella estancia puesto que tenía que ocupar su puesto y estas prisas hicieron que se olvidara allí su espadín. Al volver a recuperarlo se encontró con que el edificio era una ruina y que la mujer que había amado durante toda la noche no existía. Esto le hizo virar hacia la religión y dejar su vida licenciosa muy atrás.

“Don Juan no tuvo más remedio que contar al viejo la historia de la noche anterior, de la mujer, de la alcoba y del placer saboreado. El anciano liberó una sonora carcajada:

-¡Estáis loco, caballero! esta casa permanece deshabitada desde hace muchos años; sólo quedo yo en ella; soy el guarda. Aquí no hay mujeres”

Fragmento de la leyenda “La dama misteriosa” dentro de Duendes, fantasmas y casas encantadas de Madrid de Ángel del Río López

Algo parecido dicen que le sucedió al ilustre Miguel de Mañara; que después de enfrentarse cara a cara con la representación de la muerte, dejó sus andanzas atrás y unió su nombre al de la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla. Allí, en su iglesia, las Postrimerías de Valdés Leal siguen recordando que “en un abrir y cerrar de ojos” todos asistimos a ese momento final independientemente del camino que se haya seguido.

Otro hombre también fue protagonista en una noche de disfraces en Madrid de un hecho en el que estuvo implicada una mujer que llevaba una rosa blanca. Con ella bailó durante toda la fiesta pero, al llegar al final, descubrió que estaba muerta esperando su funeral dentro de un ataúd en una iglesia.

Estas historias, que presentan a unos “hermanos” muy valiosos en romances como el nombrado más arriba o el “Convidado de piedra”,  tienen su reflejo en obras literarias de todas las épocas. Un ejemplo, en relación a la primera de ellas, son dos obras de Carlos Ruíz Zafón. Una de ellas es “La mujer de vapor”, un relato inédito que se puede leer en la web del escritor y que, también, nos habla de mujeres misteriosas y de edificios en apariencia habitados pero en realidad en ruinas. La otra es El juego del ángel en cuyas páginas se puede vivir una noche en otro extraño edificio de la mano de su protagonista, David Martín.

“El eco de las luces de la calle parpadeaba en el aire, desvelando visiones fugaces de las paredes desnudas y el suelo de madera quebrada. Llegué a la sala que recordaba decorada con terciopelos y mobiliario opulento. Estaba vacía. El manto de polvo que cubría el suelo brillaba como arena al destello de los carteles luminosos de calle”

Fragmento de El juego del ángel de Carlos Ruiz Zafón

Más antigua es la relación con el mito de Don Juan (muchas veces tienen en común hasta el nombre como el lector se habrá dado cuenta) que comenzó su andadura de la mano de Tirso de Molina y que siguió su camino fuera y dentro de España con autores como Mozart, Molière, Lord Byron o José de Zorrilla. De hecho, está vigente en nuestra propia forma de hablar y se puede encontrar en los escenarios en una nueva versión con magia, canciones y mucho baile. Si el lector no me cree, solo tiene que acercarse al Teatro de la luz Philips Gran Vía en Madrid. La obra se titula Don Juan: un musical a sangre y fuego; los mismos versos pero con un enfoque distinto al estilo del mismísimo Broadway. Tampoco se debe olvidar el no tan reciente montaje llevado a cabo por Blanca Portillo. En él, el hombre galán se quita la máscara y se muestra como es en realidad: un fanfarrón que destruye todo y a todos los que le quieren y le han querido alguna vez.

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Detalle de arte funerario (Sacramental de San Isidro)

Pero volvió al autor vallisoletano, se debe destacar que aportó algo nuevo, al igual que esta última propuesta de la que hablaba, a lo que ya se había dicho sobre este personaje de carácter depredador e indeseable. Ese punto distinto lo explica perfectamente, con las siguientes palabras, Francisco Nieva en el prólogo de la obra en la edición de Austral:

“Quedan por examinar las dos novedades que aporta Zorrilla desde el punto el punto de vista argumental en contraste con todos o casi todos los donjuanes anteriores. Éstas son la seducción de una monja y la salvación de don Juan, cosa que anuncia un comienzo de extinción del mito”

Palabras de Francisco Nieva en Don Juan Tenorio de Zorrilla (Austral 2008)

La salvación de este personaje es un elemento tan del movimiento romántico y en relación al mundo religioso que es digna de ser destacada ya que convierte al lobo en cordero gracias al amor que le procesa doña Inés. La tormenta da paso a la calma y nos hace soñar con la posibilidad de encarrilar por el buen camino a la persona amada sea cual sea su pasado y las acciones que ha hecho en él. Ejemplos de ello se pueden ver en obras tan dispares entre sí, y en relación a la obra de Zorrilla, como 50 sombras de Grey o La Bella y la Bestia.

Sea como fuere, Zorrilla vio unida su vida a su creación aunque esto le pesara en muchas ocasiones (baste como ejemplo las críticas que destiló hacía la famosa escena del sofá); ni la fama que tuvo la obra ni su pluma, tan propicia a hablar de este tipo de hombres, le dejaron alejarse de esa tan alargada sombra. Y es que el mismo Don Luís Mejía es un hermano gemelo de nuestro personaje; sin olvidar al protagonista de Margarita la tornera. Un don Juan que decide encarnar otro elemento romántico como es el suicidio. En el apéndice de la obra se puede leer lo siguiente:

“Y sintiendo la conciencia / que le despedaza el pecho, / dijo de pronto: <<esto es hecho.>> Y asió con ira el cordel. / Hízole un lazo a una punta; / el arca arrastrando trajo / hasta ponerla debajo / de donde la escarpia está, / y atando un extremo en ella, / y en su cuello el otro extremo, / maldijo don Juan su estrella, / a morir resuelto ya. / Colocóse sobre el arca, / disminuyó cuanto pudo / el espacio que del nudo / hasta su cuello quedó, / y entonces, segundo Judas, / con habla ya enloquecida, / así de la alegre vida / diciendo se despidió

Fragmento de Leyendas de José Zorrilla

También conquistó a otros como a Espronceda que dio buena cuenta del mito en el Estudiante de Salamanca con su personaje don Félix de Montemar, pero la tragedia siempre era para las mujeres que los sufrían en un mundo en el que, en muchas ocasiones, solo eran valoradas por un honor que perdían en busca de una promesa y sentimiento de amor infinito.

Lo que está claro es que don Juan sigue más vivo que nunca en los escenarios (además de lo ya nombrado se debe destacar la versión realizada en Alcalá de Henares de Tim Hoare y Rodrigo Arribas) y es que ya lo decía él frente a su final: “Largo el plazo me ponéis” o lo que es lo mismo “tan largo me lo fiáis”.

Más información (algunos ejemplos):

  • DEL RÍO, Ángel, Duendes, fantasmas y casas encantadas de Madrid. Ediciones la Librería, Madrid, 1999.
  • ESPRONCEDA, José de, El estudiante de S. A. de Promoción y Ediciones (Club Internacional del Libro), Madrid, 1991.
  • ZORRILLA, José, Don Juan Tenorio. Austral, Madrid, 2008.
  • ZORRILLA, José, Leyendas. Caja de ahorros del círculo católico (GEPSA), España, 1993.
  • Documental (La mitad invisible): “Don Juan Tenorio”. http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-mitad-invisible/mitad-invisible-don-juan-tenorio/3373267/

*Todas las fotografías son de la autora.

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