Historia 


Templarios: Los soldados de Dios

La figura de los caballeros templarios ha sido idealizada desde el punto de vista de nuestro imaginario moderno. Novelas, películas, videojuegos, y otros entretenimientos nos han descubierto la vida del templario desde una perspectiva caballeresca y romántica, aunque la mayoría de lo que pensamos no refleja la realidad de una vida dedicada al sacrificio hacía Dios y el mundo de la cristiandad.

Los caballeros templarios nacieron en el ámbito de la Primera Cruzada (1096-1099), con la intención de proteger a los peregrinos y los lugares santos de la cristiandad, controlados ahora por los cristianos; a ello prometieron consagrar sus vidas y sus espadas. El caballero Hugo de Payens, primer maestre de la orden, junto a sus ocho fieles compañeros se presentó ante el Patriarca de Jerusalén para ofrecerle sus servicios, el cual, les donó el Templo de Salomón como sede de su orden. Activa oficialmente desde 1119 se hicieron llamar “Orden de los pobres caballeros de Cristo”, aunque se les conocería como los “Caballeros del templo de Salomón”, para posteriormente ser conocidos por todo el mundo cristiano y pasar de esta manera a la historia como “Caballeros del Temple”; de ahí caballeros templarios. No serían hasta una década después definitivamente reconocidos por la Iglesia gracias al apoyo de  Bernardo de Claraval, fundador de la orden religiosa Cistercense, el cual mantenía lazos familiares con Hugo de Payens y André de Montbard, otro de los nueve caballeros fundadores. Bernardo de Claraval escribiría en 1130 el “Elogio de la nueva milicia templaría”, equiparando a dichos caballeros como los soldados de Dios:

“Aspira esta milicia a eliminar a los hijos de la infidelidad (…) combatiendo a la vez en un doble frente: contra los hombres de carne y hueso y contra las fuerzas espirituales del mal”.

El inicio de esta orden religiosa y militar está lleno de misterios, ya que se especula mucho sobre la primera década de inactividad, prácticamente destinada a la creación de unas bases firmes y a la reconstrucción de su sede. Aquí entra la imaginación en acción cuando se discute sobre los tesoros o reliquias que pudieron encontrar, entre ellas el famoso Santo Grial o el Arca de la Alianza. A pesar de ello, lo más probable es que pudieran encontrar algún tipo de información, ya sean documentos o mapas de época romana, ya que el templo de Salomón no era el original, y llevaba varias reconstrucciones encima. Una vez puesta de manera oficial la orden, su prestigio irá creciendo poco a poco. Muchos caballeros pretenderán entrar en la orden, y aunque pueda pensarse lo contrario, no resultaba fácil convertirse en miembro de dicha organización.

Se expandirán desde Jerusalén hasta la Península Ibérica, siempre en los territorios de frontera o defensa contra los enemigos de la cristiandad. Son más conocidos sus enfrentamientos contra el musulmán, aunque se han documentado casos de caballeros templarios enfrentándose a “vikingos” en el norte de Europa.

Dibujo de la caballería templaria entrando en combate.

Dibujo de la caballería templaria entrando en combate.

Los templarios se nutrían muchas veces en los conventos de jóvenes novicios que demostraban destreza marcial, ya que estos jóvenes, ordenados en una vida religiosa y alejados de los “peligros de la vida mundana” eran más fáciles de convertir en caballeros y de que asimilaran el sacrificio de sus vidas en defensa de la cristiandad y en nombre de Dios. Un aspirante a caballero debía demostrar valor, honor, y un fuerte sentido del sacrificio, ya que debía renunciar a todo lo que era. Debían de profesar voto de humildad, castidad, obediencia y pobreza; nunca más serían poseedores de ningún bien, únicamente serían depositarios. Todo pertenecía a la orden, desde su espada hasta su propia vida, ligando su propio destino a los designios de la orden. A partir de su aceptación como caballero el “ora et labora” (reza y trabaja) será su máxima preocupación, siempre destinada al servicio de Dios. Un ejemplo claro lo observamos en el ritual a la hora de enterrar a un caballero templario, desnudo, envuelto en un sudario sobre una tabla de madera y boca abajo, al modo cistercense. Todas sus “posesiones” serian repartidas entre los demás hermanos de la orden o entre los más pobres.

Un caballero templario no era vasallo de ningún Rey, y únicamente prestaba obediencia al Papa de Roma, representante de Dios en la Tierra. Eran los únicos que podían portar una cruz roja (Sangre de Cristo) sobre un manto blanco (Pureza). 

Cruz paté roja sobre fondo blanco. Estandarte templario que simboliza el martirio de Cristo.

Cruz paté roja sobre fondo blanco. Estandarte templario que simboliza el martirio de Cristo.

La vida de la orden, más bien corta, (1119-1314) es una historia de sacrificios y venganza, ya que el temor de la Iglesia al progresivo prestigio y poder de atracción de los templarios hizo que desde Roma se dictase la persecución y la condena de los más puros caballeros que ha visto la cristiandad. Historias de desacreditación han circulado en base a las prácticas satánicas y heréticas de los caballeros templarios, desde obligar a los caballeros a escupir en la cruz, a la veneración de ídolos falsos como Baphomet; incluso se les acusó de realizar sacrificios humanos y de actos de canibalismo. Fuera de Toda acusación, la Iglesia temía el poder y la admiración que despertaban dichos caballeros, pobres, humildes, castos y obedientes a la palabra de Dios, cosa muy cuestionable en las altas esferas eclesiásticas. 

Jacques de Molay y otros caballeros templarios quemados en la hoguera. Grabado de la Edad Media

Jacques de Molay y otros caballeros templarios quemados en la hoguera. Grabado de la Edad Media

El último gran Maestre del temple fue Jaques de Molay, condenado y asesinado por la Iglesia el 18 de Marzo de 1314 en París. Los templarios serian perseguidos hasta su total aniquilación, aunque su esencia ha perdurado a lo largo de los siglos. Envueltos en misterio, vestidos de leyenda, tú nunca olvides templario: “Non nobis Domine, non nobis; Sed Nomini Tuo Da Gloriam”. (No a nosotros Señor, no a nosotros; sino a tu nombre da Gloria).

 

 

Vía| Bárbara Frale, “Los templarios”. Alianza ed. Historia, 2008

Más Información| J.Ávila Granados, “La mitología templaria”. Diversa ed. 2014; Marcelo Dos Santos,” Jacques de Molay: El último gran maestre templario”. Ed. Aguilar 2008.

Imágenes| Caballería templaria; Estandarte templario; Quema de Jacques de Molay y otros templarios

En QAH| ¿Quiénes eran los templarios?; Letras de Cambio y Caballeros Templarios

 

 

 

 

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