Coaching y Desarrollo Personal, Reflexiones 


Salta y… ¡a volar!

“No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos.”

-En busca de la Felicidad-

Cuando eres abogado (profesión dura como no hay otra) si quieres que te vaya bien, es mejor vivir bajo la sombra de un lema: “Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Pero algunas veces no hacemos caso a tan sabias palabras (en lo que a mi respecta puedo decir que es el 99,9% de las veces), y luego vienen los agobios, la documentación incompleta y la gente que no paga (por no pedir la provisión de fondos a tiempo).

Debe existir una extraña leyenda que dice que los abogados somos multimillonarios, vivimos en mansiones en Beverly Hills y nos encanta contarnos peripecias y gajes del oficio cuando salimos a surcar los mares en los meses de calor con nuestros yates anclados en Porto Banús. He de decir que es mentira, por mucho que le cueste creerlo. Trabajo hay, que no digo yo que no, que la gente es muy de meterse en problemas, pero no paga, ni provisión ni nada de nada.

Muy claro me lo dejaron a mí unos búlgaros a los que les llevé un tema penal: “Tu no querer cobrar, nosotros no pagar, tu gratis”. No quise entrar en el tema de si era una amenaza o una sugerencia que no me quedaba más remedio que aceptar si o si, porque a lo mejor ellos vivían bajo la filosofía de que los fruteros regalan las naranjas, y porque creí que no era el momento más oportuno. Que le voy a decir, amo la vida, aunque no pare de ponernos zancadillas, pero la amo, porque es lo único que tengo y que de verdad es mío.

“Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, estamos hartos de oírlo, en boca de nuestros padres, de nuestros abuelos… en la nuestra propia (cuando crecemos, y apreciamos realmente su significado), e intentamos llevarlo a cabo desesperadamente, sobre todo en verano (¿o no?).

Existen dos opciones: o bien caemos en desidia y pereza, o por el contrario queremos aprovechar al máximo los escasos días del año en los que disfrutamos de un poco de libertad, dónde todo vale y el libertinaje es nuestra bandera.

Anda que  ¿y si Benjamin Franklin hubiera dejado para mañana el descubrimiento de la electricidad o Thomas Edison la invención de la bombilla? no hubiéramos llegado muy lejos… bueno ni lejos ni cerca, a ningún lado, porque no veríamos nada cuando se nos acabara el aceite de las lámparas, y teniendo en cuenta mi índice elevado de probabilidad para caerme y darme golpes, posiblemente ahora mismo no estaría viva, ni tampoco podría ir a IKEA  a comprar lámparas de mesa KOPPAR, ni tampoco se hubieran inventado las bombillas de bajo consumo que nos hacen sentir mejores personas por nuestra implicación con el medio ambiente.

La gente debería pensar en ese tipo de cosas. No llego a entender porqué en realidad posponemos siempre todo. Tomas una decisión, la tienes clara, entonces ¿por qué esperar? Imagino que muchas veces no corremos con el pistoletazo de salida por miedo al “que dirán”, a fracasar. Por miedo al miedo.
Hiperventilamos cuando tenemos que saltar, cuando nos toca llevar a cabo la decisión tomada, sentimos miedo a un rechazo: ¿qué debemos hacer si no nos sale bien la jugada? ¿Y si no era la decisión adecuada?

Sea lo que sea lo que hace que no terminemos de lanzarnos, hay una cosa clara: cuando ese miedo a hacer algo se vuelve insoportable, cuando pesa más que cualquier losa, cuando nos hace sentir pequeños, es como si estuviéramos sometidos a una condena enorme. Nos convertimos en presidiarios de traje naranja cuyo final está irremediablemente escrito.

Cambiemos el chip, la manera de ver la vida, aprovechemos cada día como si fuera el último y tomemos el control ya de una vez por todas.

saltoalvacio

La hormiga más rápida es la que llega al hormiguero, el pájaro más veloz es el que se come al gusano, y una decisión tomada a tiempo es la que puede salvarnos. Aquel que vive constantemente bajo un mar de dudas nunca dejará de estar perdido. No podemos ocultar que no lo sabemos, que no hemos oído el proverbio, que lo desconocemos. Filósofos de nombre reconocido, o sin él, como nuestros abuelos, nuestros padres… nos instan a vivir el momento. No hace falta ser poeta ni escritor para ello, ni para saber cómo hacerlo: sólo debemos escucharnos a nosotros mismos.

Es bueno que cometamos nuestros propios errores, aprender de nuestras propias caídas, y dejar de lado las probabilidades de acierto. Es bueno dejar de pensar en mañana y entender lo que esa repetitiva frase nos quiere decir:“Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy“; que es mejor despertarse que dormir, que es mejor caerse que no haber aprendido a andar nunca, que es mejor creer que preguntarse… que es mejor cometer un error a no haberlo intentado nunca.

Atrevete. Salta.Vuela

Texto|Abogada de Barra

Imagen|Salto al vacio

 

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