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¿Sexismo en la lengua?

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¿Sexismo en la lengua?

El 4 de marzo de 2012 se hacía público un informe redactado por Ignacio Bosque, Catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid, con el título de Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer. Dicho informe marcaba la postura de la Real Academia Española frente a uno de los temas más controvertidos en la actualidad socio-cultural de nuestro país: ¿existe el sexismo en la lengua? En el presente artículo nos acercaremos a la definición de género gramatical con el fin de que el lector saque sus propias conclusiones acerca de la cuestión planteada.

Ferdinand de Saussure, padre del estructuralismo lingüístico, dejó para la posteridad una de las definiciones más sencillas del concepto de lengua:

La lengua es un sistema de signos.

Más adelante, añadirá que se trata de un sistema que no conoce más que su orden propio. Entiende el sistema como el conjunto de relaciones que definen, por oposición, a las unidades lingüísticas en un estado de lengua, considerado sincrónicamente (Vidal Lamíquiz, 1987).

En este sentido, debemos entender el género como un miembro más de este sistema autónomo e independiente que es la lengua. Para su definición, podemos acudir a la Gramática de la lengua española, de Emilio Alarcos Llorach (1987):

El género es un morfema que caracteriza al sustantivo, dotándole de una de las dos posibilidades combinatorias que llamamos masculino y femenino, las cuales, mediante la concordancia, permiten la manifestación explícita de ciertas relaciones entre las unidades (o palabras) del enunciado. Al mismo tiempo, el género puede servir de indicio diferencial de las realidades designadas por el sustantivo (sexo, tamaño,etc).

Será, por otro lado, Vidal Lamíquiz quien nos recuerde que, en la lengua, todo funciona en oposición binaria. La lengua española, heredera de la latina, no posee sustantivos neutros (solo se mantuvo en el sistema pronominal), que se acomodaron allá por el siglo I d. C al masculino o al femenino. Así, la oposición de género en nuestros sustantivos se reduce al sencillo binarismo, en el que la terminación en -o se asoció al género masculino; y la terminación en -a, al femenino.

Rafael Lapesa, como Alarcos o Lamíquiz, plantea el problema de si el género no es más que un modo de clasificar los sustantivos con vistas a la concordancia o si lleva consigo alguna diferencia semántica: tradicionalmente, se afirma que en los sustantivos de rasgo animado la distinción de género se asocia a distinciones de sexo; en los inanimados, salvo en ciertos casos, no parece ser significativa.

Una vez llegados a este punto, debemos abordar el origen de la controversia. Hemos dicho que la lengua se configura como un sistema organizado en oposición binaria de elementos. El género no actúa de manera distinta: los sustantivos pueden ser masculinos o femeninos y dicho rasgo, junto con el de número, marcará la concordancia con el resto de componentes del sintagma nominal. En el sistema lingüístico, advertimos que el femenino ha sido entendido como el término marcado frente al masculino, término no marcado. De aquí se deduce que el femenino implica no masculino, pero masculino no implica no femenino. Así, advertimos que en:

¡Que salgan las alumnas!: únicamente salen las mujeres.

Mientras que en:

¡Que salgan los alumnos!: salen todos, hombres y mujeres.

De esta manera, en expresiones como los ciudadanos y las ciudadanas, en lugar del uso genérico de los ciudadanos, la RAE tiene un criterio claro:

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos (…). La mención explícita del femenino se justifica solo cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.

 

Más información| Alarcos Llorach,Emilio, Gramática de la lengua española, Espasa, Madrid, 2008; Lamíquiz, Vidal, Lengua española, métodos y estructuras lingüísticas, Ariel, Barcelona, 2004.

Imagen| sexismo lingüístico 

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Pablo Vidal Posted by on Jul 19 2012. Filed under Cultura y Sociedad.





