Coaching Profesional 


Rutinas

¿Quién soy? Es complicado saber quién soy.

A lo largo del día paso por distintas personalidades. Me levanto y soy una persona fuerte, con vitalidad, ganas de comerme el mundo, con ideas nuevas, con energía que transmitir a los demás, con objetivos bien definidos. Alzo la persiana, veo el devenir de la gente, veo al mundo activado, puesto en marcha, veo vidas dirigidas, historias que se mueven dentro de un mismo libro y que en ocasiones se juntan para formar capítulos de algo más grande. Pero también reflexiono, analizo, y me doy cuenta que esos pasajes son cada vez más pequeños. Las grandes historias ya no existen porque ya no hay grandes personajes. Ni siquiera hay grandes entornos en los que se desarrollen.

Las grandes historias nacen de grandes valores. Antes el amor daba lugar a guerras. ¿Dónde está ese amor? ¿Dónde está el honor por el que muchos hombres luchaban y estaban dispuestos a perder sus vidas? El honor ha desaparecido de nuestras vidas y lo que es peor, ha arrastrado al amor. Ha cambiado su esencia. Ni siquiera los villanos son verdaderos villanos. Quizás es que no haya héroes a su altura y por eso han bajado su listón. ¿De qué vale ser un gran villano sin tener un gran héroe que te persiga?

Volvamos al principio. Han pasado varios horas del día y la rutina ha hecho efecto en mí. Mis ideas están apartadas, en la cola de espera, pues la rutina se prioriza. El día a día de mi vida me consume. Quizás no sea tan fuerte, quizás no pueda hacer nada, quizás el mundo no se merezca un cambio. ¿Quién demonios soy yo para cambiar el mundo? El Sistema no me lo permitirá…  Un ligero vistazo a mi oficina y veo rutinas, no vidas. Veo obligaciones, no motivaciones. ¿Por qué? ¿Por qué vienes aquí? Ah, tienes una familia que mantener, algo hay que hacer para mantenerse ocupado…

Mi jornada de trabajo finaliza. ¿Qué he aprendido hoy? Hasta este momento nada. Y sinceramente no creo que en este poco tiempo que me queda pueda hacerlo. La sombra de la noche es alargada, la tentación de indagar en otras vidas, más interesantes que la mía, es demasiado alta como para pasarla por alto. ¡Qué bien viven! ¿He perdido el tiempo? No. Debo demostrar que yo también soy importante. Que tengo algo que enseñar…

Hora de dormir. Coloco el despertador en su sitio. Mañana será otro día. Me tumbo en la cama, mis miedos pasan por delante de mí, vivo y siento esa otra vida donde te tengo a mi lado. ¿Le escribo? Eso me haría débil… No, mejor no le escribiré. Seguro que él lo hará. Esperaré esta noche y sino mañana le escribiré.

(Pero mañana será otro día y la persona que se acostó en esa misma cama no será la misma que se levante…)

Imagen| Noche

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