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Soltando nudos

Bajo el primaveral soplo de aire fresco, me pregunto quién queda aún bajo las mantas del invierno. Quién quedó anclado al frío y se resiste a dejarse impregnar por el olor a flores de las calles. Quién no se atrevió a respirar nuevas sensaciones que nos invitan al cambio. Quién invirtió los días invernales en atar nudos, tantos que ahora le impiden caminar hacia el estío.

Me inclino mejor a pensar que, bien comenzada la primavera, hemos ido destapándonos durante este tiempo. Hemos salido del confort del edredón, de la suavidad de la bufanda, del calor de los calcetines de lana y estamos resueltos a pisar suelo firme. Que el deshielo nos ha llevado a dejar fluir, a una ligereza en la entrega, a un andar descalzos, a desnudar la coraza y a soltar nudos.Soltando nudos

Con esmero, bien atada quedó la culpabilidad en el invierno. El reproche por no haber logrado mis metas hacía fuerte aquel nudo. Envuelto en constante castigo, me impedía progresar. Toda atención puesta en ello: en no permitir perdonarme, en intentar justificar lo inexcusable, en alimentar el odio hacia mí misma. Una repetición constante en mi mente, para no olvidar cuánto hice como no quise. Cuánto, simplemente, dejé de hacer.

Y ahora, en plena explosión de la primavera, me niego a seguir atada a ella. La culpabilidad la dejo a un lado. Los lamentos se acabaron. Todo aquello que me agobia lo voy a vivir desde la alegría, haré una fiesta de cada día.

Dejaré salir todos los planes que no caben en mi agenda y no me sentiré mal por ello. Me permitiré no ver a todas las personas que quiero en un fin de semana porque, en su lugar, decidiré invertir un día entero con cada una de ellas. Entonces, podré escucharles sin prisas y entregarme sin cronómetro.

Recordaré cuánto no hice pero no para condenarme a mi misma, sino para construir nuevos puentes que me ayuden a lograr aquello que no supe alcanzar. Invertiré toda mi energía en levantar mis pies anclados y ponerme en marcha. No seguiré malgastando más tiempo en contemplarme paralizada, aunque no sepa a dónde dirigirme. Quizás esta vez no me importe y entienda que para alcanzar el futuro basta con dinamizar el presente.

Sin ansias por alcanzar el destino en tiempo récord, me permitiré disfrutar de las vistas durante el viaje. Me regalaré flexibilidad en el camino para descubrir los tesoros escondidos. Aquéllos que me fascinen tanto que me hagan incluso cambiar de dirección en el sendero. Me permitiré aceptar que, quizás, la opción por la que un día opté no es la que hoy me hace ser feliz. Encontraré la valentía para apostar por vivir aquello que de verdad haga sonreír a mi alma.

Y, por encima de todo, elijo vivir sin prisas porque el ahora ya es eterno. Prefiero poner todo mi ser en saborearlo, sin miedo a pensar que me esté perdiendo algo fuera de él. Respirar con la confianza de que justo aquí es donde debería estar. Nadie me espera en otro sitio, mejor dicho: yo no me espero en otro sitio que no sea este presente.

Y así, sin darle cuerdas al reloj, convertiré Mayo en un mes inagotable. Donde, dejando el tiempo a un lado, recuperaré –de otro modo- todas las horas que sentí que había perdido.

 

Imagen|Soltando nudos

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