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Ruta por Escocia: un viaje a tu interior

Con el lío del Brexit, el pound está ¡a nada y menos! ¿Es el momento de viajar a United Kindom?

El viaje a Escocia empieza por unas ganas irremediables de sentir aislamiento. No aislamiento en todos sus sentidos, pero sí un abandono social y cosmopolita. A pesar de que Edimburgo (capital de Escocia, nación de Reino Unido, aunque si no os importa le llamaré ‘país’ a lo largo del artículo) tiene medio millón de habitantes -y Glasgow un número un poco superior a esta cifra-, y la visita a ambos lugar es como gran ciudad y núcleo urbano es bastante obligada, la Escocia que os voy a presentar es la realidad de un ‘país’ tranquilo, verde, lleno de parajes naturales y que incita a la desconexión.

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Juegos en Royal Mile, Festival de Artes de Edimburgo

La ruta que os presento, ni mucho menos la mejor, ni experta, se dibujó un par de semanas antes de emprender el viaje, queriendo aglutinar los lugares más bonitos del país en un trayecto en coche. Así, nada más aterrizar en el aeropuerto de Glasgow, mi amiga y yo firmamos los correspondientes papeles de alquiler del vehículo para emprender el viaje a ningún lugar; ya que la ruta no estaba del todo clara.

Había muchos lugares que descubrir y pocos días, así que optamos por ver Glasgow solo desde lejos y entrometernos directamente en una de las ciudades más medievales.

Edimburgo obliga involuntariamente a uno a sumergirse en un mundo de gestas, juglares y caballeros. Tanto sus calles como sus edificios, tan bien conservados, permiten que se respire un auténtico aire de pleno siglo XI y los juegos con fuego u otros artilugios medievales de autóctonos circenses incentivan a sentirse en esa atmósfera. También gracias al extravagante Festival de Artes de Edimburgo, que tiene lugar del 5 al 29 de Agosto.

(“…la ciudad se transforma para acoger a artistas que ponen en escena más de 2000 espectáculos de música, teatro, danza y comedia, y el ambiente se tiñe de frenesí y locura, convirtiendo las calles de Edimburgo en un encantador caos de actuaciones, turistas, puestos de artesanía…” más info http://masedimburgo.com/guias-de-edimburgo/el-festival/)

Castillo de Edimburgo

Castillo de Edimburgo

Visita obligada al castillo de Edimburgo, edificado sobre una roca de origen volcánico y utilizado con fines militares desde el siglo XII, desde donde se puede observar la inmensidad de la ciudad. Para llegar a la estructura, se puede recorrer de principio a fin la llamada ‘high street’ (calle alta) que asoma por la colina, también llamada Royal Mile.

De lo que más nos llamó la atención de Edimburgo –debido a su demografía irregular- son los niveles de calles que se pueden apreciar desde cualquier ángulo; es decir, se pasea viendo paseos en el superior así como en el inferior, es simplemente una sensación de latitud curiosa.

De Edimburgo podría pasarme escribiendo varios artículos… Pero no es el tema.

Picnic en Dundee junto al mar

Picnic en Dundee junto al mar

Tras el contacto cosmopolita y la compra de una tienda de campaña, y antes de emprender rumbo hacia el norte del país, desayunamos en Kinross, donde un enorme lago nos daba los buenos días (Loch Leven). Hicimos una segunda parada en St. Andrews donde visitamos un cementerio en ruinas sobre un acantilado junto al mar, de los tantos cementerios que imperan aleatoriamente el país.

 

Después de esa costa, y de cruzar maravilladas el puente que sobrepasa la entrada de mar en Dundee, tocaba dirigirse, por fin, hacia el norte, hacia las Highlands (tierras altas en inglés). No era casualidad que la ruta atravesase las montañas del Cairngorms National Park (con un área de 4.528 km2), donde ambas disfrutamos del viaje como dos niñas en un parque de atracciones. Esas carreteras solo inspiraban ganas de conducir más (aunque fuese por el carril contrario) gracias a las increíbles vistas que nos regalaban sus montañas a ambos lados en todo momento. (Pitlorchy y Newtonmore; aldeas muy recomendadas como visita de esa ruta).