  • Tiermas2012

    Estoy de acuerdo con la posicion de la RAE. Me resulta insufrible, pedante y cargante la impregnacion de la ideologia de genero en todos los oedenes, empezando por el lenguaje y el pensamiento.@(pido disculpas por la falta de tildes, texlado telefonico sumado a mi impericia)

    • Pablo Vidal

      En ese sentido, el concepto de economía del lenguaje cobra especial importancia. La lengua es un vehículo de la comunicación: seamos económicos y hagamos un uso responsable de ella.

    • Lolapons

      He leído con agrado tu artículo, Pablo. No sé viste la réplica al informe de la RAE que hizo otro lingüista, Juan Carlos Moreno Cabrera. Es también interesante y muy polémica su postura.
      No estoy de acuerdo en el énfasis que le das a la economía. Junto con ella, como fuerza que lleva a cambios lingüísticos, está la necesidad de ser redundantes, expresivos. Es una tendencia contraria a la economía, pero viva en el lenguaje como ella.
      Más o menos como que sea verano y estemos hablando de gramática. Contraposiciones tiene la vida…

    • Pablo Vidal

      Supongo que, como todo en la vida, el punto medio es la mejor elección. Quiero decir con esto que la redundancia es inherente a la lengua (pensemos en cuantas veces remarcamos el género gramatical en sintagmas como “las casas blancas”, por ejemplo), así como la expresividad.

      Sin embargo, la economía del lenguaje debe ser tenida en cuenta con el fin de que la redundancia no sea extrema. En este sentido, me apoyo en el ejemplo tan polémico (al menos a nivel socio-político) de la RAE: “los ciudadanos y las ciudadanas”.

      Aún así, me parece muy interesante tu aportación: junto al concepto de economía del lenguaje, también debemos tener en cuenta los de redundancia y expresividad que sin duda caracterizan el lenguaje cotidiano.

      Espero que, al menos en lo que te comento, estemos de acuerdo.

    • Dolly G.

      Totalmente de acuerdo. En España se politiza hasta el uso del lenguaje. Si eres progre dices ciudadanos y cuidadanas, alumnos y alumnas etc etc … En este país no se puede ser normal y hablar como la RAE manda sin que te acusen de ser un bando o de otro…

  • Pablo Vidal

    Una pregunta muy interesante al respecto podría ser la siguiente: ¿es sexista la lengua española o lo que realmente es sexista es el uso que algunos hablantes hacen de ella?

  • Poves Tello

    Esa última pregunta era mi contestación, clara y concisa, para mi la lengua no es sexista, sí lo es el uso que le dan algunos hablantes

  • Miguel T.S.

    La lengua no entiende de sexos, es el uso que hacemos algunos hablantes de ella el que a veces puede llevarnos a pensar que la lengua es sexista. Es muy habitual en los últimos tiempos utilizar el desdoblamiento de género en todos los ámbitos, seguramente por el empeño que hay en ser políticamente correcto en todo momento. Creo que esto, además de ir en contra de la economía del lenguaje, influye negativamente en la lengua y en la visión que los hablantes en general puedan tener de ella, considerándola sexista. En este caso coincido plenamente con el criterio que la RAE tiene al respecto.

  • Maestre

    Coincido también con la RAE, las lenguas conformadas a lo largo de la historia e influenciadas por miles de factores… no entienden de sexo, somos nosotros, con nuestro uso los que intentamos sacar a la luz esas diferencias a la primera de cambio.
    Además no tiene sentido tanta repetición de géneros…. confunde el mensaje principal y no aporta nada.
    ¿qué ocurre con las palabras masculinas que acaban en -a y al contrario? La lengua no entiende de sexo



CONOCE AL REDACTOR

Pablo Vidal del Pozo

Pablo Vidal

- Estudiante de cuarto curso de Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla.

- Alumno colaborador del X Simposio Internacional de la Sociedad Española de Plutarquistas. Plutarco Transmisor.

- Director del Grupo de Teatro TECLA.

- He sido actor en el Grupo de Teatro TECLA y en el Grupo de Teatro La Vieja EscuelaVer perfil completo
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