Neurociencia 


Síndromes Frontales: Más que una alteración cognitiva

El estudio de las Funciones Ejecutivas y su relación con la corteza prefrontal puede remontarse al año 1848, año en el que en Vermont (USA) tuvo lugar el accidente de la historia de la construcción que más interés ha tenido para el desarrollo de aquéllas disciplinas científicas interesadas en el cerebro y en la conducta: el famoso caso de Phineas Gage.

Desde que este trabajador de la obra de ferrocarril fuese atravesado por una barrena de 105 cm de largo, 3cm de diámetro y 7 kg de peso, que entró por debajo de su ojo izquierdo perforándole el cráneo y que salió despedida por la parte superior de su cabeza, su conducta e incluso su personalidad cambiaron drásticamente pasando de ser un trabajador responsable, eficiente y educado a ser una persona soez, impulsiva, irreverente y desorganizada. Perdió su trabajo, fue incapaz de llevar las riendas de su vida y tras varios años de ser atracción de feria y vagar de un sitio a otro, murió.Phineas-Gage-with-skull-picture

Este accidente supuso un hito en la historia de la neuropsicología al ser el germen del estudio sobre las funciones ejecutivas. El que Gage sufriese una brutal lesión en áreas orbitofrontales, mediales y dorsales de su corteza prefrontal y posteriormente perdiera la capacidad para mantener un adecuado autogobierno, organización y adecuación social, dio pistas sobre el posible asentamiento de estas funciones. Fue la primera muestra fehaciente respecto a la relación entre las regiones prefrontales y el control conductual, observándose que las lesiones en estas áreas provocaban una desadecuación y desorganización conductual en toda regla, quedando ésta  a expensas del contexto, sin un claro control y regulación eficaz.

Hoy en día se sabe que la corteza prefrontal es la región cerebral que aparece más tarde, tanto en la escala filogenética como en la ontogenética, pues su desarrollo y mielinización no concluyen hasta entrada la segunda década de vida.

Del mismo modo, es también la región cortical más amplia, pues su extensión ocupa el 30% de la totalidad de la corteza. Por este motivo no es de extrañar que ante cualquier lesión o patología en la que se produzca daño frontal, las probabilidades de que tenga lugar algún tipo de alteración ejecutiva sean elevadas.córtex_prefrontal

Cuando se producen lesiones en las regiones frontales y se desarrollan alteraciones emocionales, conductuales y/o de control ejecutivo, en función de la localización de la lesión y, sobre todo, del tipo de signos y síntomas que el paciente desarrolle, podemos diferenciar 3 tipos de síndromes frontales: dorsolateral, orbitofrontal y ventromedial.

Mientras que el síndrome ventromedial está más relacionado con sintomatología emocional relacionada con la apatía, el aparente desinterés por lo que acontece alrededor del sujeto y la falta de iniciativa para iniciar conductas o acciones nuevas (siendo éstos unos síntomas muy difíciles de abordar), el síndrome orbitofrontal se relaciona con problemas de control conductual, emocional y alteraciones de personalidad relacionados con desinhibición verbal y conductual, aparición de infantilismo, impulsividad o manía. La corteza orbitofrontal tiene una estrecha relación con el sistema límbico por ello, en caso de lesión o daño cerebral esas conexiones podrán sufrir afectación, derivándose de ello un control emocional y conductual deficitarios.

Por último, hablamos de síndrome disejecutivo cuando, al verse dañadas las regiones frontales dorsolaterales, aparecen problemas ejecutivos, mucho más relacionados con el control cognitivo que con el control emocional o comportamental, a diferencia de los síndromes frontales comentados anteriormente.

hanoiEn este caso el paciente disejecutivo presentará problemas a la hora de mantener un comportamiento planificado y dirigido dejándose llevar en muchos casos por los estímulos externos que le distraerán de sus metas y le llevarán en ocasiones a realizar conductas de utilización. Tendrá asimismo dificultades para generar hipótesis o desarrollar nuevas estrategias cuando su conducta ya no le sea útil para solucionar un problema, teniendo un pensamiento rígido y perseverante. Del mismo modo puede tener problemas relacionados con un comportamiento impulsivo o inatento que le lleve a actuar sin pensar en cómo enfrentarse a una situación y sin tener en cuenta todas las variables implicadas en ella.

Los pacientes que tienen este tipo de alteraciones suelen tener muchos problemas para desarrollar una conducta adecuada y ajustada a las demandas de su día a día. Es vital en estos casos una intervención neuropsicológica adecuada y ajustada al caso concreto para así trabajar sobre todas estas variables que se están viendo afectadas por la lesión (flexibilidad cognitiva, procesos de inhibición y control de la interferencia, planificación, toma de decisiones, etc.) ayudando al paciente a llevar una vida lo más adaptada y adecuada posible.

 

Vía |

Muñoz Marrón E. (Ed.). 2009. Estimulación cognitiva y rehabilitación neuropsicológica. Barcelona: Editorial de la Universitat Oberta de Catalunya

Tirapu J., Muñoz- Céspedes J.M., Pelegrín C. y Albéniz A. (2005): Propuesta de un protocolo en la evaluación de las funciones ejecutivas. Revista de Neurología; 41 (3): 177-186.

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