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Sócrates: muerte por democracia

La primera de las grandes condenas injustas de la que tenemos constancia, data del año 399 a. C. Merece la calificación de injusta no sólo porque fuera el gran Sócrates quien perdió la vida, sino también por que fue en la época de la esplendorosa Atenas, paradigma de la democracia perfecta, de la virtud y de la justicia basada en la participación del pueblo en la política, en la que se produjo la muerte de uno de sus mayores exponentes.

Para ponernos en antecedentes, trasladémonos a Atenas, cuna de la dialéctica y de la retórica, donde imperaban las enseñanzas de Sócrates quien sin embargo, sólo sabía que no sabía nada, precisamente, por este motivo, no divulgaba teorías concretas sino que sus enseñanzas se basaban en la máxima “conócete a ti mismo” y en el método mayéutico, que consistía en que fueran sus discípulos por sí mismos quienes a través de su propia reflexión alcanzaran la verdad.

Sócrates nunca transmitió su conocimiento por escrito, él se dedicaba a pasear por las plazas públicas entablando conversación con los ciudadanos con magistral empleo de la ironía, con la meta de profundizar en el aprendizaje moral del ciudadan0.

Sócrates

Sócrates de Atenas (470-399 a. C.)

Tales métodos tan singulares provocaron admiración y desprecio a partes iguales hacia la figura de Sócrates, quien convivía con las críticas de manera tan placentera como con las alabanzas, hasta que Meleto le acusó de corromper a los jóvenes y de falta de creencia en los dioses ancestrales.

Puesto que nos encontramos en la época dorada de la democracia ateniense, los juicios no podían dejar se ser democráticos, por lo que todos los años se elegían a 6.000 ciudadanos de entre las 10 tribus que componían la sociedad ateniense, que podían ser designados para ser miembros del jurado en los asuntos que lo requirieran. A cada uno de ellos se le entregaba una pieza de bronce denominada “pinakion” que llevaba inscrita su nombre y un sello oficial.

Para cada juicio, el jurado se componía de un mínimo de 201 miembros, aunque podía llegar incluso a los 2.001, siempre número impar para evitar empates en las votaciones, aunque en el juicio a Sócrates, el jurado estuvo conformado por 500 miembros. Los miembros del jurado fueron seleccionados el mismo día del juicio por medio del Kleroterion, que era un aparato con ranuras en las que se introducían los pinakion con los nombres de las personas previamente seleccionadas que podían se designadas para formar parte del jurado; luego, por medio de un sistema de bolas blancas y negras que se introducían por un embudo, se seleccionaban los nombres de las personas que iban a componer el jurado. De esta forma, los miembros del jurado no se conocerían hasta el último momento lo que evitaba sobornos y coacciones hacia ellos.

Si nos fijamos en la regulación actual contenida en la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado 5/1995, de 22 de mayo, observamos que el sistema de elección de los miembros del jurado para aquéllos procedimientos en los que es necesario su nombramiento, no difiere en exceso del previsto en la Atenas de Sócrates, pues según se establece en los artículos 13 a 23 de la LOTJ, cada 2 años se elige a los ciudadanos que pueden ser nombrados para ejercer las funciones de jurado durante ese período de tiempo si se dan los requisitos que establecen los mencionados artículos, de manera que se garantiza también el anonimato de los miembros del jurado hasta el día en que vaya a celebrarse la primera de las sesiones del juicio oral.

En el sistema judicial ateniense que juzgó y condenó a Sócrates, regía el principio acusatorio en su máxima extensión, entre otras cosas porque no existía la figura del Fiscal u órgano público semejante que pudiera acusar a los ciudadanos sino que era un derecho que pertenecía en exclusiva a los particulares. En nuestro Ordenamiento Jurídico actual el derecho a ejercer acciones contra otros ciudadanos también se recoge en el artículo 101 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en el que se recoge la regulación de la acción pública, sin embargo, existen otros mecanismos a través de los que se limita el sistema acusatorio clásico alcanzando un sistema intermedio que recoge lo mejor del citado sistema acusatorio y lo mejor del sistema inquisitorial propio de la Edad Media.

También existían en la época de Sócrates recursos para evitar la proliferación de las denuncias falsas, pues si menos del 20 % del jurado votaba culpable, el acusador debía pagar fuertes multas.

