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Siria: ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar la Comunidad Internacional?

Hace más de dos años que comenzaron las manifestaciones pacíficas contra el régimen de Bashar al-Assad en Siria, frente a las que éste respondió con violencia y represión, hasta convertir estos enfrentamientos en una mortal guerra civil. Mientras tanto, la Comunidad Internacional ha seguido de cerca la situación y ha manifestado su total rechazo a la manera de actuar del régimen sirio y de los rebeldes, pero estas declaraciones no se han convertido en acciones de facto.

Naciones Unidas ha tratado de llegar a acuerdos para frenar el abuso de al-Assad contra su pueblo, pero el derecho a veto ejercido de forma constante por los principales aliados del gobierno, Rusia y China —como miembros permanentes del Consejo de Seguridad—, no ha permitido que ninguna de estas iniciativas se materialicen.

Ambos países alegan que la aprobación de resoluciones respecto a Siria implicaría entrometerse en asuntos internos de un país; pero la cuestión de fondo es que no están dispuestos a sacrificar sus relaciones comerciales y diplomáticas con el gobierno sirio. Los supuestos esfuerzos realizados por los aliados de los grupos rebeldes, con Estados Unidos a la cabeza, tampoco parecen ser efectivos. Pese a la creación del colectivo internacional “Amigos de Siria” —en respuesta a la persistente falta de efectividad de la Coalición Nacional—, los abusos sobre la población civil no se han suavizado lo más mínimo, seguramente por la falta de medidas contundentes.

Más de 80.000 personas han muerto en Siria desde el comienzo de las revueltas contra el régimen

Más de 80.000 personas han muerto en Siria desde el comienzo de las revueltas contra el régimen

Pero algo parecía haber cambiado en las últimas semanas. Tras las recientes investigaciones que revelan el posible uso de armas químicas por parte del gobierno sirio, la Comunidad Internacional puso el grito en el cielo, en especial Estados Unidos, quien por primera vez se planteó una intervención en el país oriental —aunque por ahora ha quedado en una simple amenaza—. Para Barack Obama, el uso de estas armas supondría cruzar la “línea roja”, lo que cambiaría las reglas del juego y su ecuación en cuanto a este tema. Así lo declaró en rueda de prensa el mes pasado: “Obviamente es horrible cuando proyectiles de mortero fueron disparados contra la población civil y las personas se matan de forma indiscriminada, (pero) con el posible uso de armas de destrucción masiva contra civiles cruzaron una nueva frontera en el campo del Derecho Internacional”.

Efectivamente, el Derecho Internacional denuncia “el uso de armas cuyos efectos son particularmente abominables”. Fue en el Protocolo de Ginebra de 1925 donde se hizo efectiva la prohibición del empleo de medios de guerra químicos y bacteriológicos. Además, la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y sobre su Destrucción completó y reforzó en varios aspectos el Protocolo, y desde 1997 obliga a su cumplimiento a la mayoría de los Estados.

Pero, ¿por qué se ha disparado la alarma internacional ahora, tras dos años de pasividad ante el conflicto? ¿Hasta qué punto son importantes los métodos cuando los resultados son igualmente desgarradores? Según los últimos datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), más de 80.000 personas, casi la mitad civiles, han muerto en Siria desde el comienzo de las revueltas contra el régimen. El balance incluye 70.257 muertos entre civiles, soldados y rebeldes, y más de 12.000 informadores y milicianos pro Asad. A estas cifras hay que sumar los 10.000 detenidos por el régimen y los 2.500 miembros de las fuerzas pro Damasco prisioneros de los rebeldes, así como 4’2 millones de desplazados y 1’4 millones de refugiados.

La Comisión de Investigación de la ONU sobre Siria, junto con informes como Deadly Reprisals de Amnistía Internacional, califican los sistemáticos ataques —tanto por las fuerzas gubernamentales como por las milicias— de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.

Las opiniones son diversas: hay quienes creen que Estados Unidos utiliza de nuevo las armas de destrucción masiva como pretexto para una intervención o invasión, como hiciera la Administración Bush en Afganistán e Irak. Pero también hay quienes piensan que el jaque al régimen sirio no es más que una manera de ganar tiempo para no asumir la decisión de una intervención militar directa, pues parece ser que Obama se muestra reticente a arriesgarse a repetir los errores de su antecesor. Todo parece indicar que las continuas escaladas de violencia en Siria no son suficientes para movilizar a los actores que tienen posibilidad de frenar la situación.

Frente a esto cabe plantearse, ¿qué más sería necesario para que la Comunidad Internacional tomase partido, de manera efectiva, en este conflicto? Como dijo Eleonor Roosevelt: “No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla”.

Vía| Naciones Unidas

Más información|El Mundo, Reuters, Amnistía Internacional

Imagen|Guerra de Siria

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