Coaching y Desarrollo Personal, Reflexiones 


Somos cortinas de humo

Ocho botones, abrochados de abajo a arriba, desde la cintura hasta el cuello, puntos que cierran la cicatriz que enjaula a tu alma, acompañados de un lazo de seda, suave pero mortal, que asfixia tu cuello de forma elegante, un brazo que emerge de la nada y se lanza hacia tu cabeza como la garra de un animal que está hambriento, unas uñas sofisticadas que arañan tu piel y cubren a tu verdadero ser, desterrándole a la privacidad, a la soledad, a la mirada crítica de una sociedad que se alimenta de las desgracias y los celos de los demás.

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Somos cortinas de humo

Así es cómo funciona el mundo, a través de los ojos de los perjuicios, de la envidia, del egoísmo, venenos que se solapan con las apariencias, con las máscaras de cartón piedra que cubren los rostros de las personas, con palabras vacías cargadas de altanería, pero cuándo se venció al ingenio con petulancia, cuándo el silencio se volvió infame, la ignorancia tan sólo es un síntoma de lo mucho que aún le queda por descubrir a uno, por aprender, por crear. Vivimos rodeados de cortinas de humo, con un miedo constante a qué pensarán de uno mismo, a cómo se verá en ojos ajenos, cediendo nuestra personalidad, nuestra manera de ser, a los cumplidos sin sentimientos de os extraños de nuestro entorno.

Y nos resulta normal, cotidiano, vestirnos para los demás, actuar para los demás, hablar para los demás, sin saber que alguien nos pide a gritos que dejemos de ser las marionetas de un sistema obsoleto en el que uno vive para trabajar en un futuro, pero pierde su futuro trabajando en el presente.

Quizá si tan sólo nos callásemos por unos segundos, quizá si fuésemos capaces de oír más allá de nuestro ego, podríamos escuchar las palabras de nuestra conciencia advirtiéndonos del error que estamos cometiendo continuamente al dejar de ser como realmente somos, cubriéndonos con elegantes trajes y vestidos, brillantes zapatos y sedosos accesorios, adornos que sólo se compran para vendernos ante la sociedad en una subasta innecesaria.

No somos productos, no tenemos precio, ni fecha de caducidad, ni etiquetas de calidad o denominación de origen, una persona que se construye a sí misma no depende de la sociedad, se crea como resultado de todo cuanto ha dado en su vida por los demás, de sus servicios.

Un persona se crea a partir de las cenizas de una cortina de humo deshecha.

@Jota_PrietoAbia

Imagen| Pixabay.

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