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¿Somos adictos a la tecnología?

La tecnología de consumo es seguramente el campo más dinámico de todos los que existen en el mundo. Quizás la industria armamentística -que al fin y al cabo es pura tecnología- sea la única que le puede hacer sombra. Lanzar la vista atrás diez, doce años, cuando se habla de dispositivos tecnológicos, smartphones, vehículos, ordenadores, portátiles, tablet… es como retroceder a la edad de las cavernas. Los productos tecnológicos se ajustan como un guante a las ‘necesidades’ del consumo desenfrenado y en ellos se vuelcan dosis enormes de ingenio, trabajo y recursos publicitarios.

smartphone-312816_640Como dice José Lázaro: “la tecnología se parece mucho un amigo traidor”. Son instrumentos que prometen servirnos la felicidad en bandeja, sin levantarnos del sofá, pero que tarde o temprano nos dejan con un poso de amargura; o peor aún, obsesionados por el siguiente artilugio electrónico que queremos comprar sin saber bien para qué sirve.

 

Resulta innegable el embrujo que rodea a esta industria, la fascinación con la que se vive el progreso. Detrás del diseño futurista del último teléfono móvil se encuentran las mentes más brillantes del Globo. Ante tanto talento y exhibición técnica solo queda salir corriendo a la tienda o empezar a ahorrar si la economía familiar no da más de sí. Porque, si lo de “fascinante” alguno lo podrá poner en duda, es indiscutible que para seguir este ritmo hay que tener dinero.

Cuando uno se entera de que hay gente que es capaz de pasar la noche entera en la calle para, a la mañana siguiente, ser el primero en desayunar en compañía de un móvil de última generación, lo primero que se pregunta quién es quién es aquí el “señor” y quién la “herramienta”. Nos hacen  la vida más fácil o nos convierten en esclavos de un ente superior.

El aluvión de novedades tecnológicas genera ansiedad, hasta una ligera tristeza por ser conscientes de que no lograremos seguir el ritmo por mucho tiempo. Junto a estos problemas relacionados con momento de la adquisición de un nuevo producto existen otros derivados de su uso. El ‘arsenal tecnológico’ que tenemos en casa puede impedir cualquier intento de concentración en un hobby, interrumpir conversaciones íntimas o, ya en el trabajo, ‘dinamitar’ una reunión por varios flancos.

Hasta las normas mas elementales de educación han sucumbido ante el embrujo y las promesas de ‘fenomenales y urgentísimas noticias’ que siempre parecen traer un teléfono sonando. Se diría que para pulsar la tecla de “apagado”, hoy, hay que ser un intrépido, casi un loco.

Y tú ¿qué opinas?

Por Miguel Olalquiaga

 

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