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Si todo pasa por algo, ese “algo” no se llama suerte

Cuántas veces nos hemos respaldado en la suerte (generalmente en nuestra mala suerte) con excusas del estilo ¡Pero qué mala suerte tengo! ¿acaso todo lo malo me tiene que pasar a mi? Pero, pensándolo bien, ¿Qué entendemos por suerte? ¿Esa supuesta flor en el culo que tienen algunos a los que todo les sale fantásticamente bien sin esfuerzo alguno? Lo pongo en duda.

Empecemos por el principio, a nadie le gusta que las cosas no nos salgan bien a la primera, tener que esforzarnos mucho y que ese mucho no acabe siendo suficiente, ser conscientes de lo que cuesta conseguir todo en esta vida. Sin embargo, que fácil nos resulta evadirnos de esa responsabilidad y culpar a algo, a alguien de esa supuesta mala suerte que nos precede. “No he nacido con suerte, qué se le va a hacer”– decimos y así, poco a poco, nos vamos autoengañando, intentando quitarnos ese peso de encima y poniéndoselo a ese otro agente externo como si así se solucionasen nuestros problemas.

Lo que no nos damos cuenta es que en realidad confiar en la suerte es como venderle el alma al diablo. Creer que lo que nos pase o no en nuestra vida depende de nuestra suerte no es más que una absurda manera de conformarnos con lo que somos, con lo que tenemos, sin ir más allá. Nos limitamos como personas siguiendo en esa conocida zona de confort que tanto nos gusta sin conseguir lo que consideramos “inconseguible” ni siquiera luchar por aquello por considerarlo imposible.

black-and-white-man-person-street-artY por si fuera poco, después se nos llena la boca diciendo que todo pasa porque el destino está escrito, ¿no? ¿Destino? ¿Suerte? Ya está bien de tanto autoengaño, tanta cobardía y tanta mentira que se nos vende. ¿Acaso no tenemos el poder de cambiar las cosas? ¿Acaso tenemos un solo camino que poder recorrer? ¿Acaso no somos nosotros los responsables de nuestra vida? ¿O es la suerte la encargada de eso también?

Dejemos de mentirnos a nosotros mismos y comencemos a analizarnos, a mejorarnos sin esperar que venga un hada con su varita mágica a darnos lecciones y repartirnos suerte. Paseemos por todos los caminos que nos apetezca aún sin saber donde nos llevarán, tomemos otro y si hace falta, hagamos los cambios de sentido que consideremos necesarios. Porque, ¿de verdad el destino puede estar escrito si cada paso que damos supone un nuevo recorrido?

Si todo pasa  por  algo, ese “algo” se llama esfuerzo, dedicación, paciencia y perseverancia. Se llama ganas de luchar, ganas de seguir y ganas de conseguirlo. No entiende de aquél que espera que llegue el día que salga el sol y se solucione todo mágicamente. Porque si de verdad todo pasa por algo, ese algo” no se llama suerte.

Vía| Belén González

Imagen| Pexels

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