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¿Son seguros los programas informáticos de código abierto?

Los programas informáticos de “código abierto” permiten el acceso de cualquier tercero a su código de programación, de forma que cualquier usuario puede introducir modificaciones en su software. Estos programas son gratuitos y la mayoría ofrecen las mismas prestaciones que los de “código cerrado”.  Alguno de los programas de “código abierto” más populares son el navegador de Internet “Firefox”, el paquete de ofimática Open Office y los sistemas operativos Android (desarrollados por Google) y Ubuntu (vinculado al núcleo de Linux).

photos-315170El concepto de “código abierto” está vinculado al de “trabajo conjunto” que se deriva de la filosofía del “crowdsourcing”, que nace con la llegada de la web 2.0 y hace referencia a la realización de un trabajo o acción en grupo a través de una convocatoria abierta en la red a la que se pueden unir tantas personas como quieran porque todos los usuarios de la web tienen el poder de crear, compartir y difundir información.

En el caso de los programas de “código abierto” este trabajo conjunto se concreta en el desarrollo de programas informáticos. Al brindar a la comunidad el acceso al código de programación, cualquiera puede colaborar aportando soluciones para eventuales fallos, incrementando su usabilidad y mejorando o modificando el programa a nivel general. Algo que suena idílico, pero que también tiene su lado oscuro.

En fechas recientes los programas de “código abierto” han adquirido una gran notoriedad por la publicidad que se le ha dado a la detección de un agujero en la seguridad en uno de ellos.  Un agujero localizado en la barra de navegación de uno de estos programas que ha permitido acceder a un número indeterminado de piratas informáticos (hackers) a las contraseñas de correos electrónicos y de tarjetas de crédito de millones de usuarios. Uno de los fallos de seguridad más graves de los últimos años que ha obligado a esos millones de usuarios a cambiar sus contraseñas y ha evidenciado los riesgos que el uso de estos programas puede entrañar.  Porque el acceso libre al código de programación de un software instalado en millones de ordenadores también conlleva sus riesgos y este último robo de datos así lo demuestra.

Para el usuario de a pie, todo lo anterior se reduce a una cuestión mucho más simple: los programas de “código abierto” son gratuitos, se optimizan de forma constante y ofrecen unas prestaciones y usabilidad semejantes a los de “código cerrado”, aunque al ser de libre “manipulación”, no existe un responsable final en caso de quiebras del sistema.  Responsable que en los programas cerrados, aquellos por cuya instalación y uso pagamos una cantidad y que son inalterables por el usuario, tenemos claramente identificado en caso de surgir algún problema o producirse algún fallo de seguridad.

La decisión final entre uno u otro, como siempre, está en manos del usuario.  Los proyectos colaborativos como este dependen de la buena fe y la responsabilidad de todos y cada de sus participantes.  En este tipo de proyectos la confianza es la única garantía. Pero quizás, todavía no estemos preparados para fiar a la confianza decisiones con repercusiones de este calado.

¿Tú qué opinas?

Por Juan Canut

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