Cultura y Sociedad, Historia 


Sissí, las sombras del mito (I)

 

Todo el mundo, aunque fuera por accidente, ha visto alguna de esas edulcoradas películas sobre la última emperatriz de Austria: Sissí, una mujer bella y con un espíritu libre en unos tiempos que la mujer estaba condenada al parto y la oración por los hombres que iban al frente. Se sabe que las películas exageran las cosas, las hacen más “cinematográficas” – más aún si las películas se hacen en los años 50-, pero nunca unas películas desvirtuaron tanto un personaje, ya que fueron pocas las sonrisas que se dibujaron en el rostro de la emperatriz y pocas fueron las veces que centellearon sus ojos; nada que ver con la deslumbrante Romy Schneider, quien interpretó a Sissí en la gran pantalla.

Nació Isabel de Wittelsbach en Munich,la Nochebuenade 1837, hija del duque Maximiliano de Baviera y de Ludovica de Baviera, tía del emperador Francisco José I. Todo estaba previsto para que el emperador se fijase en la hermana de Sissí, Elena, pero el destino quiso que fuera ella la elegida y e 24 de abril de 1854 se casaba enla Iglesia de los Agustinos de Viena.

Se dedicó sin ninguna objeción a su tarea de dar un heredero al trono imperial, si bien nunca llegó a adaptarse a la estricta etiqueta de palacio y, en una de sus rebeldías contra las regias normas que la rodeaban, se llevó a sus hijas de dos y un año a un viaje a Hungría en 1857, donde las niñas enfermaron gravemente, sufriendo fuertes diarreas; la mayor Sofía Federica, murió y como consecuencia, Sissí se vio privada de la crianza de sus hijos, que fue encomendada a su suegra la Archiduquesa Sofía. Sólo pudo disfrutar de María Valeria, nacida en 1868 y de la que se rumoreó que no era hija de Francisco José I, si bien el parecido asombroso de la pequeña con su padre hizo acallar los rumores que recorrían palacio.

Tras la muerte de su pequeña hija, empezó el declive de Sissí y la depresión se adueñó de ella, una mujer que lo tenía todo, pero que se sentía vacía. A esto había que sumarle su obsesión por mantener una figura extremadamente delgada, su abuso del ejercicio y su cuidada alimentación. 

Su desequilibrio mental la llevó a mantener escrupulosamente un peso de 46 kilos y una cintura de 43 centímetros, algo que distaba mucho de ser el canon de belleza de la época y que tal vez haga que, aún hoy, la emperatriz sea un icono intemporal de lo sublime. Para mantener su figura, se hizo instalar anillas, espalderas y otros artilugios en sus habitaciones y así poder ejercitarse sin ser vista. Se dedicaba a pasear durante unas ocho horas casi a diario, dejando extenuadas a sus damas de compañía y si, en una de las tres veces diarias que se subía a la báscula, veía que había puesto algo de peso, se alimentaba de pescado hervido, naranjas y caldo de carne hasta volver a su cintura de avispa. Este maltrato a su cuerpo le hizo sufrir náuseas, vértigos, fiebres y otros síntomas que en la época se achacaban a la debilitación de la mujer tras el parto.

Vía| Entrevista con Catalina de Habsburgo

Más información| CASO, Ángeles: “Sissí. Emperatriz de Austria”

En QAH| Sissí, sombras del mito (II)

Imagen| Isabel de Baviera. Wikipedia

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