Historia 


Tanga: por un puñado de abejas

Von Lwettow-Vorbeck

Von Lwettow-Vorbeck

La tardía unificación de Alemania la hizo perder la carrera de las colonias y únicamente pudo acceder a las migajas que le dejaron.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, el Plan 1905 germano hizo concentrar a Gran Bretaña todos sus esfuerzos en Bélgica y Francia, dejando la liquidación de las colonias germanas a Japón en el Pacífico y a tropas de segundo orden en el caso de África.

El África Oriental Alemana (actual Ruanda, Burundi y algo de Tanzania) no fue tomado en cuenta hasta octubre de ese año. Es entonces cuando se prepara una expedición compuesta de 8000 hombres bajo el mando del general Aitken.

Esta fuerza ya partía con claras deficiencias que iban a traducirse en un rendimiento dudoso en combate: los hombres que la componían hablaban doce lenguas y profesaban seis religiones diferentes, los oficiales ni habían servido con sus hombres ni conocían su idioma y se unieron a ellos durante su embarque. Pese a haber usado, con magníficos resultados, la ametralladora por primera vez, los ingleses consideraban que reduciría la combatividad de sus unidades indígenas, por lo que no dotaron con esa nueva arma a las mismas.

El general Aitken, bajo cuyo mando estaba la expedición, embarcó rápidamente a sus hombres y los mantuvo en los navíos hasta que estos zarparon dieciséis días  después: las condiciones climatológicas impidieron que lo hicieran antes. Así, los hombres sufrieron vómitos y diarreas, y la moral se resintió notablemente, haciendo que los hombres se pelearan entre sí.

Para colmo, los problemas de seguridad camparon por sus fueros: los oficiales etiquetaron sus equipajes como “Fuerzas Expedicionaria India B, Mombasa, Africa Oriental”. Así, cuando las unidades partieron de la India, su destino era vox populi. Y, ya como colofón, los británicos usaron como mapa de situación las hojas arrancadas de un atlas escolar.

Frente a ellos, los askaris (auxiliares nativos) de Lettow-Vorbeck estaban nutridos de los guerreros de las tribus wahehe y angoni, grandes conocedores del medio y profusamente entrenados por sus oficiales alemanes. La prueba final de ese entrenamiento consistía en acertar a un blanco situado a 500 metros, nada menos.

Askaris (auxiliares indígenas): conocían el terreno, estaban bien adiestrados y eran los guerreros de sus tribus.

Askaris (auxiliares indígenas): conocían el terreno, estaban bien adiestrados y eran los guerreros de sus tribus.

Tres puertos en el Africa Oriental Alemana era candidatos a ser atacados: Dar es Salaam (el principal y más lógico), Tanga y Lindi. El primero había sido bloqueado hundiendo un buque en su bocana, lo que dejaba sólo a los otros dos como objetivos.

El 2 de noviembre de 1914, la fuerza de invasión se presentó frente al pueblo de Tanga y echó anclas alejada del puerto. El capitán del crucero HMS Fox, Caufield, se acercó en una chalupa hasta el embarcadero y se entrevistó allí con el alcalde del pueblo, Herr Auracher, que informó al británico de que era reglamentario minar el puerto en caso de guerra.

Creyendo que las aguas estaban plagadas de minas, convenció a Aitkens de desembarcar un kilómetro y medio al sur de Tanga. La zona resultó ser un manglar, pero el incompetente general, prefirió continuar allí y, a lo largo de la noche, se procedió a descargar los pertrechos.

Los hindúes habían oído contar historias de canibalismo y de la crueldad de los germanos, lo que hizo que el nerviosismo se extendiera y se llevara a cabo más de un disparo sobre tropas amigas.

Durante dos días, los británicos permanecieron en el lugar sin realizar exploración alguna y, el día 4, se ordenó que se formara una línea de batalla constituida por el 63 de infantería ligera de Palmacotta, el 61 de zapadores y el 13 de Rajputs, de la brigada bengalí. Los hombres calaron bayonetas y avanzaron por el manglar con el agua hasta las rodillas y serpenteando entre los árboles bajo la dirección del general Tighe.

Batalla de Tanga.

Batalla de Tanga.

De repente los askaris de las schutztruppen (compañías) 7 y 8 aparecieron de la nada y rechazaron el avance bengalí que sufrieron 300 bajas ante los escasos 250 enemigos.

Al día siguiente, Aitkens hizo desembarcar su reserva en una atestada cabeza de playa, y unió sus unidades de primer orden (los north Lancashire y los gurkhas) a unas desmoralizadas tropas formando, de nuevo, una línea de batalla con la bayoneta calada.

Lettow-Vorbeck había dispuesto a sus hombres a lo largo de un dique a 300 metros del pueblo en un complejo de trincheras entre las que distribuyó las ametralladoras de las que disponía.

Las schutztruppen 4, 7, 8 y 13 se desplegaron allí y contra ellas chocó la línea británica. Los hindúes huyeron a la primera de cambio pero los gurkhas rompieron las líneas germanas y entraron en el pueblo.

Un combate cuerpo a cuerpo se desarrolló entre los askaris y los gurkhas, machetes contra kukris. En otro lugar, el 101 de granaderos de Bombay era aniquilado.

El contraataque de las 4 y 13 schutztruppen contra los gurkhas que habían entrada en el pueblo, dejó descubierto el flanco izquierdo alemán, el cual estaba amenazado por los Lancashire (que sí disponían de ametralladoras). Su petición de fuego de apoyo desde los barcos fue desoído. No obstante, los askaris se habían quedado casi sin munición y su situación era desesperada.

800 askaris y menos de medio centenar de europeos componían las fuerzas iniciales de Lettow-Vorbeck, el impass de dos días entre el 2 y el 4 de noviembre le permitieron trasladar a Tanga dos compañías de askaris más.

800 askaris y menos de medio centenar de europeos componían las fuerzas iniciales de Lettow-Vorbeck, el impass de dos días entre el 2 y el 4 de noviembre le permitieron trasladar a Tanga dos compañías de askaris más.

Fue entonces cuando uno de esos factores impredecibles que pueden trastocar la suerte de un combate entró en juego: los bordes del pantano estaban poblados de árboles secos de cuyas ramas colgaban multitud de colmenas de abejas africanas en grandes cestas fusiformes que los nativos habían puesto al efecto. Los disparos habían alterado a las abejas, y densas nubes de insectos atacaron a los desprotegidos británicos que avanzaban.

La furia de sus picaduras hizo huir a los soldados que corrieron hasta sumergirse en las aguas del mar de la cabeza de playa. Fue sólo entonces cuando Aitken ordenó bombardear Tanga, pero la mayoría de los proyectiles cayó sobre sus propias tropas o en el hospital, repleto de heridos británicos.

Tras la batalla, los alemanes contabilizaron sesenta y nueve bajas, entre muertos y heridos (15 europeos y 54 askaris) mientras los británicos dejaron atrás 800 muertos y otros tantos heridos y desaparecidos.

La flota levó anclas y arrumbó a Mombasa donde, para colmo del esperpento, no se le permitió entrar por no haber pagado el impuesto del 5% sobre ad valorem.

En colaboración con QAH| Historia Rei Militaris.
Vía|Rodrigo, Rafael; La Primera Guerra Mundial en Africa. Galland Books, Valladolid 2016.
Imagen|Lettow, askaris, batalla de Tanga, 800 askaris.

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