Historia 


Sertorio, el ideal perdido

Crédito: Biblioteca Digital

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La historia la escriben los vencedores“, esta frase anónima cobra especial relevancia cuando se trata la figura de Sertorio. Vilipendiado por sus contemporáneos y posteriormente ensalzado como héroe nacional por la literatura hispana. Sertorio  supo aprovechar las circunstancias, y sus más que notables dotes militares y de mando, para llevar a cabo una empresa de enorme envergadura en un momento en que la República se desmoronaba bajo su propio peso.

Quinto Sertorio nació en el seno de una familia humilde de Nursia, en el país de los sabinos, una región tectónica en el corazón de los Apeninos. Destacó desde bien temprano: en la guerra contra Cimbros y Teutones se ganó el reconocimiento y el ascenso a tribuno bajo el mando del pretor Didio en Hispania. Allí sería nombrado cuestor y reconocido con la corona gramínea, la máxima y más rara condecoración militar otorgada durante la República y principios del Imperio. Reservada únicamente a los generales o comandantes capaces de salvar un ejército entero.

En la Guerra Social o Mársica (91-88 a. C.), siendo ya legado, quedó tuerto. Y durante la guerra civil de Mario y Cinna contra Sila, mandó uno de los ejércitos del bando de su tío que tomaron Roma, regresando a Hispania como procónsul.

Pero una vez que Sila recuperó el control de la República para el bando de los optimates, aquellos que habían apoyado a los populares se convirtieron en renegados. Entre ellos Sertorio, que desde Hispania dirigirá la lucha contra la dictadura silana, en las llamadas Guerras Sertorianas (83-72a.C.).

Será aquí cuando se fragüe la leyenda de Sertorio, ganándose a los hispanos con rebajas de tributos, un trato afable o liberándolos del hospedaje obligatorio de tropas que tantos quebraderos de cabeza traía a los provinciales, o creando un eje central de su presencia en Hispania, con Ilerda, Osca y Calaguirris. En la Capital oscense, tratará de recrear su ideal republicano a través de la creación de un Senado de trescientos miembros. Incluso, proporcionará una academia donde los hijos de los nobles indígenas aprenderán las costumbres y las formas de vida romana, llegando a vestir la púrpura.

Independientemente de la legitimidad de las reivindicaciones sertorianas, lo cierto es que todos los autores coinciden en la personalidad y carisma del general romano, así como en sus más que demostradas dotes de mando. Como demuestran los escritos de Cesar (50 a. C.), De bello Gallico y De bello Civile, donde habla de compañeros de Sertorio que se unen a él, dando muestra de la juventud de los seguidores de Sertorio, que en época de Cesar todavía estaban en edad de combatir y de los que dice ser: “muy expertos en el arte militar, haciendo la guerra a la romana”.

Aunque no se han conservado testimonios escritos de personajes históricos que vivieran el conflicto en persona, se sabe que éstos fueron utilizados por autores posteriores, en su mayor parte con una tendencia favorable a los vencedores de la contienda. En la bibliografía clásica se encuentra una bipolaridad muy marcada entre los defensores de Sila y los que apoyan a Sertorio. Una de las claves de ésta bipolaridad, según D. Gillis, será el criterio a seguir a la hora de considerar legal o no el gobierno de Sila, optimates frente a populares. Bipolaridad de la que se harán eco autores posteriores como Valerio Paterculo, Valerio Máximo, Frontino, Plutarco, Apiano, Floro… Que justificaran las acciones de unos u otros en pro de un fin lícito.

En colaboración con QAH| iHistoriArte

Vía| Plutarco. Vidas paralelas. Ed. Gredos S.A., 2010 Madrid. Apiano, Guerras Civiles, ed. Gredos, 1985, Madrid. Apiano, Historia  de romana, ed. Gredos, 1980, Madrid. Carcopino, Jerome, Julio Cesar el proceso clásico de la concentración del poder, ed. Rialp, 2004, Madrid. Neira Jimenez, Mª Luz, Aportaciones de las fuentes nitrarías antiguas de Sertorio, Editorial de la Universidad Complutense de Madrid, 1986, Madrid. Espinosa, Urbano, Calagurris y Sertorio, ed. Universidad de Alicante, 1984, Madrid.

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