Coaching Profesional 


Ruido blanco

Sentados en el salón alrededor del crepitante fuego, prestábamos atención a lo que el abuelo nos contaba: él, en su sillón tapizado a cuadros; nosotros, con las piernas cruzadas, directamente en el suelo, algunos sobre la alfombra y otros en cojines de colores oscuros. Fuera, la lluvia caía desde unas nubes grises y algodonadas, el viento hacía chocar las gotas de lluvia contra la ventana para que no nos olvidáramos de que la tormenta continuaba. Sobre la chimenea, la colección de cajitas de la abuela, con ciervos y petirrojos pintados a mano.

-Hoy os voy a hablar sobre el ruido blanco.

Nuestra imaginación voló antes de que el abuelo pudiera empezar a hablar. Escuchar sus cuentos significaba adentrarse en otro mundo, en uno en el que no se discernía entre realidad e ilusión. ¿Qué sería el ruido blanco? Que el abuelo hablara de ello no significaba necesariamente que existiera. Él hablaba de todo: criaturas fantásticas y diminutas que habitaban en los bosques, sustancias que te hacían volver a ser un niño, descubrimientos de tierras extrañas en las que aguardaban tesoros inesperados como el chocolate…

– El ruido blanco está por todas partes, lo que pasa es que muchos no saben oírlo. Cuando sintonizáis mal una radio y no se oye nada pero a la vez se oye algo, lo que vuestros oídos perciben es ruido blanco. Pero hay muchos tipos de ruido blanco, este es solo el primero y más simple. A este podemos acceder todos.

A medida que el abuelo hablaba, fuera el cielo se abría para quedarse azul, adornado con nubes blanquecinas. El sol brillaba y nosotros aún estábamos escuchando pero ahora sentados sobre la hierba, que sin darnos cuenta nos hacía cortecitos en los tobillos y en las muñecas. El abuelo, medio recostado bajo un cerezo, nos miraba uno por uno para llenarse de nuestras caras, de nuestros gestos: atención, sorpresa, expectación, interés o curiosidad inundaban nuestros ojos mientras los pelitos blancos que adornaban sus labios y su barbilla saltaban desesperados al ritmo de sus palabras.

– Ni si quiera yo sé todos los sitios en los que se encuentra, solo algunos. Cerrad los ojos. ¿Imagináis un copo de nieve al caer del cielo sobre el edredón nevado? El ruido que produce al chocar es ruido blanco. Hay que prestar mucha atención para oírlo, es una onda constante pero muy, muy leve. El ruido blanco también vive en el batir de alas de un ángel, cuando sus plumas se agitan nerviosas, listas para comenzar a planear. Lo podemos encontrar a la hora de extender crema suave en la piel de un bebé, cuando se nos queda entre los dedos de la mano. Se produce cuando pasamos la página del libro que estamos leyendo y cuando separamos un trozo de algodón del paquete. El ruido blanco es el que hace un avión de papel al planear. Hay cosas que a simple vista no se perciben. Niños, tenéis que aprender a ver con los ojos cerrados, a oír lo que no suena y tocar lo que no existe, a saborear los momentos de felicidad, que en la lengua son más dulces que el chocolate o las natillas y a oler el perfume de lo que viene después. La felicidad es como el ruido blanco, solo hay que saber apreciarla…

 

Imagen| Algodón

RELACIONADOS