Historia 


Se armó la de san Quintín

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Vista de la batalla de san Quintín

Hay días qué parecen llamados a ser marco de acontecimientos históricos. Días en que se juntan las efemérides formando listas interminables de relevantes sucesos. Y uno de esos días en los que todo pareció pasar en nuestra pequeña piel de toro puede ser precisamente el 10 de Agosto.

Un diez de agosto, por ejemplo, las tropas de Almanzor arrasaron la ciudad de Santiago de Compostela en aquellas razias contra los pueblos cristianos del norte dejando reducido el existente templo a migajas y llevando como botín hasta la ciudad de córdoba sus imponentes campanas sobre espaldas cristianas, según cuenta la leyenda . Otro diez de agosto, El Vaticano expone las reliquias de un mártir español, san Lorenzo, cuyo nacimiento se cree en la ciudad de Huesca, donde anualmente se le venera, y cuya historia hasta su muerte en la famosa parrilla está llena de elementos misteriosos que le sitúan incluso como guardián del santo grial. Años más tarde, nuevamente el 10 de Agosto, muere en Villaviciosa de Odón Fernando VI, personaje clave en la España del siglo XVIII, y hereda su trono el que fuera rey de Nápoles Carlos III. Y será también un diez de Agosto, de hace 82 años, cuando el general Sanjurjo inicie en Sevilla el que a la postre sería fallido golpe de estado contra la segunda república en el levantamiento que lleva su nombre: la Sanjurjada.

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Retrato de Felipe II

Pero entre todos esos acontecimientos, unos rememorados en ferias y fiestas populares y otros que apenas se alcanzan a recordar, hay un momento vivido el día que nos ocupa; una batalla y a la postre una victoria, que permanece en el imaginario colectivo de la población española: la batalla de san Quintín. Por todos conocida, o al menos referida (¿quién no ha dicho o escuchado aquello de “armarse la de san Quintín”?), esta batalla, que podemos englobar en las guerras italianas, donde españoles y franceses desde la época de los reyes católicos llevaban disputándose la posesión de los distintos territorios de la península itálica, será el acontecimiento con el cual el recién llegado al trono Felipe II se iba a presentar ante el resto de potencias europeas.

Pablo IV había sido elegido Papa en 1555, un año antes de la abdicación del emperador Carlos V, con quien mantenía una relación más que tensa, que le llevaría, a aliarse con el rey francés Enrique II. Esta alianza supuso que, ya habiendo ascendido a la corona española Felipe II, el Papa, interesado en que el reino de Nápoles dejase de estar bajo soberanía española, facilitase el acceso de las tropas francesas a las posesiones españolas del Milanesado y Nápoles. El III duque de Alba, Fernando Álvarez de Pimentel, logró frenar en seco las pretensiones de aquella alianza dejando aislado al Papa, quien temeroso de un nuevo ‘saco’ a la ciudad de Roma excomulgó al católico rey Felipe II.

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Asedio de san Quintín, por Niccoló Granello

Tras esto las ofensivas entre ambos países se trasladaron a la región de Flandes y allí la infantería española, dirigida por el duque de Saboya, inició la maniobra que terminó en la batalla de san Quintín. Haciendo creer que se dirigían hacia la Champaña, Manuel Filiberto de Saboya condujo las tropas camino de san Quintín donde apenas los franceses contaban con guarniciones para defender la ciudad. Enterados del rumbo y la ofensiva iniciada por los españoles el 2 de Agosto de 1557 los franceses enviaron a su ejército con más de 20.000 infantes y próximo a los diez mil caballeros al mando de Anne de Montmorency, quien días más tarde, el 10 de agosto de aquel año, decidió abandonar la protección del bosque y avanzar en paralelo hacia la ciudad, en un movimiento nacido del manifiesto desprecio militar de Montmorency hacia el duque de Saboya y que llevó a la impactante derrota francesa. Los españoles aprovecharon la maniobra para rodear a las tropas francesas en pleno despliegue y coordinados los arcabuceros con los piqueros iniciaron la sangría que llevó a que fueran cerca de 25.000 el número de muertos en combate, heridos y prisioneros entre los que se cuenta una guarnición de 5.000 alemanes que habían sido reclutados por el ejército francés y que se rindieron en bloque.

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Monasterio de san Lorenzo de El Escorial

Terminada la gran batalla y el asiento definitivo en la ciudad de san Quintín, que llevaría aún dos semanas, hubo quien propuso al nuevo rey marchar sobre la ciudad de París e incorporar un nuevo reino a la España de aquel momento. Desechada la idea, el rey decidió conmemorar la victoria construyendo el celebérrimo monasterio que, con forma de parilla y en honor del santo del día de aquella batalla, se asienta en la falda de la sierra madrileña, en El Escorial.

Vía|Grandes batallas de la historia

Más información| Losada, Juan Carlos. San Quintín, Aguilar, 2005

Imagen|Vista de la batalla, Felipe II, Asedio de san Quintín, Monasterio de El Escorial.

En QAH|  Cuánto duraron las obras de El Escorial, Auge y ocaso de un emperador, El hombre y el mar en tiempos de Felipe II, Qué era el camino español,

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