Patrimonio 


La Semana Santa de los costumbristas

La Semana Santa de Sevilla es, posiblemente, una de las fiestas españolas que cuenta con un mayor número de representaciones en el arte, debido a que fue en la capital andaluza donde floreció, como en ninguna otra ciudad de España, un arte costumbrista que plasmó las fiestas más populares de la ciudad, como los toros, la Feria o el Corpus.

Cristo de la Conversión,  Gustave Doré (1865).

Si bien existen representaciones de la Semana Santa sevillana en pintura ya desde el siglo XVII, será en el siglo XIX, con la creación del mito romántico de España, cuando comiencen a proliferar este tipo de representaciones. Las primeras imágenes ligadas a ese espíritu romántico y costumbrista se dan precisamente de la mano de los viajeros europeos que llegaban a la ciudad andaluza para descubrir esos mundos exóticos y misteriosos del sur de España que tanto llamaron la atención a los artistas del Romanticismo. Fueron especialmente los artistas franceses, a partir de la década de 1840, quienes comenzaron a plasmar escenas de la Semana Santa de Sevilla a través de litografías y grabados, como los que realizaron Gustave Doré y el Barón Jean Charles Davillier en 1862 para su serie “Viaje por España”.

A partir de estas primeras representaciones fruto del espíritu romántico, se irá configurando a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX una forma de representar la Semana Santa sevillana muy peculiar, en la que el elemento principal de la composición no será la imagen religiosa en sí, sino el pueblo y su forma de concebir la fiesta. En este sentido, los pintores utilizarán la Semana Santa para plasmar, a través de ella, los tipos populares sevillanos. Uno de los casos más llamativos es el cuadro que el pintor francés Alfred Dohedencq pintó en 1851 para el Duque de Montpensier, titulado Una cofradía pasando por la calle Génova. En la escena, donde se representa el paso de una cofradía no identificada por la calle Génova (actual Avenida de la Constitución), podemos ver cómo el pintor, en el lado derecho, centra su atención en grupo de mujeres que contemplan la procesión sentadas y que, por su vestimenta, podemos intuir que pertenecen a la clase burguesa.

Una cofradía por la calle Génova, Alfred Dohedencq (1951)

Muy similar a la anterior, es la pintura titulada La procesión del Viernes Santo (1862), realizada por Manuel Cabral Bejarano, uno de los máximos representantes de la escuela costumbrista sevillana. La escena representa el paso de la Cofradía de Montserrat de nuevo por la calle Génova, y en ella el pintor plasma con gran realismo no sólo el cortejo procesional, sino a las diferentes clases sociales que se congregan para ver el paso de la cofradía y que podemos distinguir por el detallismo de sus vestimentas o de sus gestos. Así, podemos contemplar como un mendigo se arrodilla en la parte izquierda de la composición, a la vez que en el lado derecho una bella dama burguesa con un pomposo vestido rosa comenta la escena con las mujeres de su alrededor.

Después de la procesión, Manuel Cabral Bejarano (1837-1891).

La mayoría de los pintores costumbristas sevillanos plasmaron con sus pinceles la fiesta religiosa por excelencia de la capital andaluza, junto con el Corpus Christi. Una de las representaciones más interesantes nos la ofrece Joaquín Domínguez Bécquer en su obra La plaza de San Francisco durante el desfile de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Pasión (1853), donde vemos cómo la plaza del Ayuntamiento se convertía en la principal escenografía de una puesta en escena tan teatral y barroca como era la Semana Santa de la Sevilla de aquellos años.

No obstante, los pintores costumbristas no siempre optaron por representar el paso de las cofradías. Algunos de ellos, como Cabral Bejarano, optaron también por representar la otra cara de la Semana Santa, la más popular y desenfada. Un claro ejemplo de ello es su pintura Después de la procesión, en la que vemos a dos nazarenos tomando un vaso de vino en el interior de una taberna, configurando así una escena de marcado carácter popular.

Paso de la Virgen del Valle, Joaquín Sorolla (1914).

A la larga nómina de pintores costumbristas sevillanos que plasmaron en sus pinturas escenas de la Semana Santa sevillana, hay que sumar el nombre de otros pintores que, si bien no habían nacido en Sevilla, sí se sintieron atraídos por sus fiestas mayores. El caso más conocido es quizás el de Joaquín Sorolla, quien en 1914 viaja a Sevilla para pintar su famosa obra Procesión de Semana Santa en Sevilla, también conocida como Los nazarenos, que realizada para la Hispanic Society de Nueva York y en la que plasmó, con su característica sutileza en la pincelada y en el uso de la luz, una escena inventada, aunque inspirada en la realidad, de la Semana Santa sevillana.  Su interés por la fiesta fue tal, que incluso visitó algunas capillas para captar mejor la esencia de la devoción sevillana, fruto de lo cual salió su obra Paso de la Virgen de Valle (1914), mucho menos conocido que el anterior.

 

Vía| REINA PALAZÓN, A., La pintura costumbrista en Sevilla (1830-1870), Sevilla: Diputación de Sevilla, 2012; MÉNDEZ RODRÍGUEZ, L., La imagen de Andalucía en el arte del siglo XIX, Sevilla: Centro de Estudios Andaluces, 2008; RODRÍGUEZ GÓMEZ, J. (dir. gen.), Sevilla Penitente (vol. 1), Sevilla: Imán Producciones, S.L., 1995.

Más información| La Semana Santa de 1862 según Davillier y Gustavo Doré (ABC)

Imagen| Cristo de la Conversión, Una Cofradía por la calle Génova, Paso de la Virgen del Valle

 

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