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¿Se desmorona el sueño corporativista?

¿Se desmorona el sueño corporativista?Una de las noticias más destacadas de los últimos días ha sido la solicitud de pre-concurso de acreedores por parte de Fagor. Esta noticia nos ha llevado a muchos a preguntarnos si verdaderamente nos encontramos ante el fin de un modelo empresarial alternativo al modelo tradicional. ¿Era toda una utopía? Cuesta creer que el modelo colectivo basado en lazos de solidaridad vaya a terminar de esta manera. Y ahora tras la negativa del Gobierno Vasco y de la matriz “papá” Mondragón de seguir inyectando dinero comienzan a temblar los cimientos del sueño corporativista como fuente generadora de riqueza.

Para comprender todo mejor lo primero que debemos entender, es que no es la marca Fagor la que está en crisis, sino una de sus actividades productivas que conocemos con el nombre de Fagor Electrodomésticos. Es cierto que es la más conocida, pero no es la única que actúa bajo la marca Fagor.

Para esclarecer todo un poco más recordamos que, el modelo Corporativista ha sido considerado por muchos una alternativa a la economía de mercado, siendo entendido como un sinónimo de estabilidad, anteponiéndose ésta a la consecución de grandes objetivos financieros. Hay varias diferencias significativas entre el modelo empresarial tradicional y el anteriormente nombrado. Para empezar los socios-empleados (no todos son socios-empleados, solo aquellos que se encuentran en la ubicación donde se desarrolló el formato corporativo) poseen participaciones en el capital aparte de poseer toda la información sobre el desarrollo de la compañia. El resto de las cooperativas de la corporación intentan minimizar el problema de su socia mediante todo tipo de actuaciones (desde la recolocación de los trabajadores desempleados en sus propias cooperativas, hasta aportar soluciones de manera conjunta)… actuaciones que nunca nos encontraremos en un modelo empresarial tradicional donde lo que prima es la acumulación de riqueza individual.

Ahora pasaremos a analizar a muy grosso modo las principales causas que desde mi punto de vista han conducido a la situación actual.

La crisis del ladrillo.

En los años de la burbuja inmobiliaria se llegaron a construir 700.000 pisos al año, que necesitaban electrodomésticos. Cuando ésta estalló a finales de 2007-principios de 2008 resultó imposible mantener el ilusorio nivel de beneficios que la burbuja había dado lugar.  Lo que se necesitó en aquel momento fue un ahorro masivo para absorber las pérdidas subyacentes que la crisis comenzaba a destapar. El ahorro permitiría financiar deuda y mejorar la solvencia de la marca; y el ahorro permitiría financiar las nuevas inversiones necesarias para reconvertir la estructura productiva.

Un diseño de crecimiento incorrecto.

sedes Fagor ElectrodomésticosUna expansión mal medida en China y cuantiosas inversiones en Polonia que no produjeron los resultados esperados. En esos momentos se requerían inversiones de renovación de producto. Los electrodomésticos son en general, productos de bajo valor añadido,  fáciles de plagiar, en lugar de ello se destinaron a la compra de nuevas plantas.  En conclusión, un fallo de gestión que dió lugar a una serie de errores estratégicos que a día de hoy pesan mucho mas de los esperado.

 

Baja flexibilidad a la hora de adoptar decisiones.

Convocatoria de asamblea de socios para casi todo tipo de decisiones que dieron lugar a dificultades de adaptación a las nuevas circunstancias de mercado.  Este tipo de actuaciones siempre suponen un obstáculo al desarrollo de las actividades empresariales. En un mundo tan globalizado, es imprescindible disponer de cierta flexibilidad a la hora de dar respuesta a todo tipo de problemas.

 

A partir de aquí surge el debate, ¿nos encontramos ante un modelo utópico? O simplemente ante una mala gestión empresarial?

Hay muchos que achacan esta situación  al elevado precio de mantenimiento de esta filosofía de negocio. Ya que en  un modelo corporativista se realizan aportaciones de todas las cooperativas derivadas de una “reconversión de resultados” por la que se ponen en común una parte de los resultados obtenidos para ayudar a otras cooperativas en crisis o financiar otras actividades empresariales.

En conclusión, es innegable que tales acciones de solidaridad conllevan ciertas  consecuencias y pueden suponer una traba para la consecución de los objetivos marcados, pero en ningún momento debemos  cuestionar el modelo.

Vía| pymes y autónomos nueva tribuna

Más información| el confidencial

Imagen|FAGOR

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