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Sin parar

realidadHace unos años una amiga se iba a pasar el curso escolar a E.E.U.U y unos días antes de marcharse, la pregunté si no le daba pena irse y dejarlo todo aquí. Ella me contestó algo que desde entonces he pensado muchas veces, me dijo que no, que todo lo que tenía aquí podría recuperarlo al volver, que lo que realmente iba a darle pena era dejar la vida que estaba a punto de comenzar. Tenía razón, casi un año más tarde recuperó la misma vida que había dejado y abandonó un espejismo que por mucho que le hubiera gustado, nunca más volvería. Y desde entonces son muchas las veces que me he acordado de aquella conversación y de la razón que llevaba mi amiga.

Acabo de volver de unos días fuera de España, de un oasis alejado de la realidad que no ha sido nada más que un espejismo en una travesía por el desierto. Y al volver a las ajetreadas calles de Madrid, me ha venido de nuevo a la mente aquella frase acompañada de una sensación de miedo ante esta forma que tiene la vida de no detenerse ante nada ni nadie. Da igual lo lejos que te vayas y el tiempo que tardes en volver, cuando lo hagas, pocas cosas habrán cambiado y nadie habrá parado sus pasos por ti. Podrás asomarte a la ventana de aquella realidad que un día fue la tuya sin notar a penas cambios. Y me asusta esta desfachatez con la que la vida nos demuestra que no nos necesita, que somos tan prescindibles como insignificantes ante un mundo lleno de otros iguales a nosotros, otros que continuarán nuestros pasos cuando no queramos darlos, que ocuparán nuestro sitio en el metro o nuestro turno en la cola. Otros dispuestos incluso, a cumplir nuestros sueños cuando nosotros dejemos de intentarlo. 

A la vida parecemos no importarle, ella sigue y si tú te paras, ella no se detendrá. Una vez más confirmo sentirme sola e incluso abrumada por la inmensidad que supone una vida aún por escribir, páginas y páginas en blanco que dependen única y exclusivamente de ti. Ser tu mayor responsabilidad supone una carga complicada de asumir y sobre todo, muy difícil de gestionar cuando comprendes que por mucho que pidas que te aconsejen o intentes averiguar cuál será la mejor decisión, nunca llegarás a saberlo. Supongo que el único modo de no equivocarse es no dejarse llevar por la inercia, no esperar a que la vida nos llame a la puerta e intentar alcanzarla antes de que ella pase de largo.

Imagen| Giros

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