Historia 


Síndrome de Úlfhédnar, la enfermedad de los Berserker

Grabado nórdico antiguo en el que se ve un Úlfhédnar

Grabado nórdico antiguo en el que se ve un Úlfhédnar

A lo largo de la Historia han destacado, en muy diversas y aparentemente inconexas civilizaciones, guerreros que eran capaces de infundir un terrible temor en la sangre de sus enemigos, solamente con su misma presencia en el campo de batalla.

Especialmente recordados por su brutalidad y salvajismo en combate son los Berserker vikingos, alrededor de los que han girado una amplia variedad de leyendas negras y que han sido protagonistas de multitud de sagas nórdicas –leyendas de tradición oral que posteriormente pasaron a prosa en las que se relataban acontecimientos o biografías de los principales reyes y héroes nórdicos y que son parte importante de la mitología nórdica–, con desigual punto de vista. Es bien conocido que los pueblos nórdicos –vikingos– de Escandinavia tuvieron una amplia hegemonía militar en la Europa continental y en las Islas Británicas en los siglos del VIII al XI y que su largo y fiero brazo se extendía hasta la mismísima Constantinopla, caracterizados por su amor a la guerra, al pillaje y la ferocidad de su panteón de dioses nórdicos. Sin embargo, incluso los más fieros y dotados guerreros vikingos temían a la élite de sus huestes: los Berserker, palabra que vendría del nórdico antiguo berr –desnudo– y serkr –camisola o prenda de pecho– o bien según otra teoría ampliamente extendida derivaría del protogermánico berr –oso–, lo que resultaría ser bastante lógico ya que solían usar pieles de oso como única vestimenta.

Berserker vikingo

Berserker vikingo

Los Berserker, también llamados en nórdico antiguo Úlfhédinn o Úlfhédnar –que se suponían los guerreros de élite del principal dios de la mitología nórdica, Odín, y que su traducción literal es piel de lobo– combatían semidesnudos llevando únicamente pieles de oso o lobo para cubrirse, despreciaban las cotas de malla o los yelmos para protegerse y atacaban, en lo que describieron algunos cronistas, como lobos rabiosos u osos salvajes haciendo colapsar las filas enemigas. Una de sus principales y más notorias características es que trababan combate invadidos por cierto perfil o trance psicótico de forma que eran casi insensibles al dolor de las armas enemigas o incluso desatendían las quemaduras del fuego. Su furia ciega en los momentos previos al combate les hacía echar espuma por la boca como perros rabiosos, morder fuertemente sus escudos consiguiendo en alguna ocasión arrancar trozos de madera de ellos, aullar como lobos haciendo entrar en pánico a sus enemigos o autolesionarse haciéndose cortes en los brazos y en el pecho con afilados cuchillos.

Sin embargo, la presencia de estos extraordinarios guerreros resultaba un arma de doble filo ya que en el furor de la batalla rara vez eran capaces de distinguir amigo de enemigo y era relativamente común que causaran bajas en su propio bando hasta que eran abatidos; hecho que no evitó que fueran reclutados como guardia personal de gran cantidad de reyes vikingos, en un número aproximado de doce formando el hird o séquito de protección real. Por lo general, los guerreros de la hird solían ser los más diestros, fieros, corpulentos y de mayor envergadura, datándose casos en los que superaban el metro noventa o incluso los dos metros –en una época dónde la estatura media nórdica era poco superior al metro setenta lo que ya resultaba ser considerable para el metro cincuenta o sesenta de la mayoría de la Europa continental –.

A pesar de su enorme popularidad inicial y a su portentosa destreza en la lucha, cayeron en desgracia debido a sus peculiares y destructivos comportamientos, hasta ser marginados complemente en la sociedad al llegar el Cristianismo a los países nórdicos por ser considerados locos peligrosos, estar poseídos por el diablo o ser licántropos –corría la leyenda que se convertían en hombres lobo, debido a que esto fue testimoniado en la Völsungasaga, donde se describía a Sigmund y a su hijo Sinfjotli aullando antes de los combates y mordiendo a sus enemigos–. Una explicación más actual sugiere que había ciertos ritos relacionados con Odín en los que se rendía culto a los osos y lobos y se suponía que los espíritus de éstos podían ser transmigrados a los guerreros en una ceremonia de metamorfosis animal. Las referencias a estos intercambiapieles son continuas en la saga de Egil Skallagrímson, la saga de Hrólfr Kraki –en la que destaca el guerrero Bödvar Bjarki que podía transformarse en un impresionante oso negro en batalla–, la saga Vatnsdoela, la saga Völsunga y el poema épico Hrafnsmál –especialmente en su parte Haraldskvaedi–.

Hird de berserkers

Hird de berserkers

Además de en las sagas antiguas, también han aparecido en la cultura anglosajona del siglo XI, en particular, en las narraciones de la Batalla de Stamford Bridge en la que un enorme berserker de más de dos metros que servía al rey vikingo Harard Hardrada hizo impracticable el paso de las tropas sajonas del rey Harold Godwinson durante más de medio día, haciéndoles pagar caro su paso a la otra orilla.

