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Televisión pública antieducativa

Recientemente se ha armado un gran revuelo en la red por el comportamiento del jurado de un famoso programa culinario de la televisión pública.

La historia para los que aún no se han enterado es la siguiente: los concursantes tenían que arriesgar haciendo un plato innovador y creativo con escasos ingredientes, y uno de ellos, un chaval que acaba de dejar la adolescencia a la vuelta de la esquina, ha elaborado una patata semicruda, y la ha decorado con azafrán y pimientos como si fuera un león comiéndose una gamba. El plato titulado “león come gambas” ha causado una gran polémica, ya que los miembros del jurado han considerado el plato como insultante a sus paladares y han decidido la expulsión directa del concursante.

La polémica está servida.

La polémica está servida.

Para unos los chef tienen toda la razón en ser exigentes y mantener un nivel en el programa, además han argumentado que hay muchas personas que se han quedado a las puertas de esa gran oportunidad que brinda el concurso y es una desfachatez presentar dicho plato.

Para otros el plato es una mamarrachada auténtica, pero las formas de los miembros del jurado no están justificadas.

Para otro grupo de personas, el plato es directamente una genialidad, el muchacho sin darse cuenta ha dado cabida a una creatividad del todo incomprendida.

Para mí, personalmente, el problema va más allá que la polémica de un concurso de cocina que lo que busca es más audiencia con este tipo de historias. Será deformación profesional, pero si en anteriores artículos me llevaba las manos a la cabeza cuando descubría formatos infantiles de este tipo de programas, no puedo sino poner el grito en el cielo cuando pienso que los niños imitan los comportamientos de los mayores y especialmente de sus ídolos televisivos, de tal forma que, ante la actitud de los profesionales de la cocina que juzgaron cruel y públicamente a este joven, todos los niños para los que el programa y su jurado son un referente imitarán esta conducta y la darán como buena y ejemplo a seguir.

No me cansaré de decir que la infancia aprende por imitación, podemos, por poner un ejemplo, decir a nuestros hijos que lean hasta que nos duela la boca, pero si nunca nos ven a ninguna persona adulta de su entorno coger un libro, es difícil crear el hábito en ellos.

Por este motivo me preocupa tanto este tipo de actitudes en estos programas, viniendo además de la cadena pública. Podemos hacer una programación para todos, en la que educar y aprender sea además parte de nuestro ocio, o bien podemos dejar la televisión para los mayores y dejar de incluir a los niños como consumidores en este tipo de espacios.

Vía| Cinta Domínguez

Imágenes|Imagen cedida por imágenessincopyright.com., La polémica está servida.

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