Historia 


¿Se ha celebrado siempre el Carnaval con disfraces?

El hecho de que actualmente se celebre el Carnaval mediante fiestas de disfraces en las que nos enfundamos la apariencia de otro para abandonar la nuestra, se debe a que, por supuesto, otros muchos ya lo hacían a lo largo de nuestra historia. Si repasamos los orígenes y la evolución de esta celebración podemos apreciar la razón que nos ha llevado a festejar estas fechas con el uso de disfraces y máscaras que ocultan nuestra identidad. La actividad de asumir el rol de otra persona o incluso de otro animal o cosa, ha acompañado al hombre desde la Antigüedad. Hace más de cinco mil años, los habitantes de Sumeria participaban en los diferentes ritos destinados a la celebración de las más importantes fechas de su calendario basado en las cosechas, ataviados con disfraces que, según consideraban, les otorgaban esencias ajenas. Pintaban sus cuerpos y cubrían sus rostros con máscaras, danzando a la luz de las hogueras. En otra de las culturas antiguas, durante el quinto día de la más importante fiesta del calendario babilonio, el sacerdote del templo Esagila, morada del dios Marduk, se disfrazaba para representar a la propia deidad durante la ceremonia de la renovación de poder del rey. Al fin y al cabo, el paso más sencillo a la hora de suplantar una identidad, siempre ha sido el adoptar la apariencia del personaje parodiado.

Ave, Caesar. Io, Saturnalia. Lawrence Alma-Tadema. 1880.

Ave, Caesar. Io, Saturnalia. Lawrence Alma-Tadema. 1880.

Pero quizá la celebración precursora de lo que hoy conocemos como Carnaval sea el festejo de las Saturnalia, en la Antigua Roma. En el verano del año 217 antes de Cristo, al comienzo de la Segunda Guerra Púnica, tuvo lugar la Batalla del Lago Trasimeno, en la cual Roma sufrió una importante derrota en el enfrentamiento entre las tropas del cónsul Cayo Flaminio Neponte y los cartagineses bajo el mando del general Aníbal. Para elevar la moral del pueblo y olvidar el fracaso militar, se organizaron unas fiestas en honor a Saturno, y fueron tan apreciadas por la plebe que se repitieron posteriormente. Se eligió el mes de diciembre como fecha apropiada para este festejo, debido a que la llegada del invierno venía acompañada de un período de descanso tras las labores del campo propias de la temporada estival. El concepto celebrado en honor de Saturno era el de rememorar lo que en la cultura latina se conocía como Edad de Oro, una mítica etapa del hombre en la que Saturno gobernaba un mundo puro e inmortal donde no había diferencia entre clases. Así, todos los ciudadanos adquirían la igualdad durante estos días de fiesta, y por ello el pueblo apreció tanto esta celebración. Incluso los esclavos dejaban de serlo, y asumían el papel de señores aunque fuera por un tiempo estipulado. Comenzaba de este modo ese intercambio de roles que caracterizaría el posterior Carnaval. Poco a poco con la llegada de las Saturnalia, cada individuo escogía el rol que quería desempeñar. El éxito de este juego triunfó en esa sociedad tan profundamente jerarquizada.

Con la instauración del cristianismo, la mayoría de celebraciones paganas asumieron un cambio de identidad y se ligaron a los ritos cristianos. Una fiesta tan desenfrenada como las Saturnalia no podía coincidir con la celebración de la Navidad, por lo que se trasladó su festividad al mes de febrero. Ese cambio de esencia festejado mediante la actividad de disfrazar la verdadera identidad mucho tenía que ver con el cambio de año que representaban los ciclos agrícolas. La llegada de la primavera, un tiempo de purificación, ofrecía un buen motivo para situar en esas fechas la fiesta. Por ello fue februarius, el mes de febrero, el escogido para acoger la festividad. De hecho, febrero era el mes dedicado a Februus, o Platón, dios de la purificación.

Il Ridotto. Pietro Longhi. Siglo XVIII.

Il Ridotto. Pietro Longhi. Siglo XVIII.

Más adelante, a medida que la religiosidad perdía su sentido y ganaba protagonismo el mero hecho de disfrutar de unos días de excesos, los disfraces comenzaron a destinarse sencillamente a esconder la identidad. Durante el Concilio de Nicea del año 325, el emperador romano Constantino el Grande fijó la fecha de la celebración de la Semana Santa. Para ello, estableció que el Domingo de Resurrección coincidiría con el primer domingo tras la primera luna llena de la primavera. Además, se impuso un período de cuarenta días de ayuno y sacrificio que precedería a la Semana Santa. Cuarenta días atrás de las fechas en las que aproximadamente había de celebrarse la Pasión de Jesucristo se festejaban las antiguas Saturnalia, por lo que se tomaron como días de auténtico desenfreno antes de alcanzar esos días de expiación. Nacía así el verdadero Carnaval, cuyo nombre proviene del latín carnem levare, que significa abandonar la carne, el principal sacrificio de ese período de Cuaresma por el que se prohibía comer carne. En unos días en los que se permitía mayor libertad, en preparación para un largo período de abstinencia, el hecho de permanecer en el anonimato bajo una máscara se convirtió en fundamental.

Ya en la Edad Media de Venecia, el uso de máscaras y disfraces en el Carnaval adquirió un sentido totalmente propio. La ciudad de los canales, destino tan común para la aristocracia europea, se convirtió en el lugar en el que aprovecharían el Carnaval para enmascarar su posición y poder moverse entre las gentes del pueblo llano con total libertad. Un objetivo quizá contrario al de aquellos esclavos que buscaban sentirse servidos, en vez de servidores, y es que quizá el Carnaval sea la fiesta en la que simplemente buscamos ser aquello que no somos durante el resto del año.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| Romanorum Vita

Imagen| Saturnalia, Venecia

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