Historia 


¿Se realizaban sacrificios humanos durante la Antigüedad en la península ibérica?

Durante la muy amplia etapa cronológica que podemos considerar como la Edad Antigua, muchos fueron los diferentes pueblos que habitaron el territorio que, rodeado por diferentes mares, pasó a conocerse como península ibérica curiosamente por causa de un río. De este modo, una extensa lista de culturas, quizá todas ellas compartiendo un denominador común, configuran el mapa del pasado ibérico. Podríamos referirnos a ellas como tribus ibéricas, como estados indígenas, o sencillamente optar por el apelativo de pueblos prerromanos, que permitiría englobar a todas estas culturas bajo un mismo nombre, haciendo alusión a la principal de sus características, el hecho de haber sido los pobladores de Hispania, antes de la llegada de aquellos que bautizaron esta zona con dicho término.

Altar de sacrificios de Ulaca. Solosancho. Ávila.

Altar de sacrificios de Ulaca.
Solosancho. Ávila.

Tan infinito como interesante sería el debate que generaría el estudio de las diferencias y similitudes que estos pueblos guardaban entre sí. Casi toda la información acerca de los aspectos de las culturas de estas tribus ha llegado a nuestros días gracias a las fuentes romanas. La religión no es una excepción, y para comprenderla, tenemos que atender a los testimonios que de ella registraron los romanos. Más allá de eso, casi exclusivamente nos quedaría observar las rocas. Es decir, estudiar las inscripciones que estos pueblos realizaban en el inmortal material con el que construían sus elementos ceremoniales, la piedra. Aún así, tristemente puede considerarse pobre el conocimiento que se ha podido preservar acerca de la religión de estos pueblos, pues lo que sí se sabe es que era un aspecto muy rico, y sin embargo se desconocen muchos matices, en comparación con las abundantes referencias que se tienen de la cultura religiosa romana, en parte, quizá, culpable de la desaparición de las creencias nativas que en la península ibérica existían.

Resulta curioso que una de las principales fuentes de este asunto sea la que nos llegó de un personaje que nunca pisó la península, el geógrafo e historiador griego del siglo I, Estrabón, quien dedicó el tercero de sus diecisiete volúmenes a Iberia, consultando las fuentes del gran polímata Posidonio. Plasmó en sus importantes estudios detalles acerca de la cultura religiosa de los pueblos peninsulares y gracias a ello conocemos datos concretos de lo más llamativos. Por ejemplo, la realización de sacrificios. Sabemos que los diferentes panteones estaban configurados por diferentes deidades con identidad definida, pero como factor común podemos considerar que la inspiración de sus adoraciones se encontraba en los elementos naturales, vinculados con sus propias necesidades. Además de rituales y ceremonias que incluían danzas nocturnas, parece que las ofrendas por medio de sacrificios eran una práctica habitual entre las gentes indoeuropeas. Cabezas de ganado de diferentes especies eran ofrendadas a los dioses, y así se ve representado en algunos relieves o en las bellas empuñaduras de metal utilizadas en los cultos, testimonios desgraciadamente muy escasos. Además, entre algunos de los pueblos prerromanos de la península ibérica, también se llevaban a cabo sacrificios en los que seres humanos formaban parte de las ofrendas.

Relieve ibérico de Pozo Moro. Chinchilla. Albacete.

Relieve ibérico de Pozo Moro.
Chinchilla. Albacete.

Muchas fueron las culturas y muchos los aspectos religiosos de cada una de ellas. Los romanos a menudo citaron que los habitantes de las tierras que encontraban a su paso durante el crecimiento de su extenso imperio, sacrificaban personas. Podemos citar datos particulares de ciertos pueblos peninsulares. Estrabón afirma en sus textos que los celtíberos y sus vecinos de las zonas del norte sacrificaban a su dios machos cabríos, caballos y cautivos de guerra. Parece ser que era frecuente que los sacrificados fueran prisioneros. Destacan los testimonios acerca de sacrificios humanos en los que los lusitanos y otros pueblos colindantes son los protagonistas. Fueron pueblos muy dados a ofrecer personas en sus sacrificios. Pero es importante entender que el principal motivo por el que se sacrificaban seres humanos en las ceremonias destinadas a los dioses, no era sencillamente el de ofrecer vidas a las deidades, sino el poder adivinatorio que creían obtener posteriormente, interpretando las señales presentes en las vísceras de los sacrificados. Así pues, los métodos de quitar la vida a los elegidos se enfocaban al objetivo de augurar el futuro por medio de la observación de la muerte del condenado al sacrificio. Fuentes etnográficas de origen griego como las del historiador del siglo I Diodoro, describen con detalle las formas de sacrificio que utilizaban los bárbaros, permitiéndonos hacernos una idea de lo que en la península pudo practicarse. Al clavar una espada en el diafragma de la víctima, se estudiaba de qué manera caía el cuerpo al suelo. También se examinaba la forma en que la sangre brotaba de las heridas causadas por impactos de flechas. Incluso las convulsiones que el sacrificado sufría al serle clavado un puñal en el centro de la espalda, servían para que los adivinos vaticinaran el futuro.

No obstante, como conclusión, debemos aceptar que se echan en falta más testimonios arqueológicos que corroboren que entre los sacrificios que con total seguridad los pueblos prerromanos practicaban, se encontraban seres humanos. Pues nuestras principales fuentes, las literarias, podrían estar contaminadas por esa tendencia que los autores tenían a exagerar la condición salvaje de esos pueblos que, para ellos, eran bárbaros.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Cervantes Virtual

Imagen| Altar, Relieve

En QAH| La matanza del cerdo en la historia

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