Kleroterion

Sócrates: muerte por democracia

Al contrario de lo que sucede en cualquier juicio oral actual en el que el acusado se limita a responder a las preguntas que le realiza la acusación, el juez o su letrado defensor, en el proceso judicial ateniense, más que de un juicio en sentido estricto, se trataba de un debate mantenido entre acusador y acusado, pues se otorgaba a éste libertad para realizar por sí mismo preguntas y desarrollar sus argumentos de defensa, de manera que se suplía con esta libertad de actuación del acusado la labor que actualmente desempeña el abogado defensor. Los turnos de intervención estaban acotados a 6 minutos aproximadamente que se medían mediante clepsidras (relojes de agua), lo que nos recuerda más a los debates parlamentarios en los que las intervenciones de los parlamentarios también están limitadas temporalmente y menos a los juicios en los que no hay limitación temporal en las intervenciones orales que tengan lugar.

Una vez terminaba el debate en el que consistía el juicio, el jurado procedía a votar. En el caso del juicio a Sócrates tuvo lugar una primera votación en la que el veredicto fue el de culpable por un estrecho margen, 280 a 220. Merece la pena detenerse en el sistema de voto del jurado pues también es peculiar. El voto era secreto y para preservar el secreto, se utilizaban unas piezas circulares llamadas prephos, cada jurado tenía dos: una con la varilla central maciza que era la que señalaba la inocencia y otra con la varilla central hueca que era la utilizada para señalar la culpabilidad del acusado. Por orden, uno a uno pasaban por delante de dos urnas, en la primera dejaban el veredicto y en la segunda la otra pieza, de manera que no se sabía cual se dejaba en cada urna.

Como decíamos, el resultado de la primera votación fue el de culpable, Sócrates debía morir por un estrecho margen de votos. Como era costumbre en Atenas, se ofreció a Sócrates la posibilidad de ofrecer una pena alternativa que sustituyera a la pena de muerte. En la actualidad nuestro Código Penal en los artículos 88 y siguientes también prevé la posibilidad de sustituir las penas privativas de libertad por la pena de multa o por la pena de trabajos en beneficio de la comunidad siempre que se cumplan los requisitos establecidos en la ley, por lo que he aquí otra similitud más con nuestro sistema procesal penal actual.

La pena alternativa ofrecida por Sócrates con su discurso cargado de ironía no satisfizo a los miembros del jurado quienes en una segunda votación eliminaron las dudas acerca del veredicto de culpabilidad, pues el resultado pasó a ser de 360 votos a favor de su condena a muerte y 140 en contra.

Muerte de Sócrates

#grandesjuiciosQAH

Una vez obtenido el veredicto, Sócrates fue conducido a la cárcel donde sería ejecutado a la mañana siguiente por medio de la ingestión de cicuta, el veneno que se utilizaba en la época para dar cumplimiento a los fallos de las sentencias.

En la última noche que pasó Sócrates con vida, sus amigos, entre ellos Platón, sobornaron a los guardias y prepararon su huida pero Sócrates se negó pues consideraba que si huía se le tendría por culpable y además, no iba a poder vivir alejado de su amada Atenas. Por lo que al final la Cicuta fue paralizando su cuerpo poco a poco hasta que llegó a su corazón extinguiendo una de las mentes más brillantes de la humanidad.

De las últimas horas de vida de Sócrates cabe destacar su inagotable ansia de conocimiento pues contaban sus amigos que todo su afán en esos momentos era el de aprender a tocar con la flauta una melodía muy compleja, a lo que sus amigos sorprendidos le preguntaron por qué, en sus últimos instantes de vida se dedicaba a tan ardua tarea a lo que Sócrates contestó: “¿Para qué va a a ser? Para aprenderla antes de morir.”

Hasta la sociedad más democrática puede acabar con el más virtuoso, lo que nos enseña este proceso y su condenado es que no podemos permitirnos dejar de aprender porque tampoco podemos permitirnos dejar de mejorar en pos de la justicia. 

Vía| La plegaria de un pagano: juicio y muerte de Sócrates

Más información|Platón (2003). Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Volumen I: Apología. Critón. Eutifrón. Ion. Lisis. Cármides. Hipias menor. Hipias mayor. Laques. Protágoras. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-0081-6., Platón (2003). Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Volumen III: Fedón. Banquete. Fedro. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1036-5.

Imágenes| Sócrates, muerte de Sócrates, kleroterion

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