Neurociencia 


Sobre la conciencia de enfermedad

El estar consciente y la experiencia consciente pueden ser explicados por  modelos basados en el funcionamiento cerebral más proximal (relacionado con pautas de actuación neuronal). Sin embargo, todos convenimos en que la conciencia es algo más. Cuando decimos que alguien no es consciente de algo no solo hacemos referencia al conocimiento tácito sino a otros aspectos tan relevantes como las implicaciones de este conocimiento.

6-Latinos-contra-el-Alzheimer-aumentará-la-conciencia-de-la-enfermedad-de-Alzheimer-2-600x350Cuando nos referimos a conciencia del déficit o a conciencia de enfermedad es interesante diferenciar algunos aspectos de gran relevancia como la diferenciación entre la conciencia de los déficit cognitivos asociados a un trastorno mental o la conciencia de trastorno o enfermedad más relacionado con el concepto de autoconciencia y de concepción del yo, que utiliza mecanismos de defensa o autoprotección para eludir las consecuencias emocionales que conlleva la aceptación de ser sujeto afectado por una patología. En este sentido, es muy  importante señalar que tras el desarrollo de un trastorno mental el mejor predictor de la conciencia del trastorno no son los déficit cognitivos producidos por la enfermedad sino los rasgos de personalidad premórbidos.

Evidentemente el funcionamiento neuronal resulta un buen nivel de análisis para resolver ciertas preguntas pero otras quedan en el aire. Por ejemplo, resulta obvio que el conocimiento debe ser almacenado para ser utilizado posteriormente y que un sistema cuya función principal es la adaptación debe actualizarse constantemente. Muchos trastornos neuropsicológicos demuestran que la conciencia puede quebrarse o estrecharse y, en ocasiones, incluso dividirse, lo que posiblemente indique que no solo la función se ha visto afectada por la lesión sino la conciencia de la propia función. Autores como Edelman y Tononi señalan que esta “negación” del déficit tiene como finalidad el mantener la coherencia pero si esto es cierto plantean un “problema duro”: ¿por qué el sistema precisa mantener la coherencia y cómo lo hace?

Schacter  ha propuesto una explicación denominada de primer orden en la que se situaría el locus del daño en el nivel de los hipotéticos mecanismos o procesos subyacentes a la generación de experiencia consciente. Esto significa que una explicación de este nivel atribuiría las disociaciones a una alteración de la conciencia y no a una alteración de la función. En una explicación de segundo orden  no se apelaría a alteración en los mecanismos responsables de generar experiencia consciente, sino a fallos en la propia función dañada.

Este planteamiento llevó a Schacter a presentar un modelo conocido con el acrónimo de DICE (Dissociable Interactions and Conscious Experience) . La idea central de este modelo es que en alguna fase del procesamiento (relativamente tardía) la información entra en contacto con un sistema que produce experiencia consciente. Este sistema debería diferenciarse de los sistemas modulares que operan sobre la información de cada dominio específico (lingüístico, mnésico, perceptual, etc). Por consiguiente:1) las experiencias conscientes dependen  da la acción de un mecanismo específico, el “sistema de experiencia consciente” (SEC) que interactúa con mecanismos modulares que procesan y representan diversos tipos de información, 2) de la interacción entre SEC y un módulo concreto resultará un tipo concreto de experiencia consciente, 3) la información que no  tiene acceso al SEC  puede afectar, a través de una ruta directa, a los sistemas de respuesta generando conocimiento implícito y 4) el SEC funciona como una vía de acceso al sistema ejecutivo de control lo que significa que el rol primario de la conciencia es mediar las acciones voluntarias a través del control de un ejecutivo y estimar las posibilidades y limitaciones de nuestro sistema cognitivo

Otros autores como Langer y Padrone (1992) han planteado la falta de conciencia de un déficit en función de tres niveles básicos de procesamiento de la información como son la información, la implicación y la integración, o dicho de otra forma, un nivel de recogida de información, un nivel neuropsicológico y un nivel emocional. Así,  la falta de conciencia para un aspecto específico se puede producir porque el sujeto no recibe información o esta información se halla degradada o bien porque no puede comprender el significado de la información. En el nivel de implicación el sujeto no puede tomar el “yo” como objeto, no puede comprender la implicación del déficit (tal vez, por que no conocía la implicación de la función premórbida), no puede retener o recordar la información o porque el arousal para la conciencia es insuficiente.

Desde estas líneas de investigación de naturaleza más neuropsicológica, se postula que existen diferentes formas de conciencia deteriorada dependiendo de los sistemas cerebrales que se hayan visto afectados por la lesión. Así, y de forma genérica, McGlynn y Schacter proponen que las lesiones bilaterales del lóbulo frontal se encuentran relacionadas con la falta de conciencia sobre el comportamiento social y funciones ejecutivas.

Conclusiones

Stuss y Benson han definido la autoconciencia como un atributo humano que no solamente permite la conciencia de uno mismo sino  que también permite captar la posición de uno mismo en su entorno social. En una organización jerárquica de las funciones mentales, esta autoconciencia o autoanálisis se encontraría en el vértice de la pirámide ya que su cometido será  controlar la propia actividad mental, representar las experiencias actuales en relación a las previas, utilizar el conocimiento adquirido para resolver situaciones novedosas o guiar la toma de decisiones para el futuro. Para Prigatano  la autoconciencia es la capacidad de percibirse a uno mismo en “términos relativamente objetivos manteniendo un sentido de subjetividad”. Este aspecto de la autoconciencia  implica un proceso cognitivo a la vez que un estado emocional, una vez más,  nos encontramos con la misma realidad, el ser humano tiene y mantiene su especificidad como especie por su exquisita combinación de razón y emoción. En este sentido considero el cerebro como un sistema emergente de alta complejidad (lo desarrollaré en la próxima entrada) cuya finalidad primordial es llevar a cabo predicciones que nos permitan actuar de forma flexible en entornos cambiantes en la búsqueda de la  adaptación, la supervivencia y la calidad de dicha supervivencia.

Imagen| conciencia

 

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