Cultura y Sociedad 


“Super Thursday”: una bolsa llena de libros

El fenómeno de importar costumbres ajenas parece no suponer un problema para la identidad de un país cuando de incrementar las ventas se trata. De la misma manera que ha sucedido con tradiciones americanas como Halloween, San Valentín, o más recientemente el “Black Friday”, el ingenio europeo en cuestiones de marketing con el “Super Thursday” inglés, también comienza a extenderse. El primer jueves de octubre, el “súper jueves” como se traduciría en castellano, es el día clave para la industria británica del libro independiente en una semana en la que ésta saca al mercado más de mil publicaciones. Sólo durante esta jornada las pequeñas editoriales ponen a la venta 315 títulos nuevos.

A pesar de las discrepancias en el origen de la idea –instaurada por primera vez en el año 2008- la mayoría de testimonios atribuyen su autoría a Philip Stone con un objetivo claro: atraer al lector con una multitud de ejemplares diferentes en la competición de aquí a Navidad con otro tipo de regalos.
Esta campaña pone a prueba a las librerías donde escasea el espacio y aflora la competencia por una mayor visibilidad de las portadas y a los propios editores minoristas. Por este motivo, en esta edición, la asociación de editores del Reino Unido (Booksellers Association) ha elaborado una estrategia de promoción en la que a través de las redes sociales –ya indispensables en la búsqueda del consumidor- animan a la compra a los ávidos lectores bajo el lema de Tracey Emin: “Books are my bag”. En las librerías, además de adquirir los libros, por una pequeña cantidad los clientes pueden hacerse con una divertida bolsa de tela en la que está serigrafiada la frase y, posteriormente, fotografiarse con ella para, si se quiere, compartirla en las distintas cuentas online que la asociación ha creado para ello. Indagando en estos perfiles sociales, encontramos a personajes famosos, políticos, académicos o intelectuales que han apoyado esta acción, como por ejemplo, a la recién premiada con el Nobel de la Paz, Malala Yousafzai. Entre estas imágenes se insertan las de los anónimos leedores.

 

Bolsa Tracey Emin Books are my bag

Bolsa Tracey Emin Books are my bag. Fuente: www.booksaremybag.com

Además de estas bolsas para portar libros, se han fabricado camisetas, marcadores de páginas con el eslogan de Emin para regalar con cada venta y unas divertidas banderolas y globos para decorar el interior y los escaparates de las librerías, que atraen la atención de todo el que entra en ellas. También los editores han habilitado una web donde se puede descargar un completo manual corporativo con los logotipos y con las instrucciones para sumarse a la causa. Por su parte, los libreros han organizado eventos paralelos como fiestas, lecturas abiertas al público, almuerzos y talleres, hasta que finalice la campaña.

 

Instrucciones Books are my bag. Fuente: www.booksaremybag.com

Instrucciones Books are my bag. Fuente: www.booksaremybag.com

 

Librería de Arundel (U.K.). Imagen propia.

Librería de Arundel (U.K.). Imagen propia.

 

La lectura es sobre todo una experiencia y las experiencias también necesitan ser promocionadas; no siempre basta con compartirlas mediante “el boca-oreja” cuando de recomendar un libro se trata. Al igual que Shakespeare y otros autores se servían del teatro o de otro tipo de representaciones para dar a conocer sus textos, en una época en la que la oferta de títulos es inabarcable y existen multitud de estímulos para ocupar los ratos de ocio, los editores tienen que ingeniárselas para conquistar los ojos de quienes se atreven a disfrutar pasando páginas.

Hasta que pase Navidad no sabremos el éxito en cifras de ventas pero de momento, podemos ver parte de él en algunos ejemplos de la implicación de los lectores quienes de forma creativa –como suele pasar en la red- se han apropiado del “Books are my bag”.

 

Tarta Books are my bag. Fuente: www.booksaremybag.com

Tarta Books are my bag. Fuente: www.booksaremybag.com

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