Cultura y Sociedad, Reflexiones 


¿[email protected] o en equipo?

“No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra”, dijo una vez Mahatma Gandhi.

Siempre representa un desafío individual y social luchar contra la vanidad y el egoísmo. Vivimos en tiempos donde mostrarse como una celebridad despierta un particular interés y hoy las redes sociales lo magnifican a escala planetaria.

¿Por qué darle espacio a otro si me puedo lucir yo? ¿En qué me beneficia que armemos este proyecto juntos si luego tendré que dividir las ganancias? Y podría seguir ejemplificando con preguntas que muchas veces se dicen en el inconsciente e increíblemente -en determinadas situaciones-, se plantean en voz alta.

La naturaleza humana tiene, como suelen describir algunos, luces y sombras que se manifiestan de forma diversa. El “sálvate solo porque nadie lo va a hacer por vos” es un triste lema que se expresa y sobrevuela diversas situaciones.

Ir contra la corriente, nunca ha sido sencillo. Luchar contra molinos de viento muchas veces genera rechazo y frustraciones. Pero ¿acaso no estamos en esta vida para transformarla? La rutina muchas veces rompe esa energía espiritual y la apaga, haciéndonos olvidar esos maravillosos sueños de niños. Lo mejor de la niñez no es solo la capacidad que uno tiene de imaginar y soñar sino, sobre todas las cosas, la infinitud en ese soñar, donde no hay límites, ni barreras, ni prejuicios.

Quien decide romper con esta cultura individualista muchas veces atraviesa importantes sinsabores. Uno de ellos es: “el que hace se equivoca”. Más de una vez el hacer, trae aparejado que aquel que no hace ni se le ocurre nada, luego reproche por qué no fue participado/a. Hacer muchas veces implica un esfuerzo aún mayor de el que está en estado de observancia, dado que requiere construir consensos, buscar puntos intermedios que permitan concretar el objetivo planteado y a su vez, tener en cuenta la mayor cantidad de actores involucrados en la temática. De allí, que dada la variedad de aspectos que hay que tener en cuenta, el margen de error es por demás relevante.

Debo decir que desde los 13 años armo equipos, en su momento en la Iglesia, luego en asociaciones civiles, fundaciones, sector privado y público y puedo coincidir en que las situaciones que vengo describiendo se dan en todos estos ámbitos en mayor o menor medida.

La clave radica en la confianza interior de lo que uno hace es distinto y muchas veces se complementa con el otro, no hay competencias de conocimientos y destrezas, hay complementariedad en la diversidad. Cada uno tiene una experiencia y conocimiento que enriquece al otro. De allí que cada opinión y valoración al momento de trabajar en equipo es importante, aunque ninguna de ellas quede plasmada íntegramente, ese diálogo genera una síntesis superadora de acción única e innovadora. Cuando esa sinergia colaborativa se alcanza, para ese equipo no hay nada imposible. Todo se logra. Y cada uno consigue mucho más que si hubieran intentado hacer algo por separado. De allí radica nuestro ser social, en que como individuos no podemos ser súper hombre o súper mujer. Necesitamos del otro.

La clave para despertar esa cultura de equipo y complemento está en el líder. Quien debe saber leer los tiempos y escenarios que se vienen, conocer a cada uno de los integrantes de su equipo y despertar o fortalecer aquellos talentos haciéndolos fusionar en un resultado óptimo para la organización, así como para cada uno de sus miembros. Donde cada uno brille sin opacar a nadie.

* Imagen| invertax.com
* En QAH|El Liderazgo, motor de todo cambio

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