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¿Te sientes inspirado?

Esta es la pregunta retórica que formula el poeta entre papeles, el artista y su lienzo inmaculado y el músico frente al piano.

A este escurridizo sentir que fluye en el aire envuelto en un áurea, ya le asignaban en la Grecia clásica un origen divino. Contaban que el éxtasis artístico provocado por la inspiración era la transmisión de los pensamientos de los dioses al artista.

Y ¿es cierta esta realidad? ¿Es la inspiración una corriente de aire que atraviesa al creador proporcionándole la llave del éxito?

Picasso afirmó que esta existía pero que, contrariamente a lo que muchos piensan, tiene que encontrarnos trabajando. Y es el trabajo y la constancia el motor común de tantos genios; Leonardo Da Vinci, a quien molestaba la necesidad de dormir, Mozart, cuyo legado de su corta vida supera las 600 creaciones, la mayoría consideradas obras maestras, o Lope de Vega quien a los 5 años ya componía versos y dominaba el castellano y el latín.

Cuando se investiga la trayectoria de los genios empieza a desvanecerse la idea de un iluminado divino y más fuerte se hace la imagen de una vida dedicada y construida.

Si la inspiración no viene a mí salgo a su encuentro, a la mitad del camino. Sigmund Freud.

La mente en continuo trabajo se presenta abierta, creativa, moldeable, despierta y es el claro potencial encubierto tras una obra maestra. Uno llega y se detiene frente a la Gioconda, se asombra ante su tamaño físico y el de su celebridad y se pregunta las claves de su éxito.

¿Cómo lo consiguió? La inspiración, nacimiento de la creatividad, se cultiva con una pausada observación, una trabajada reflexión y una continua acción. Es una puerta abierta a cada uno de nosotros, pues a partir de la revolución del arte comenzada por Marcel Duchamp ,todos somos llamados a ser artistas, solo hace falta la intención.

 

 

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