Las leyendas y sagas así como el renacimiento del neopaganismo moderno, han alimentado multitud de explicaciones poco creíbles o sin base real sobre el comportamiento de los Berserkers; sin embargo, a su vez también ha surgido un buen puñado de teorías científicas al respecto.

Una de ellas consigue explicar, aunque vagamente, que su magnífica resistencia en combate y su supuesta insensibilidad al dolor viene dado por el consumo de la seta alucinógena Amanita muscaria o bien por la ingesta de cerveza o pan hecho con centeno contaminado por cornezueloClaviceps purpurea, hongo parásito–, lo que supone que estos alimentos tendrían una alta concentración de ácido lisérgico –precursor del LSD, droga psicotrópica que produce una fuerte distorsión de la percepción y cognición de la realidad, euforia, alucinaciones, pero que sin embargo no produce toxicidad ni adicción–. Resulta, en cambio, poco factible ya que tanto el ácido lisérgico como los alcaloides de la amanita muscaria tienen efectos eufóricos y de ligereza más relacionados con la alegría –ya que generalmente alza el ánimo y los consumidores se ponen a cantar o a contar sus maravillosas vivencia a personas ficticias en sus alucinaciones en largos soliloquios sobre la belleza del mundo que contemplan– que con la agresividad y que vienen proseguidos de un considerable decaimiento hipotímico que termina en somnolencia. Por si fuera poco, entre los efectos de mal viaje o indeseables de los alcaloides muscarínicos –muscarina, análogo de la aceltilcolina, neurotransmisor, ya que actúa sobre sus mismos receptores– constan: hipersavilación, diarrea, náuseas, visión borrosa, lagrimeo, dolor abdominal o dificultad respiratoria, efectos todos ellos incompatibles para un guerrero de élite.

Otra de las teorías más extendidas, más factible pero poco probable, centra su atención en el beleño negroHyosciamus niger, de la familia de las plantas solanáceas– que era consumido habitualmente en las cervezas vikingas antes de entrar en combate y que produce ingravidez, y sensación de ligereza. Sin embargo, como ocurría en la teoría anteriormente citada, no se explican las mayoría de los comportamientos o síntomas de los Berserkers en combate, por lo que a la postre, parece que la teoría más factible es la atribuye la etiología de los guerreros nórdicos a la BelladonaAtropa belladona, arbusto perenne solanáceo–.

Atropa Belladona

Atropa belladonna

El consumo de belladona causa sequedad de boca y sed intensa –lo que explicaría la espuma–, aumento de la frecuencia cardíaca por encima de 120 lpm –lo que explica su sensación de ansiedad–, hipertermia –podría ser una explicación de por qué solo vestían con pieles, quedándose semidesnudos en las batallas–, alucinaciones y delirios que vienen acompañados por agitación, furia, agresividad, violencia, carcajadas delirantes –lo que supone la suma del perfil del Berserker– y en casos de sobredosis: coma y muerte.

En cambio, nociones farmacológicas y toxicológicas aparte, existe en psiquiatría un síndrome, extendido desde 1972 por el psiquiatra estadounidense Joseph Westermeyer, que podría también explicar la ferocidad de estos salvajes guerreros nórdicos.

Representación clásica de un hombre que padece el Síndrome de Amok

Representación clásica de un hombre que padece el Síndrome de Amok

El Síndrome de Amok, es un compendio de síntomas o signos psiquiátricos asociados al comportamiento súbito y espontáneo de explosión de rabia o de furia salvaje que hace que una persona corra alocadamente o ataque indiscriminadamente a los seres vivos que aparezcan a su paso, incluso pudiendo ser un ataque autolesivo, hasta que el sujeto sea inmovilizado, abatido o se suicide; tras el ataque queda exhausto, con amnesia total o en un estado postraumático suicida. Esta locura homicida compete a un síndrome cultural o ligado a la cultura, es decir, que se relaciona con cierto tipo de cultura o civilización particular y no se da, por lo normal, en otras. El término procede del giro malayo meng-âmok que significa atacar y matar con furia ciega, y ha sido descrito por Rudyard Kipling en alguno de los relatos de sus viajes por la India.

Sin embargo, y aunque por norma general no ha sido aplicado a la cultura nórdica, existen claros precedentes que podrían desencadenar en psiquiatría antropológica lo que podría ser conocido como el futuro Síndrome de Úlfhédnar, la enfermedad de los Berserker.

En todo caso, y ya que los Berserker no eran reclutados, tal como lo conocemos hoy en día, la explicación más compleja podría enunciarse así: los berserker eran guerreros potencialmente trastornados por un Síndrome de Amok a los que a su vez, teniendo estas características de principio, se les suministraba belladona para potenciar los efectos de enfermedad psiquiátrica y desencadenar su feroz comportamiento en batalla.

 

 

Vía|Wikipedia, NCBI, NLM

Más información|Escalofrio, Deutsche Welle

Imágenes|GrabadoBerserker, Hird, Belladona, Amok

Vídeo|Black Ops de la Antigüedad – Los Vikingos Berserker

RELACIONADOS