Historia 


Siempre nos quedará París

El Viernes 13 de noviembre de 2015 quedará grabado en la memoria colectiva. Toda una generación quedó impactada por el 11-S. Prácticamente la misma por el 11-M y el 7-J. Nos suponíamos vacunados de magnas agresiones. Íbamos muy equivocados y el golpe ha sido terriblemente brusco. La burbuja en la que residíamos ha sido detonada. No podemos cerrar los ojos ante el suceso. Francia, Europa, Occidente, cada uno de nosotros tenemos un nuevo reto.

Los brutales actos conmocionaron más que nunca por el simbolismo del maltrecho sitio. La solidaridad nunca es abrumadora. Sin embargo, Occidente debe reflexionar. Es decir, tenemos excesivo eurocentrismo en nuestra consternación. Ha habido muchos avisos del desastre de Bataclan y sin salir de Europa. ¿Alguien recuerda la fecha de 19 de marzo de 2012? Asesinaron a tres niños y un adulto de origen judío en una escuela en Toulouse. ¿Y el 18 de julio del mismo año? Volaron por los aires media docena de turistas en el aeropuerto de Burgas (Bulgaria), también de origen judío. ¿Y todos los intentos frustrados sabidos y desconocidos por la policía?

El emblema de París blindado después del 13-N

El emblema de París blindado después del 13-N

¿Y fuera de nuestro continente? Bali (2002), Estambul (2003), Ammán (2005) para nombrar los más mortíferos. El 2 de abril del presente año en la Universidad de Garissa (Kenia) hubo unos 150 muertos por un tiroteo. Los autores estaban bajo el mismo mando que los integristas del viernes 13 de noviembre. Ni tres meses pasaron del incidente centroafricano y tocó a Túnez. Allí, el 27 de junio un hotel mallorquín fue el escenario de otro acto horrendo. Nuestro país es muy turístico, deberíamos tener conciencia del peligro real.

Los herederos de Rousseau, Voltaire y Montesquieu han vuelto a ser atacados. Occidente vuelve a tener sangre inocente en sus calles. El terror se desató entre boulevard y boulevard la noche del viernes en París. Se habló al principio de la noche de una docena de muertos. Al llegar a la 1 de la madrugada el centenar ya estaba confirmado. Todos somos dianas del fanatismo. Importa muy poco la condición social, las ideas políticas o la religión. Destruir y sembrar el pánico son sus única meta.

El terrorismo no tiene fronteras. De nada sirve cerrarlas, ni controlarlas. El problema es internacional. El atacante es abstracto y ese factor convierte toda posible prevención (o ataque) en una empresa escabrosa. Combatir a fantasmas es una batalla perdida desde el comienzo. Estamos en guerra pero como escribió el árabe Tahar Ben Jelloun es una guerra de género nuevo. O sea, no puede haber las respuestas tradicionales. La actual política antiterrorista ha fracasado. Los aviones de combate europeos también han fulminado vidas occidentales. París fue otro acto de una guerra que prosigue en Oriente Próximo.

Charlie Hebdo fue un prefacio. Una miserable admonición que nos perturbó en enero. Mucha gente abrió los ojos ante la cruda realidad, no obstante el olvido fue demasiado rápido. Hubo pocas víctimas pero de una importancia capital. Asesinar dibujantes satíricos consistió en un pasatiempo para los fanáticos. Las pequeñas cifras de Hebdo nos pudieron nublar el cáustico peligro. Las víctimas nunca tienen un número anodino, no lo olvidemos. Matar a dibujantes de humor es un tiro al corazón de los pilares que sustentan nuestra sociedad. El satánico episodio del viernes 13 confirma el peor escenario. Los terroristas han evidenciado su poderío mediante una carnicería.

La madrugada del 18 de noviembre empezó caldeada en el multicultural barrio de Saint Denis. La inagotable y tenaz actuación de los cuerpos de seguridad franceses durante más de siete interminables horas provocó una victoria (parcial) sobre el fanatismo. La brillante actuación policial en momentos de máxima tensión debe ir acompañada de cultura, educación, tolerancia y civismo en el día a día de los ciudadanos europeos.

Charlie hebdo després des 13-N

Una de las portadas de Charlie Hebdo

¡Aux armes citoyens! Nuestras armas, las que tenemos todos nosotros. El diálogo no es con los asesinos, sino con los que no deben llegar a serlo. Es el primer paso. La ignorancia y la desinformación provocaran más problemas, más frustración, más muertos. Charlie Hebdo publicaba después del 13-N “Ellos tienen las armas. Que se jodan, ¡nosotros tenemos el champán!”. Es la línea a seguir. No olvidemos a Erasmo de Rotterdam, Rabelais o Montaigne… Redescubrámoslos.

Demasiados fantasmas empiezan a sobrevolar Europa.  Miedo, xenofobia, impotencia, rabia, venganza… Ninguno tendría que enraizarse. Cada vez que uno de dichos sentimientos aflore dentro de los europeos, los asesinos habrán vuelto a ganar.

Imágenes| Noticiero digital

En QAH|Vamos a matarnos

 

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