Derecho Mercantil 


Sobre las “Cláusulas Suelo” I

Actualmente se están interponiendo ante los Juzgados de toda España una ingente cantidad de demandas contra diversas entidades bancarias reclamando la nulidad de las cláusulas suelo de los préstamos hipotecarios. Sirva este artículo para explicar en que consisten (i) las meritadas cláusulas suelo; (ii) cual ha sido la postura del Supremo al respecto de la nulidad de las mismas y (iii) que implicaciones puede tener dicha doctrina jurisprudencial.

¿Son nulas todas las cláusulas suelo?

¿Son nulas todas las cláusulas suelo?

1.- Las cláusulas suelo:

Para entender que es una cláusula suelo es necesario entender como se fija el tipo de interés de los préstamos hipotecarios. O hablando mal y pronto: “qué te pide el banco que pagues por el dinero que te prestaron para comprar tu casa”. Pues bien, el precio que paga el prestatario hipotecario es el tipo de interés. Dicho tipo de interés puede ser fijo o variable; pero vamos a centrarnos en este último. Así pues, el tipo de interés es el resultado de la suma de dos componentes:

– el referencial, es decir, los costes de financiación medios que asumen las entidades financieras (normalmente el Euribor), que varía en el tiempo y cuya predicción es cuasi imposible.

– un margen, también denominado diferencial o spread, que es una cantidad fija determinada exclusivamente por la entidad financiera en el momento inicial de la relación del préstamo según su criterio.

A estos efectos, un ejemplo de tipo de interés sería el [EURIBOR + 0,5], de forma que lo que paga el prestatario es el tipo al que esté el EURIBOR en cada momento más el medio punto que establece el banco.

Adicionalmente, y aquí es donde entran las cláusulas suelo en juego, hace varios años se empezó a generalizar la práctica de establecer una cláusula por la que se limitase la variabilidad de los tipos. Esto es, dada la imprevisible fluctuación del MIBOR inicialmente y del EURIBOR con posterioridad, se decidió establecer unos límites tanto por abajo (tipo suelo) como por arriba (tipo techo), de forma que el tipo de interés a pagar por el prestatario no superase determinadas cantidades abusivas ni se redujese por debajo de cantidades poco atractivas para los bancos.

Así, el tipo suelo protegía al banco y el tipo techo al prestatario. A modo de ejemplo un prestatario podía estar pagando un EURIBOR + 0,5 con un tipo mínimo del 3% y un tipo máximo del 12%. Tales guarismos no ofrecían mayor problema en épocas en las que el EURIBOR estaba fluctuando entre los 5 y los 7 puntos porcentuales.

El problema llega cuando, debido a las políticas monetarias de la UE (por explicarlo mal y pronto otra vez), el EURIBOR se reduce a tipos nunca antes imaginados.

En estos casos se daba la circunstancia de que aunque el EURIBOR estuviese al 0,5%, si el prestatario había contratado un EURIBOR + 0,5 y su suelo se encontraba en el 3%, el prestatario seguiría pagando el 3%, aunque conforme a Mercado podría estar pagando tan sólo un 1% (0,5 + 0,5).

Es entonces cuando muchos de los prestatarios se dan cuenta de que el “suelo” que fijaron es superior al tipo actual y que por mucho que baje el EURIBOR, el “precio“ que pactaron impide que las mensualidades de su hipoteca puedan seguir reduciéndose. Con lo cual, lo que en un principio se contrató a un tipo variable, se convierte de facto en determinadas ocasiones en un préstamos a tipo fijo. Consecuentemente empezaron a interponerse demandas contra las entidades bancarias en las que lo que se alega principalmente es el desconocimiento por parte del consumidor de las condiciones a las que se habían sometido, debido éste a una falta de formación financiera.

Vía| STS de 9 de mayo de 2013, Orden EHA 2899/2011

Imagen| Suelo, Suelo2

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