Historia 


Tarás Bulba y los cosacos de Gógol

La literatura rusa suele ser en ocasiones esa gran desconocida. Para un público avezado a la lectura y al descubrimiento constante de nuevos autores a los que hincar el diente de forma gustosa, puede parecer un tópico usual dentro de su día a día lector, pero en su gran mayoría, la gente desconoce la dulzura, vastedad, sonoridad y rebato de este tipo de género literario que Gógol, durante el siglo XIX, se encargó de armonizar, dar forma y lo más importante, saber retrotraerse sabiamente para analizar un pasado ruso repleto de controversia y revestido en contadas ocasiones de un amor patrio que parece empañar absolutamente todo su contexto.

De esta época también podemos destacar al sempiterno Chéjov y sus recopilaciones de cuentos, pudiendo decir que ambos autores sentían al mismo tiempo miedo y amor por su patria, retratándola como nosotros jamás podremos comprender. Chéjov, desafiaba a la pluma y a nuestros sentimientos cuando hablaba de la estepa como aquel lugar indómito que ni ellos mismos habían podido dominar, sucumbiendo a sus mortales encantos y adaptándose a ella. Gógol, cuando nos narra de forma viril las andanzas de los cosacos por las estepas, desprende esa misma calidez narrativa al tratar a su zona vital como la madre que los vio nacer y los hizo como son, amantes no correspondidos cuya vida se ataba a un sentir compartido por sus camaradas.

1920px-Repin_Cossacks

Illiá Yefímovich Repin, Cosacos Zapórogos escribiendo una carta al sultán, 1880-1891.

 

La estepa era de todos y de nadie al mismo tiempo. Como de todos y de nadie era el belicoso Tarás Bulba, el protagonista del relato más largo que escribió Gógol en vida. En esta valiente historia se nos cuentan las aventuras de Tarás, un cosaco veterano curtido en mil campañas, su hijo pequeño Andréi, proclive a las bajas pasiones y al enamoramiento y de su hijo mayor, Astop, que como su padre, quería conseguir fama, gloria y honor en combate para labrarse una reputación en el Sech de Zaporozhie en Ucrania, una suerte de capital que se forjó en el siglo XV pero prevaleció hasta el XVII gracias a la permisividad del Imperio Ruso que veía a los cosacos como unos defensores estupendos de sus fronteras, librándolas de tártaros y turcos en muchas ocasiones.

Aquello que destacaré de las aventuras de tan intrépidos hombres es sin duda la amplia perspectiva que retrata Gógol de los cosacos, ya que como muchos sabrán, eran reconocidos por su ferocidad en combate, sus rápidas razzias e incursiones donde su libertad era al mismo tiempo su mayor aliada y su más entorpecedor enemigo. También pasaron a la historia por desdeñar el miedo así como por beber alcohol de una forma hercúlea y en desmedida siempre acompañados de sus camaradas y colegas de armas, con los cuáles se emborrachaban y contaban historias guerreras, labrándose así las reputaciones entre ellos para ir escalando en el complejo cursus honorum militar que poseían. Podían parecer a priori demonios luchadores y borrachos empedernidos, sí, pero gozaban de una organización curiosamente compleja y efectiva.

tarás bulba

Portada del libro de Gógol donde se nos muestra el equipamiento tardío de un cosaco Zaporogo, con su lanza, el fusil y el sable a la cintura.

 

Las continuadas trifulcas en los limes entre Ucrania, Rusia y Turquía se habían tornado usuales y un territorio otrora controlado por los zares o los sultanes, se tornó en una tierra de nadie donde primaba la ley del más fuerte. El sentimiento vandálico y aterrador por el que pasaron a la historia los cosacos se forjó en estas guerras internas, donde los jóvenes hijos de los cosacos en cuanto comenzaban a despuntar los primeros lampiños vellos de sus barbas, tan solo querían lanzarse a la contienda para ser respetados entre los suyos; pues no había mayor honor para un cosaco que morir por su patria, la fe ortodoxa y que sus gestas fueran entonadas a pleno pulmón por sus bravos hermanos.

El vodka, fumar el famoso tabaco de rapé o las alocadas francachelas donde bailaban, reían y perdían todas sus pertenencias en alcohol era la constante en los campamentos cosacos, un sentimiento que Gógol ensalza hasta la saciedad para jactarse en palabras más directas, de la superioridad rusa frente a la pompa polaca de la época, donde el sentir caballeresco del XIV había parecido inundar de nuevo las cortes palaciegas de Cracovia para hacer mella y resucitar los vetustos placeres y mitos de los caballeros del medievo.

A la postre, este breve relato nos demuestra entre patriotismo, fe ciega y odio al infiel, un pequeño atisbo de la sociedad rusa del momento y de la dureza tanto de su propio país y territorio, como de sus voraces y múltiples enemigos. Así pues y como dijo Vegecio, escritor romano del siglo V: en tierras fuertes nacen hombres rudos, aptos para la batalla, en tierras débiles, nacen hombres que tal vez sirvieran para otros cometidos como la diplomacia o el funcionariado. La esencia que Gógol transmite de estos hombres le infunde orgullo y respeto al mismo tiempo, y es lo que intenta extrapolar al lector, se enorgullece en desmedida de un sentimiento que ha llegado hasta nuestros días gracias a las narraciones de esos escritores rusos, que nostálgicos perdidos, quisieron honrar y homenajear a esa vieja patria, tan añeja y gloriosa a través de unos hombres que en su mayoría pertenecían a las clases bajas, retratando esa sempiterna lucha entre la riqueza, la pobreza, el perfecto ideal de honestidad campesina o el golpe de talonario para conseguir chanzas sin esfuerzo aparente.

Parafraseando a Tólstoi, seguiré la estela de orgullo que hicieron suya autores de esta guisa, mostrando como ese sentimiento de libertad y revolución contra la opresión que tanto caracteriza a los rusos hizo mella en el escritor, diciendo así: la revolución no escoge sus caminos: hizo sus primeros pasos hacia la victoria bajo el vientre de un caballo cosaco. Como vemos, el profundo sentimiento de libertad y hermanamiento entre los cosacos, definió el sentir colectivo de una nación que gracias a la proyección de hombres ilustres y humanistas consiguió mantener viva la llama de unos hombres que podrían considerarse amantes empedernidos del peligro, la fe y la patria.

 

En colaboración con| Mundo Histórico

Vía| Gógol, Nikolai, Mírgorod, Editorial Alba, 2004.

Imágenes| Carta de los Cosacos.

En QAH| ¿Por qué la estupidez, Erasmo?, Los Goliardos medievales: ¡Es un tiemo alegre jóvenes!

 

RELACIONADOS