Patrimonio 


El secreto bajo la Virgen de Regla

En España tenemos la inmensa suerte de tener un patrimonio cultural que  muchas veces puede parecer inabarcable, más cuando salimos de las grandes ciudad camino a los pequeños pueblos.  Los descubrimientos recientes vienen muchas veces dados por simple olvido de nuestro pasado y esto, precisamente, es lo que ha pasado en Chipiona (Cádiz). Aunque siempre tendrá ese halo de reconocimiento un poco cerrado por La más grande aka Rocío Jurado y la prensa del corazón pateando sus calles en busca de exclusivas de familiares cercanos, Chipiona es mucho más. Os lo dice una que ha tenido la suerte de pasar mucho tiempo por allí. Además de una magnífica playa que se encadena con otras creando kilómetros de costa de fina arena, Chipona ha sido, desde muy temprano, escenario de grandes hechos y punto de encuentros de diferentes pueblos. Arrasada en noviembre de 1755 por el mismo tsunami que lo hizo con Lisboa, en este pequeño pueblo de la costa gaditana aún quedan tesoros por descubrir.

Chipiona ya es conocida en época romana como Caeponis Turri, aunque sin duda era también conocida por pueblos como los fenicios y tartesos debido a su cercanía con Gadir (Cádiz) y Sancti Petri (Chiclana) donde se encuentran los restos del templo dedicado a Melkart. Seguramente este nombre derive de la torre que durante muchos siglos hizo de faro situado en la desembocadura del Guadalquivir y que fue construido por Quinto Servilius Ceipión en el año 140 a.C. El objetivo consistía en que los barcos escaparan de los peligros de la Piedra de Salmedina, causante de numerosos naufragios y que es frecuente tanto en esta zona. Los pocos restos que se tienen de esta época, datan del s.II a.C, y se sabe que tanto la llegada de los visigodos como la de los árabes hizo que mermara mucho la población. Este es un dato muy interesante si tenemos en cuenta los descubrimientos que han salido a la luz este mismo mes. Y así llegamos a época cristiana. La tradición refiere que los discípulos de San Agustín, huyendo de los Vándalos de África, llegaron a Chipiona por mar con la imagen de la Virgen de Regla. Invadida España por los árabes, los ermitaños ocultaron la imagen en un aljibe a unos treinta pasos de la ciudadela, hoy monasterio. La imagen permaneció oculta hasta el siglo catorce en que un religioso de la Orden de San Agustín la encontró, merced a una revelación del cielo. Sobre el aljibe se construyó el Humilladero, lugar al que se denomina como devoto y que suele haber a las entradas o salidas de los pueblos con alguna cruz o imagen, ya que la iglesia se encontraba fuera de la ciudadela.

Pues bien, a principios de este mes nos sorprendía la noticia de que debajo del Santuario de Nuestra Señora de Regla se hallan dos plantas de una iglesia visigoda del siglo VII que posteriormente fue reutilizada como castillo y mezquita almorávide, ambas construcciones desconocidas hasta ahora. Tal y como afirma el arqueólogo Antonio Ramos Millán, protagonista de este hallazgo “se sabía que eso estaba ahí, pero, siendo espacios conocidos nadie se percató de la trascendencia de lo que representaban”.

En principio se trata de una cámara subterránea de 15 metros de largo por 4,5 de ancho bajo el actual monasterio que había sido utilizada anteriormente como bodega y escondrijo de la imagen de la Virgen durante la Guerra Civil. Está cubierta con una gran bóveda de cañón con tres arcos de medio punto, en su interior conserva un pozo de agua junto a un arcosolio excavado en la pared, usado en las primeras iglesias como enterramiento de un mártir. De ser todo confirmado se trataría de un gran descubrimiento dado que “no se conocen criptas visigodas que se conserven en su integridad, caso destacado de una parte de la cripta de San Antolín, en la catedral de Palencia”.

Antonio Ramos comenzó esta investigación gracias a uno de los elementos contextualizados que se encuentran en el patio del monasterio: una ventana con el vano compuesto por dos arcos de herradura apuntados y un parteluz que, hasta ahora, se ha considerado de origen mudéjar. Sin embargo, Ramos considera que este hueco es muy anterior. El arqueólogo data su origen como una ventana de la planta superior del templo visigodo. Los mozárabes mantuvieron el uso cristiano del edificio, hasta que, a principios del siglo XII, los almorávides se hicieron con el control de Al-Andalus y deportaron a los cristianos del sur al Magreb. Después de este desalojo, el edificio se reconvirtió en un castillo o ribat de usos monásticos con una mezquita principal. Con el cambio, la ventana se redecoró al gusto almorávide, según la tesis de Ramos, sostenida también en su publicación De la memoria idrisiana y arqueológica del Ribat Al-Munastir almorávide de las mezquitas (Chipiona).

Por si no fuera suficiente, esta nueva línea de investigación se uniría a la comenzada en 2015 gracias al hallazgo de restos paleocristianos del siglo V -VI junto al Humilladero de lo que hoy sería el monasterio (no olvidemos lo que dice la tradición sobre este lugar). Las excavaciones arqueológicas que desarrolló un equipo de investigación de la Universidad de Sevilla y arqueólogos locales, dirigido por Jesús Rodríguez Mellado y el doctor Pablo Garrido González, sacaron a la luz los restos de una necrópolis que permitieron documentar restos de edificaciones islámicas y, a más profundidad, una plataforma de piedras recubierta de argamasa (opus signinum), una sepultura con paredes y cubierta de piedras que contenía los restos de al menos una persona y una lucerna con motivos cristianos. Estos dos hechos juntos vendrían a complementarse y así hacer más plausible la teoría de Antonio Ramos.

Vía| El País

Más información| EuropaPress

Imagen| Vista iglesia, Faro de Chipiona, Iglesia paleocristiana, Ventana mozárabe, Excavaciones humilladero

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