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Si Cataluña se separa… ¿Qué pasará en la economía española?

Las recientes elecciones de Cataluña marcan un antes y un después entre la relación de esta región y el gobierno español. No cabe duda de que estas elecciones no han sido convencionales y que han contado con cierto carácter plebiscitario. En este contexto, es importante analizar qué consecuencias económicas tendría la hipotética secesión de Cataluña, no sólo para esta región, sino para el resto de España.

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Europa y Cataluña

Primero, hemos de remitirnos a la ley para conocer el impacto económico e institucional que tendría la declaración unilateral de independencia de la región catalana. Este hecho supondría que Cataluña dejaría de permanecer a la UE, por lo que pasaría a ser considerado como un país tercero y se les aplicarían los aranceles comunitarios. Esto implicaría una pérdida de competitividad de sus exportaciones, las cuales pasarían a estar gravadas por la Tarifa Exterior Común. Esta pérdida de competitividad redundaría en una disminución de sus exportaciones y, por tanto, en un empeoramiento de su balanza comercial, lo que tendría costes en materia de empleo.

Asimismo, Cataluña dejaría de formar parte de la Eurozona de manera inmediata, si bien es cierto que podría seguir utilizando el Euro como moneda oficial, aunque de forma pasiva, es decir, sin tener participación en el Eurogrupo ni en el BCE y, por tanto, sin poder de decisión sobre la política monetaria de su propia moneda. En este contexto, existen ejemplos de países que utilizan el Euro de manera pasiva: en primer lugar, hay países como Mónaco, San Marino o Andorra que no forman parte de la Eurozona, pero tienen derecho a adoptar el euro como moneda oficial y acuñar monedas de curso legal en la eurozona. Otros países que utilizan la moneda única sin estar dentro de la zona euro son Kosovo y Montenegro. Ambos países usan esta moneda, pero tienen que comprar los billetes y monedas a través de bancos comerciales.

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Cataluña y el euro

Otro problema al que tendría que hacer frente Cataluña sería la deslocalización de empresas. En el caso de los bancos con sede en Cataluña, la no pertenencia a la Eurozona del hipotético estado catalán significaría la imposibilidad de acceder al crédito del BCE de forma directa, lo cual ha llevado a bancos como Caixabank o Sabadell a declarar que, en caso de declaración unilateral de independencia, trasladarán su sede a España. A esto habría que sumar otras empresas que, ante la idea de que sus productos pierdan competitividad por estar gravados por aranceles comunitarios, decidan trasladar su sede fuera de Cataluña. Todo esto debilitaría el tejido productivo catalán y se traduciría en un aumento del desempleo. Asimismo, existen numerosos interrogantes y dudas respecto a la viabilidad de las pensiones en Cataluña, donde hay alrededor de 1,7 millones de pensionistas.

En el caso de España, la pérdida de Cataluña supondría perder una de las regiones que más contribuye al PIB español y vería mermada su credibilidad a nivel internacional, con el consiguiente impacto en la prima de riesgo y la inversión extranjera.

Los resultados obtenidos en estas elecciones no permiten sacar grandes conclusiones. Lo único que sí podemos concluir es que la gran mayoría de los ciudadanos catalanes han acudido a las urnas sin estar bien informados sobre aspectos claves que marcarán el devenir de la región, presos del extremismo y la demagogia que caracteriza a ambas partes, donde mientras unos prometen el paraíso, los otros amenazan con el infierno. En fin, la polémica está servida.

Vía|  Cinco días, Expansión

Imagen| InvertiaEl País

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