Estábamos EN las nubes ¡LITERALMENTE! Dentro de las nubes...

Estábamos EN las nubes ¡LITERALMENTE! Dentro de las nubes…

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Tras horas y horas de viaje en coche donde nadie decía nada porque bastaba con observar, llegamos al límite norte del país, donde tropezamos con otro cementerio y pequeña ciudad, Elgin, donde plantamos nuestra tienda a orillas del mar (en Lossiemouth en concreto). Por la mañana emprendimos rumbo hacia el oeste, acercándonos cada vez más al famoso Lago Ness.

Todos conocemos la misteriosa historia de este lago pero su extraña estructura quizás no tanto. (Durante el viaje no podía faltar una visita a una destilería de Whisky escocés, y de camino al lago encontramos el momento).

Buenas noches viajeros...

Buenas noches viajeros…

El Lago Ness es, para aquellos que solo lo han visto en su imaginación, una suma de 30 y pico kilómetros en línea recta que no dejan de ser acompañados por una larga carretera de dos carriles.

Antes de empezar a descender el Lago hacia el sur, hicimos una parada en un pueblo pesquero; Cromarty, en donde el mar entra mucho en la tierra y crea un canal de agua salada. Allí se decía que se veían delfines. Y a una hora en concreto se aglutinó mucha gente en la orilla, todos tapados con bufandas, gorros, guantes y anoraks de marca en pleno Agosto… y sí, vimos delfines, y la gente se emocionaba cuando se asomaban sus aletas por las olas.

Después ya empezamos a descender bordeando el largo lago (desde Inverness), camino del aeropuerto. Sin querer habíamos empezado a volver de ese viaje enigmático.

En la cima del Ben Nevis

En la cima del Ben Nevis

En el trayecto nos cruzamos con el Castillo del Lago Ness, fue una bonita parada a mitad del lago y del trayecto de carretera.

Y al final de todo, caída la noche, nos topamos con un pueblecito muy acogedor llamado Fort Augustus, situado en la punta sur del gran lago, donde muchos puentes explican la continuación de ese agua por unos canales que darán al siguiente lago, y éste al siguiente…

Cena y a dormir.

Nos despedimos del Lago Ness dejándolo a nuestras espaldas, emprendiendo rumbo hacia Fort William, donde muchos valientes acuden para practicar el descenso en bici desde su alta montaña; Ben Nevis. El Ben Nevis es la mayor elevación del Reino Unido.

La cima, a 1.345 metros, a donde llegamos gracias a un funicular y un rato andando, te regala una vista increíble de un lago y del???????????????????????????????????? pueblo.

A dos días del aeropuerto, recorrimos el llamado valle de Glen Coe donde, esta vez, muchas montañas altas y continuas como las de antes nos rodeaban amenazantemente. Amenazantemente pero verdes. Un verde alto y continuo. Casi infinito. Nos escabullimos por alguna carretera lateral que nos hizo dar con las tiendas de campaña de un grupo de familias a pie de montaña. Y unos montañistas nos preguntaron si sabíamos cuál era la ruta, y nosotras pensando ¿qué ruta? La gente solía hacer montañismo o senderismo por esa zona. Las vistas desde todos esos picos debían ser excitantes.

 

 

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Glen Coe fue la despedida de la naturaleza de Escocia. Luego llegamos a una ciudad más transitada llamada Stirling y emblema del país, donde hay la estatua al héroe nacional, William Wallace, que participó en la Primera Guerra de la Independencia de Escocia (el guapo Mel Gibson en la película de Brave Heart).

Allí, por primera vez, dormimos en un hostal y conocimos a otros viajeros que quedaban maravillados por la belleza de Escocia.

Sin mucho más, tras un último y triste trayecto de vuelta a Glasgow desde Stirling, y tras limpiar y llenar el depósito del coche, nos despedimos de ese agosto de cuento.

¿Quién iba a decir, que en semejante época de verano así, se pudiera encontrar un sitio como ese?

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