Derecho del Trabajo, Jurídico 


¿Te pueden despedir por los actos de tu cónyuge?

D. Donato es un conserje de una comunidad de vecinos. En una discusión relacionada con su nómina, insulta a Dª Rosario, una vecina que es también la Administradora de la Finca,  llamándola “ladrona”. Ese mismo día por la tarde, D. Donato paseaba con su mujer por la finca. A mitad de la tarde, cuando Dª Rosario y su marido, D. Benito, se disponían a salir de la finca con la finalidad de ir a denunciar los insultos que Rosario había recibido por la mañana, D. Donato, su mujer y su hijo, empiezan a gritarles diciéndoles “Muertos de hambre, ladrones”. La mujer de D. Donato llegó incluso a golpear en el pecho al marido de la Administradora, estando D. Benito a punto de perder el equilibrio y caerse por las escaleras.

Tras haberse producido estos hechos, la comunidad de propietarios despide a D. Donato.

Lo relevante de este caso, resuelto por la STSJ Madrid de 20 de abril de 2004, es que la persona que  comete los hechos más graves no es la persona despedida, sino un familiar suyo. ¿Hasta que punto tiene un trabajador deber de responder por los actos de su marido/mujer? Sin duda los hechos descritos en este caso revisten de gravedad y no deben de quedar impunes. Pero  quizás la jurisdicción más adecuada para obtener la compensación debiera ser la penal o la civil, y no la social, ya que no hay relación laboral entre la mujer de D. Donato y Dª Rosario y su marido. Dicho de otra manera, parece razonable plantear que el trabajador no debe verse perjudicado por los actos de su cónyuge y que Dª Rosario y su marido podrían ver resarcido su derecho mediante acciones civiles o penales.

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El rapto de las sabinas (1799) de Jacques-Louis David. Al contrario que D. Donato, la mujer sabina adopta un actitud activa para evitar la pelea

No obstante, los tribunales de lo social aplican un principio denominado “principio de corresponsabilidad”. Según este principio, el trabajador puede ser responsable de las acciones de familiares siempre que aquél:

  1. Mantiene una postura totalmente pasiva o,
  2. Cuando su participación consiste en la inducción, en la ejecución directa o,
  3. Cuando no se evita el comportamiento del tercero sino que se alienta o se colabora, por acción o por omisión.

Por tanto el juez deberá de determinar la responsabilidad del trabajador por los hechos objeto de la sanción de despido. En concreto, deberá tomar en consideración el papel del trabajador en el resultado de las acciones de su cónyuge, algo que dependerá, como muchas otras cuestiones en el ámbito social, de la prueba practicada en el acto de juicio.

Este principio jurisprudencial debe ponerse en relación con el principio de imputabilidad de las sanciones. Según dicho principio, todas las sanciones deben imputarse subjetivamente al responsable de las mismas. No obstante este juicio de imputabilidad no siempre requiere de una acción expresa sino que es posible su comisión por omisión. En cualquier caso, para realizar una imputación subjetiva como la que se aplica en este caso, y que puede suponer la pérdida de un bien escaso, como es el trabajo, a su “autor” es importante que el órgano juzgador realice el suficiente esfuerzo argumentativo, para que no se devalúe el principio y no se convierta en una corresponsabilidad automática que implique que en un trabajador tenga que pagar por los pecados de su cónyuge.

Por cierto, el despido fue declarado procedente.

Más información| texto sentencia

Imagen| el rapto de las sabinas

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