Cultura y Sociedad, Historia, Patrimonio 


Salir del Purgatorio. La capilla mayor de La Vid, en Burgos

Dante-Domenico_di_Michelino-Duomo_Florence

Recreación de Domenico di Michelino del Purgatorio a partir de la descripción de Dante en la Divina Comedia. Pintura mural en el Duomo de Florencia, 1465

Durante la Baja Edad Media, el cristianismo tomó conciencia de que la Parusía y el Juicio Final anunciados en el Apocalipsis de San Juan no iban a ser inmediatos, formándose la idea de un juicio individual justo después de la muerte. Esto dio origen al Purgatorio, un lugar intermedio antes de alcanzar el Paraíso, al que los purgantes podrían llegar dependiendo de las misas, oraciones y buenas obras que los vivos ofrecieran por ellos después de su muerte.

Así, a partir del siglo XV, comienzan a fundarse múltiples capellanías privadas en monasterios, catedrales y parroquias en las que celebrar misas por las almas de sus comitentes; alcanzarán su mayor esplendor después del Concilio de Trento, teniendo en cuenta que es cuando se reafirma la existencia del Purgatorio en contra de la negación del mismo difundida por Lutero.

Pero junto a estos fines religiosos, las fundaciones también mostraban el prestigio del difunto en vida, además de informarnos de los distintos gustos de los comitentes y de las diferentes corrientes artísticas vigentes en ese periodo.

03

Cabecera de la iglesia de la Vid, convertida en un ámbito funerario aislado del resto del templo

Uno de los ejemplos más singulares en nuestro país es el de la capilla mayor de la iglesia del monasterio de la Vid en Burgos, patrocinio de don Íñigo López de Mendoza, abad del monasterio, y de su hermano, don Francisco de Zúñiga Avellaneda y Velasco, III conde de Miranda del Castañar.

El abad don Íñigo, que había adoptado el apellido de su bisabuelo por parte materna (el I marqués de Santillana), apenas estuvo en el monasterio. Fue obispo de Coria, arzobispo de Burgos y cardenal gracias a Clemente VII; vivió  muchos años fuera de España al servicio de Carlos V ya desde que éste era príncipe en los Países Bajos, siendo su embajador en Inglaterra y acompañándole a Italia. En cuanto a don Francisco, fue mayordomo mayor de la emperatriz Isabel de Portugal y caballero del Toisón de Oro, virrey y capitán general de Navarra y miembro de los Consejos de Estado y de Guerra del emperador. Ambos estuvieron vinculados a los círculos erasmistas de la península.

La fuerte personalidad y el linaje de sus comitentes explican que la capilla, que comenzó a erigirse en 1522 ocupando toda la cabecera de la iglesia, adoptase el modelo iniciado por sus abuelos, don Pedro Fernández de Velasco, II conde de Haro y doña Mencía de Mendoza, la Capilla del Condestable de la catedral de Burgos, formando un bloque cuadrangular de igual ancho que el cuerpo del templo, que se transforma en ochavo mediante la incorporación de trompas aveneradas para acoger una cubierta de bóveda estrellada. Cuenta con ábside poligonal de muy escaso desarrollo y dos capillas laterales o pequeños brazos de crucero, conformándose como un espacio centralizado y autónomo, un ámbito grandioso que minimiza el resto de la construcción.

Cubierta de la cabecera de la iglesia de la Vid

La decoración combina el grutesco con la heráldica, con los dos grandes escudos de don Íñigo y don Francisco en los testeros de las capillas laterales, los contrafuertes exteriores y en las vidrieras, donde se distinguen los símbolos de los Avellaneda, los Velasco, los Mendoza y los Zúñiga entre otros.

Los fundadores fallecieron en 1535 y 1536 respectivamente y la capilla no quedó terminada hasta 1572, cuando sus restos fueron colocados en sendos nichos en los laterales del altar mayor.

 

Imagen| Recreación de Domenico di Michelino; el resto son propias.

Vía| LE GOFF, J. El nacimiento del Purgatorio, Madrid, Taurus, 1985. VOVELLE, M., Les âmes du Purgatoire ou le travail du dueil, Paris, Gallinard, 1956, pp. 112-198. RODRÍGUEZ G. de CEBALLOS, A. y NOVERO PLAZA, R., “La representación del poder en monumentos funerarios del barroco español. Los sepulcros de los condes de Monterrey en las Agustinas Descalzas de Salamanca”. En VV.AA., Arte, poder y sociedad en la España de los siglos XV a XX, 2008, pp. 253-264.

RELACIONADOS