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Si se te nubla la mirada, deja que llueva

El cielo ha amanecido gris esta mañana, ocultando al sol como aquel que quiere esconder su rostro al resto del mundo, por vergüenza o por miedo a no ser indultado de uno de esos delitos que todos creemos haber cometido. No es la primera vez que el cielo amanece gris sobre nuestras cabezas, clavándose en nuestras esperanzas como una lluvia de dagas que ennegrecen y oscurecen las horas, los minutos y los segundos de ese día que aún no se ha escrito en la Historia.

Nuestros sentimientos tienden a despertarse lentamente, porque la luz no ha conseguido abrirse paso a través de sus párpados y reposan, tranquilos, sobre un lecho intangible. Cuando se levantan de su letargo y descubren que se encuentran en un mundo de tinieblas, se asustan y se devoran los unos a los otros, por ello te parece no tener energía, estar desganado o incluso triste.

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Si se te nubla la mirada, deja que llueva

Caminas cabizbajo, porque no puedes quedarte en casa ahogándote y viendo pasar la vida, pero sin alzar mucho la mirada ya que no hay nada en el cielo que merezca la pena ver. Te encojes de hombros, tiritas, chocándote contra el resto de sombras que anda por la calle, vacías todas ellas, con la meta de cumplir los pequeños objetivos y obligaciones que tienes pendientes para esta fecha, que nada más te mueve.

Lo que en ocasiones no llegas a comprender es que se acerca el invierno, que el frío es natural, la oscuridad existe para dar una tregua, un descanso, a la luz, porque hay historias que sólo pueden sucederse a media noche, que si todos los días fueran brillantes, cálidos y sobrecogedores, nadie les daría el valor que realmente tienen y acabaría por aburrirse de ellos.

Lo más importante es que te des cuenta que da igual el color del cielo, el día que está por escribirse y los descubrimientos que puedes hacer en él no van a acontecer nunca más, es posible que te encuentres decaído y tienes todo el derecho del mundo a no hacer nada, pero asimismo tienes el deber de intentarlo, de salir a la calle y aclarar las ideas con las gotas de lluvia que se precipitan desde lo más alto para dar vida a lo más profundo de la tierra.

Porque todos tenemos días grises en nuestra vida, a todos se nos nubla la mirada para que llueva más tarde, pero sólo nosotros podemos darle ese matiz, esa pincelada de color que cambie la dirección de nuestros pasos y nos haga llegar, al menos, un poco más lejos de lo que teníamos en mente.

Imagen| fotocommunity

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