Patrimonio 


Templos de Angkor en Camboya

Hubo una vez una ciudad en la llanura camboyana, entre el lago Tonle Sap y las montañas Kulen, que fue la más grande y poblada de la era preindustrial. Más de mil templos se entremezclaban con construcciones de madera más modestas que no han sobrevivido, pero que se calcula alojaban a más de un millón de personas. Angkor creció de los siglos IX al XV y fue la base de uno de los más grandes imperios del sudeste asiático: los jemeres. Desafió las limitaciones de su era y su geografía. Construyó un complejísimo sistema hidráulico para abastecer los más de mil kilómetros cuadrados que ocupaba. Son testigo de ello los numerosos fosos y lagos que gestionaban la irregularidad de los monzones y las necesidades del cultivo del arroz. El tiempo pasó y la jungla se comió esta megaciudad que se ha ido desbrozando en el siglo XX. Angkor es un destino imprescindible en la agenda de todo el que quiera maravillarse con las obras humanas. Templos como Angkor Wat o Bayon lo serían por sí solos.

Angkor Wat y varios monjes budistas

La historia jemer cambió cuando Jayavarman II se nombró a sí mismo en el siglo VIII como rey-dios en conexión con Shiva. Se independizó de sus relaciones con la isla de Java y se estableció cerca de Angkor, en la zona de Roulos. Poco a poco, la ciudad se desplazó al noroeste. El mayor desafío a la expansión jemer la plantearon los champa en 1177, cuando entraron en la capital. Jayavarman VII los repelió y renovó la asolada ciudad real, que se convirtió en Angkor Thom. Construyó multitud de templos e inició un salto del hinduismo al budismo que terminó de asentarse en el siglo XIV. Por entonces, los jemeres ya estaban en declive y fueron presa fácil para Ayutthaya, la capital de Siam. La ciudad se abandonó y la naturaleza reclamó para sí sus ruinas. Nunca fue desconocida del todo para Occidente, pero fueron arqueólogos como Louis Delaporte los que llamaron la atención del sitio en el siglo XIX. En1907, la École française d’Extrême-Orient arrancó un interminable proceso de restauración solo interrumpido por las guerras.

Rostros de Avalokiteshvara en el templo de Bayon

Decíamos que Angkor fue abandonada, pero no en su totalidad. Angkor Wat fue siempre refugio de monjes budistas, los mismos que hoy podemos ver en sus túnicas azafrán caminando por el monumento religioso más grande del mundo. Este símbolo nacional fue construido por Suryavarman II entre 1113 y 1150 como mausoleo personal. Está dedicado a Vishnu y representa al mundo: rodean el recinto un foso de 200 metros que representa el océano y una muralla de tres kilómetros y medio de longitud. El templo en sí simboliza el monte Meru. En él, tres galerías y cuatro torres rodean una gran torre central que se alza 65 metros desde el suelo. La continuidad de Angkor Wat lo convierte en el mejor conservado. También fue el más conocido entre los viajeros europeos, que se maravillaban ante sus dimensiones y perfección. Además, en Angkor Wat hay valiosísimos relieves, tanto hinduistas como costumbristas. El más apreciado es el Batido del Océano de Leche, de 49 metros de longitud.

Raíces abrazando el templo de Ta Prohm

Unos metros al norte está Angkor Thom: la zona real amurallada. Aquí podremos ver la terraza de los elefantes, desde donde el rey veía procesionar a su pueblo, o templos como Baphuon, cuya restauración fue la más compleja. Una vez desmontado, en la guerra se perdieron los planos, dejando a los arqueólogos el puzle más grande del mundo. No obstante, aquí la joya es Bayon. Ya budista, el aspecto de Bayon desde lejos es el de un amasijo de piedras. Solo cuando nos acercamos empezaremos a distinguir las misteriosas caras sonrientes, plácidas, misteriosas, de Avalokiteshvara. Bayon cuenta también con fantásticos relieves que cuentan las batallas a elefante de los jemeres. Fuera de Angkor Thom es muy visitado Ta Phrom. No fue un gran templo en su día, pero es aquí donde la comunión entre naturaleza y ruinas llega a su punto más álgido. Los restauradores vieron imposible retirar las raíces que rodean las paredes y este hecho, que a largo plazo condena a Ta Phrom, ensalza su enigmático ambiente.

Relieve del Batido del Océano de Leche, en Angkor Wat

La mayor parte de visitantes de Angkor llegan aquí combinando su viaje con Tailandia o Vietnam, destinando no más de dos días completos. Es insuficiente, por supuesto, si queremos alejarnos un poco de los templos fundamentales y adentrarnos en solitario en algunos como Ta Nei, donde veremos más tarántulas que turistas. En todo caso, la visita exige planificación y transporte. En Angkor la gente se mueve en taxi, tuk-tuk, autobús, las populares bicis y en recintos como Angkor Thom hay circuitos de trekking. El amanecer en Angkor Wat, reflejando el templo en una charca, es cada vez más famoso y popular. Para el atardecer lo ideal es subir a templos como Pre Rup. Siem Reap es la cada vez más poblada ciudad que da servicio a Angkor y otras zonas de Camboya. Desde aquí merecen la pena viajes a templos algo más alejados como Banteay Srei, Beng Mealea o Koh Ker, visitar el río de las mil lingas Kbal Spean o hacer trekking en las montañas Kulen. El tema de la humedad en Angkor es agobiante: al menos evitaremos las lluvias viajando de noviembre a febrero.

Vía|UNESCO Wikipedia Wikitravel

Imagen|Peter Garnhum Jason Eppink Arian Zwegers Akshay Mahajan sam garza

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