Patrimonio 


Sueños egipcios. Concepción e interpretación

Un ámbito en ocasiones abstracto como el de los sueños invadía en el Egipto faraónico aspectos relevantes y diversos de la vida cotidiana, guardando especial relación con el inframundo, la muerte y el renacer.

El Libro de los Sueños en un fragmento de papiro

Libro de los sueños en un fragmento de papiro

Primordialmente, los sueños eran interpretados como una puerta hacia otra dimensión; más bien un enlace directo entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Su crédito era tal que los propios egipcios no hablan en sus textos de “soñar”, sino de “ver en sueños”. El Libro de los sueños recoge bien esta concepción. Contiene una clasificación mediante listas de “sueños buenos” y “sueños malos” –o pesadillas– y su interpretación, profundizando mucho más allá de lo psicológico y empleando juegos de palabras, analogías y simbolismo. De significado a veces obscuro para nuestra mentalidad, en ellos siempre figuran personas, espacios, objetos y acciones familiares para el sujeto, o al menos imaginables por este.

La literatura, a través de la arqueología, es la que más información nos ha legado acerca de los sueños. Muestra su todavía vigente carácter profético –oniromancia–, realmente una mínima parte del verdadero alcance de lo onírico. Como herramienta literaria, los sueños han servido de argumento o justificación en diversas obras. Contamos con episodios oníricos en el popular Cuento de Sinuhé, adaptado a la literatura actual por el finlandés Mika Waltari, o el relato del Campesino elocuente y las Enseñanzas de Ptahhotep. Muy atractivo resulta el uso de los sueños para evocar lo efímero de la vida terrenal mediante personajes que narran desde el inframundo su existencia entre los vivos. Nos hallamos ante uno de los primeros testimonios del afamado tópico “la vida es sueño” o incluso un antecedente del memento mori, sin olvidar el gozo y percepción positiva de los egipcios por la vida.

Estela del Sueño, a los pies de la Esfinge de Guiza

Estela del Sueño, a los pies de la Esfinge de Guiza

Asimismo, los sueños llegaron a servir como instrumento político. Los monarcas se hacían retratar interactuando con deidades en sueños para legitimar su autoridad como únicos seres capaces de tratar con dioses. El caso más célebre quizá sea el de Tutmosis IV (1400-1390 a. C.), narrado en la Estela del Sueño. Este recurrente tipo de sueños en que el dios vaticina el provenir del faraón, lo aconseja o protege y lo ayuda en sus campañas han sido objeto de estudios que ofrecen varias interpretaciones siempre a favor de reforzar la autoridad real. Resulta llamativo que mientras las obras literarias evidenciaban su carácter ficticio, las oficiales, empleando recursos similares, pretendían justificar hechos reales.

El dios Bes, caracterizado por su apariencia grotesca para espantar todos los males

El dios Bes, caracterizado por su apariencia grotesca para espantar todos los males

Por su parte, las pesadillas, como todo lo pernicioso, se asociaban a Seth, deidad que favorecía la penetración de demonios y enemigos nocturnos. No obstante, para su estudio no se dispone de amplio registro arqueológico ni fuentes escritas. Existe un importante número de hechizos, fórmulas –como los textos de execración, también con fines políticos– y amuletos para repeler las pesadillas plasmados con cierta reticencia sobre materiales perecederos. Y es que no era recomendable verbalizar esos males, pues la palabra oral o escrita les otorgaba la existencia y perpetuidad entre los vivos. Las narraciones de buenos sueños, en cambio, se tallaban sobre material resistente para durar eternamente.

Contra estas pesadillas se ejecutaban purificaciones con sustancias aromáticas, se encendía fuego para alejar la oscuridad o se recurría directamente a deidades. Si bien los egipcios no contaban con un dios del sueño propiamente, pese al vasto panteón egipcio, podían encomendarse, por ejemplo, al muy popular y peculiar dios Bes.

Son, en definitiva, mil y una formas de comprender el subconsciente, tal vez hoy obsoletas. Pero no podemos negar hallar en ellas un reflejo de nosotros mismos. No es tan distinto rezar una oración, abrazar un peluche o desear buenas noches antes de dormir.

 

Vía| Kasia Szpakowska (1997): Dreams and Nightmares in Ancient Egyptian Thought; Kasia Szpakowska (2007): Nightmares in Ancient Egypt.

Más información| Luigi Prada (2011): Classifying Dreams, Classifying the World: Ancient Egyptian Oneiromancy and Demotic Dream Books, Libro de los sueños (en inglés).

Imágenes| British Museum, PBS.org, Wikimedia Commons.

En QAH|  La muerte en el Egipto Faraónico (I): El mundo de las creencias, La muerte en el Egipto Faraónico: El proceso de momificación (II)La muerte en el Egipto Faraónico: El Funeral (III), Tekenu: incógnita de la iconografía egipcia.

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