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Soñar despiertos

¿Cuántas veces esperamos a estar dormidos para comenzar a soñar?, ¿cuántas? Lo hacemos sabiendo que es sólo un sueño, una hipótesis, algo imaginario… una historia que se queda en el subconsciente, en el mundo irreal que no forma parte del nuestro.

Pero, ¿qué ocurriría si nos atreviéramos a soñar despiertos? Si dejásemos volar el corazón y nuestras ilusiones en nuestra propia cotidianidad, en un mundo en el que sí es posible construir nuestro sueño, hacerlo realidad.Soñar despiertos

Basta con enfocar la mirada. Descubrir qué es lo que me hace ponerme en pié cada mañana, lo que ocupa mi pensamiento, lo que hace vibrar a mi corazón. Prestar atención a aquello que toca lo más profundo de mi mismo, que me quema por dentro y me lleva a descubrir quién soy.

Basta con escuchar. Notar cómo, cuando le dejo salir a flote, mi sueño toca insistentemente a mi puerta. Impresiona darse cuenta. Escuchar las palabras que pone en boca de otros, la manera de hacerse presente en mi vida, el ruido que puede llegar a hacer en mi interior si -de verdad- dejo que resuene por dentro.

Basta con confiar. Tener fe en tus emociones y en tus buenas intenciones. Dar valor a lo pequeño. No dejarse arrastrar por lo perfecto, ni esperar a tenerlo todo para comenzar a hacer algo. Caminar poniendo la mirada en la cima, pero nuestro pié en la siguiente roca más cercana.

Basta con dejarse acompañar. Transmitir y contagiar tu sueño. Rodearse de personas que alimenten tu espíritu. Aquellas que te den aliento cuando te falten las fuerzas. Aquellas capaces de regalarte un abrazo que acoja tus inseguridades y aparque todas tus dudas. Aquellas dispuestas a implicarse y construir puentes de esperanza.

Y, si aún no lo has probado, atrévete a enterrar tus miedos. Empieza a colorear tus días grises y ¡sueña!. El momento es ahora.

Basta con creer en los imposibles, poner tu luz en ellos.

Imagen| Soñar despiertos

En QAH| Si sueñas, creas

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