Cultura y Sociedad 


Slow journalism

En 1986 el periodista Carlo Petrini veía con asombro cómo en pleno centro histórico de Roma, abría sus puertas un restaurante de comida rápida que a su juicio, constituía un ataque a la cultura y costumbres europeas. De su oposición a este tipo de modas importadas, nacía el movimiento Slow Food y todas sus derivaciones que quedan hoy recogidas en una corriente más amplia: el movimiento Slow. Éste, reivindica la trascendencia del tiempo para un mayor disfrute de la vida. Dentro de todas las ramificaciones que engloba, como la ciencia, el turismo o el trabajo, surgen nuevas tendencias que afectan a la industria de los medios y a la tecnología.

En medio de la vorágine tuitera, del análisis en vivo, del última hora, o del frenesí de la instantaneidad, surge el slow journalism, una práctica que rompe con la hegemonía de los 140 caracteres o las 300 palabras para hacer el periodismo de siempre; un trabajo elaborado en profundidad y que aporta conocimiento para comprender el mundo. El mismo que ejercían los autores del Nuevo Periodismo y los periodistas de investigación. Publicaciones como Jot Down, Papel o Libero entre otras, o editoriales como Libros del K.O., son un ejemplo de slow journalism. Pero que las modas del naming y del falso bilingüismo no nos hagan desviar la mirada sobre la marca de siempre: el periodismo a secas. Lo demás, son inventos y fórmulas exprés.

En el ámbito anglosajón, siempre a la vanguardia, encontramos un planteamiento interesante desarrollado en forma de web. Bajo el título slow-journalism.com esta página ofrece contenidos “sin prisa” a través de la revista Delayed Gratification (The Slow Journalism magazine) y de un blog. El periodista Carl Honoré, también es un gran representante de este movimiento. En su home, todas las publicaciones están relacionadas con la revolución de la lentitud, pero sin duda, lo más interesante son sus podcasts con títulos tan sugerentes como: slow phone o The slow Reading club.

Web slow-journalism.com

Web slow-journalism.com

Decía el articulista Julio Camba que los mejores textos nacían de la conversación tranquila con otros colegas de profesión agotando cajas de cigarrillos. Y su colega de gremio Honoré, nos plantea en la obra Elogio de la lentitud cuestiones como si tiene realmente sentido leer a Proust aplicando las técnicas de la lectura rápida, hacer el amor en la mitad de tiempo o cocinar todas las comidas en el microondas. El periodismo slow es según los investigadores Rosique-Cedillo y Barranquero-Carretero, “una reacción a la novedad, brevedad e instantaneidad, e invita a repensar los tiempos necesarios para producir y consumir una información rigurosa, creativa y de calidad”. Cabe preguntarse quién impone la urgencia en la información, ¿los medios, o la audiencia?

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